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En busca de... Marcelo di Marco, escritor y coordinador de talleres de escritura Iluminar la palabra "(...) Expresarnos por escrito es una de las actividades más difíciles, fascinantes y perturbadoras que hayamos podido inventar. (...)" Esta afirmación extraída de su libro "Taller de corte & corrección" es una pequeña hebra dentro de la urdimbre de su preocupación por escribir -en su oficio de escritor- y por guiar a muchas otras personas que asisten a sus talleres y que buscan, indagan, aman esta bella tarea de trabajar y de dar luz a la palabra. LP - Usted es escritor y coordinador de talleres de escritura. ¿Qué labor ha surgido en primer lugar y cómo ha sido su experiencia? M.D.M. - Debo decir que antes que la escritura y la coordinación de talleres apareció en mi vida la lectura, y fue una fascinación. En más de una oportunidad dije que me gustaría alguna vez poder devolverle a la literatura al menos una mínima ramita de la fronda de placer con que ella me empachó el corazón en mis primeros años. Poder salirle al cruce a la gente con el 10 % de la intensidad de un Edgar Poe, pongamos por caso, sería para mí una verdadera felicidad. Empecé, pues, sin saber lo que me esperaba -tenía once o doce años, qué incauto-, en ese camino de escritor, de cuentero no-light. Escribí cuentos de terror y suspenso... y más tarde, con la primera novia, vinieron los primeros poemas -también de terror, pero en otro sentido-. En aquella época, hace casi cuarenta años, escribir poesía era prácticamente un deporte nacional: quien más, quien menos, los adolescentes de mi generación le han dedicado poemas a la maestra, al canario, a la abuelita, al perro... Es difícil saber hoy en qué andan los chicos, porque casi todos viven muy ocupados en seguir los dictámenes de la estupidización a que se los somete de continuo; pero me alegra deslumbrarme en mis talleres, de vez en vez, con algún talentoso "tapado" que me remonta de esperanza. Volviendo a la pregunta, también en la adolescencia me dediqué a escribir brevísimos "ensayos" en los que destacaba las virtudes literarias de ciertas obras. Esos textos, auténticos antecesores de mis modestos apuntes sobre escritura, tenían un destinatario con nombre y apellido: un amigo absolutamente iletrado, a quien debido a mi espíritu proselitista yo bombardeaba con libros a discreción. Las notas eran en realidad apuntes teóricos que guiaban y facilitaban la lectura, como para que el pibe se prendiera con los libros que yo le prestaba -dato curioso: más tarde llegó a mi alma una frase de T. S. Eliot que me dio vuelta: "El crítico es aquel que hace amar el poema"-. De manera que en mis primeros garabatos ya estaban en estado embrionario los diez libros de poesía, narrativa y ensayo que vendrían después y lo que escribo ahora: cuentos fantásticos y de horror, poemas bucólicos, textos sobre escritura creativa. LP - Como escritor incursiona en la poesía y en la narrativa. ¿Se siente más cómodo con uno de los dos géneros en particular? M.D.M. - Hoy me siento más espoleado y gozosamente incómodo con la escritura de cuentos. ¡Qué género realmente desafiante! Me encanta ver a mis personajes enredarse en situaciones asfixiantes y pesadillescas, me apasiona encontrarles una salida, buscar lo más difícil de lograr en una historia: un desenlace verosímil. En eso, el cuento y la poesía se dan la mano. Así como el cuentista descubre en algún momento de su relato las señales viales que lo sacan del callejón y lo llevan a la salida del cuento, el poeta de algún modo intuye, ve, qué camino tomar para llegar a lo más difícil de lograr en un poema: un remate satisfactorio. Los dos, poeta y cuentista, crean una urdimbre de tensiones y distensiones, suman información que, en las obras logradas, alcanzan un clímax del cual es imposible volver. ¿Hay algo sexual en todo esto? Hay algo sexual en todo esto. LP - Hace más de veinte años que usted coordina los grupos antes mencionados, y sus libros "Hacer el verso" y "Taller de corte y corrección" son específicos de técnicas de escritura de prosa y poesía. ¿Qué ingredientes o elementos básicos necesita incorporar una persona que aspira a ser un escritor, ya sea profesional o no? M.D.M. - Hay tres elementos necesarios que preceden a las mencionadas técnicas. Sin ellos, ninguna actividad humana es posible. Los italianos los conocen como las 3C: Cuore, Cervello, Coglioni. Esto es, Corazón, Cerebro y Co... raje. Si se cuenta con eso, la base está. Pero hay algo por debajo de la base, los cimientos. Dos cimientos, sobre todo: el amor por la lectura y el talento que Dios haya querido entregarle a cada uno. Después vendrán los manuales. Pero sin las 3C y los correspondientes dones, ningún edificio puede construirse. LP - Con su esposa Nomi han escrito "Atreverse a escribir" y "Atreverse a corregir" también relacionados con el oficio de escritor. ¿Considera que cualquier persona que se lo proponga está en condiciones de "atreverse" a ser escritor? M.D.M. - No, de ninguna manera. Así como es muy distinto ser Licenciado en Filosofía que filósofo, una cosa es redactar bien... y otra ser escritor. La misma pregunta contiene una palabra clave, "condiciones". Hay gentes que están en condiciones de afrontar tal atrevimiento, y otras que no. O, mejor dicho, se tienen o no se tienen dichas condiciones. Artista se nace. En todo caso, el artista se forma y se perfecciona con los años. Pero es imposible formar, y mucho menos perfeccionar, lo que jamás ha nacido. Eso sí: de todos modos, vale la pena el intento. Los buenos lectores pueden intentarlo. Lectores que, al mismo tiempo, sean humildes en su tenacidad; aquellos que, sin bajar la guardia un instante, no aspiren a tremendos logros de entrada. Pero hay una triste categoría de seres que jamás podrán ser escritores. Me refiero a los no-lectores, específicamente a aquellos a quienes su soberbia y su pereza los llevan a no leer ni la página de los chistes o una receta de cocina. Parece mentira, pero al taller suelen presentarse postulantes que desconocen la felicidad de la lectura. ¿Cómo es posible pretender soñar en libertad, conquistar la escritura, alcanzar un estilo propio, cuando no se han saboreado sueños, escrituras y estilos ajenos? ¿Qué es lo que mueve a tales desdichados a intentar escribir? En el peor de los casos, en el de los ganados por el diablo, el móvil es ver su nombre en "letras de molde", como se decía antes. Pero escribir en serio es dejar el alma en cada verso, en cada línea, en cada corazón. LP - En algún momento ha dicho que "corregir no es diván ni censura" ¿en qué aspectos se basa para dicha afirmación? M.D.M. - Eso lo dije en mi libro Hacer el verso al hablar de los distintos perfiles de coordinador de taller literario. El buen coordinador sabe que corregir es ayudar al otro a explorar y explotar las máximas posibilidades expresivas del borrador que traiga al taller. Pero hay muchos coordinadores que, en lugar de tomar el toro por las astas, se pasan toda la clase "interpretando" tales borradores -diván- y/o tachándolos indiscriminadamente y sin explicar el motivo de la mutilación -censura-. Si un coordinador de taller piensa que Dios lo trajo al mundo, en tanto coordinador, para algo distinto que enseñarles a sus talleristas a mejorar sus textos, que se busque otro laburo. Ya lo dijo hace muchos años Roberto Arlt: "merma el stock de giles". Como todas las cosas que no echan raíces en la verdad, las máscaras y los pedestales levantados por la adulación y la ignorancia tienden a resquebrajarse y hacerse polvo. LP- Todos los escritores que conforman "La Abadía de Carfax" -que usted coordina- provienen de sus talleres. ¿Cuándo se reúnen o son convocados para este proyecto literario? M.D.M. - Hacia fines del 2004, cierto alumno me hizo pensar en un hecho no demasiado alejado de la realidad: es muy posible que un taller literario de casi tres décadas de funcionamiento, con un centenar de escritores formándose en él, se convierta naturalmente en un "movimiento literario" o algo por el estilo. En realidad, mi taller ya se había convertido en libros, todos aparecidos por Sudamericana: Taller de corte y corrección (1997, 1998ïï, 2006ïïï), Hacer el verso (1999) y los dos Atreverse (2002), casi mil páginas que sintetizan nuestras investigaciones desde 1979. Al principio, la idea de "movimiento" no me sedujo: sé que hay una pedagogía "personal" para cada texto y, consecuentemente, el TCYC trabaja con cada alumno como si fuese el único miembro de la institución, sin plantearle jamás una estética determinada. Pero sí hay algo, un común denominador a muchos de los integrantes de nuestros talleres: el gusto por escribir cuentos fantásticos y de horror. De manera que adapté la idea original para fundar un círculo de escritores de horror y fantasía. El nombre, La Abadía de Carfax, es un agradecido homenaje al abuelito Bram Stoker y su gran creación de Drácula. Escribiendo en el género que tanto amamos, los narradores que conforman el grupo son los mejores del taller. Y el grupo, a dos años de fundado, va estableciendo lazos que trascienden la literatura. LP - ¿Por qué el proyecto se plasma luego en un libro que fue publicado a fines del 2006? M.D.M. - Porque no hay nada mejor para un escritor que sacar a pasear a sus fantasmas públicamente. ¡Basta de cajones repletos de sueños sin concretar! Como digo a menudo: "El gomero cambia gomas, el escritor publica". El libro Cuentos de La Abadía de Carfax, preparado por Nomi Pendzik, es la primera de una serie de antologías que aparecerán anualmente por PASOBORGO, sello de elaleph.com. Ariel Mazzeo, director de nuestro periódico virtual FIN, ya está reuniendo el material para la segunda selección, que saldrá este mismo año y por el mismo sello. LP - Le pedimos una reflexión final para compartir con los lectores sobre lo que le ha dejado hasta el momento su vida ligada a las letras. M.D.M. - Contestaré citando una frase de José Antonio Primo de Rivera, quien pensó como muy pocos en el valor de la persona dentro de la organización de la sociedad: "Sólo son felices los que saben que la luz que entra por su balcón cada mañana viene a iluminar la justa tarea que les está asignada en la armonía del mundo". Miro la luz que entra por la ventana de mi estudio y le doy gracias a Dios por permitirme vivir esa dicha todos los días. Autores de "Cuentos de La Abadía de Carfax" Daniel De Leo: "Como un pozo" Federico Buccino: "Una mancha más negra que el cielo" María Taltavull: "Bajo tierra" Karina Sacerdote: "Siete cerdos tiran de un carruaje oscuro" Daniel Antokoletz Huerta: "El baile de los facones" Claudia Rodríguez: "Entre humanos" Ariel Mazzeo: "Vocación" Miguel Sardegna: "Hilos de fuego" Luis Cattenazzi: "El arte del doctor Moret" Juana Schultz: "Asuntos inmobiliarios" Pablo Forcinito: "Una amistad hecha pedazos" Matías Orta: "Algo por solucionar" Marcelo di Marco: "Élida volvió para quedarse" ![]() |
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