| |||||||||||||||||||||||||
|
|
|
|
|
La Ilíada: Relaciones peligrosas Una guerra que el genio literario de Homero incorpora para siempre en la memoria colectiva. Troya, una ciudad transformada en un escenario en el que los protagonistas se juegan por entero y apuestan a sus más fieles convicciones. ¿Cuánto hay de verdad y de ficción en esta epopeya? Lea el artículo. Entérese de las últimas novedades de un caso jamás resuelto. Cuarta nota Conflicto de intereses Es hora de transitar por una escenografía donde aparecen y se suceden - entre luces y penumbras- estatuas y grupos escultóricos bellísimos destinados a "sostener" el argumento del poema. Las divinidades y los mortales poseen una perfección en las líneas y en la expresión de sus rostros que resulta ¡escalofriante! Si tenemos en cuenta que cargan sobre sus espaldas unos 2300 años. Es lógico que nos impacten ya que serán ellos los encargados de armar el rompecabezas legendario. Cada uno ha sido sorprendido -igual que en una instantánea fotográfica- desempeñando un papel protagónico, que versos que corresponden a dicho rol o a tal accionar, brindan la información que permite comprender en que etapa estamos del relato. Precede al itinerario, un mapa antiquísimo. En éste descubrimos a Troya, la ciudad -fortaleza que a causa de un asedio y una guerra que se prolonga por una década es borrada de la faz de la tierra, pero no... de la memoria colectiva. ¿Motivos que la desencadenan? Diría, que se inicia por un conflicto de intereses, en el que no falta una pasión amorosa que enciende la mecha. Le resumo los antecedentes. París, hijo de Priamo rey de Troya es designado juez de un concurso de belleza que se las trae. En el cual participan 3 diosas. ¿El premio que otorgará la vencedora? La dorada manzana de la discordia, un "arma" muy preciada para manipular a potenciales enemigos. Las deidades se valen de la astucia para inclinar la balanza a su favor, con el fin de sobornar al joven. Atenea le ofrece el poder militar; Hera el político y Afrodita el amor de la mujer más hermosa del planeta. París, sin dudarlo siquiera, elige la última propuesta y en un abrir y cerrar de ojos, se ve envuelto en un lío fenomenal. Obvio, la dama en cuestión es la esposa de Menelao, rey de Esparta. ¡Imagine el resto! El amor prohibido entre el príncipe troyano y la espectacular Helena desata la contienda que acabará con una entera civilización. La fuga y unión de los amantes transforman a Troya en el sitio en el que convergen los ejércitos que marchan a vengar la afrenta sufrida por Menelao (si bien, existen "otras" intenciones que los impulsan a la guerra que -como puede Ud intuir- son más de origen económico que sentimental). No importa demasiado, lo real es que la fuerza de miles de soldados, intrigas y estrategias militares, se aliarán para destruir una ciudad hasta entonces, inexpugnable. En la trama surge el papel de Aquiles (en la muestra es parte de una escultura en la que desempeña la figura central, Tetis, su madre, la que al introducirlo en aguas milagrosas que lo harían invulnerable, comete un error: lo toma del talón y ese será de ahí en más, la zona perfecta para lograr herirlo de muerte. También impacta encarnando al poderoso guerrero que al desafiar a Héctor, el heredero de Priamo, en una lucha, un tanto desigual, acaba matándolo. ¿Ud. cree que la venganza termina ahí? Se equivoca. El bloqueo de la ciudad amurallada continúa por unos interminables 10 años. En esa fecha, los griegos, un día -en modo inesperado- cargan sus bártulos, queman lo que fuera el campamento y parten con sus naves, no sin dejarles antes un "obsequio" de despedida. Ud. sabe muy bien de que se trata. De un monumental caballo de madera que miraba con ojos vacíos aquellos muros y portones infranqueables. Sin embargo, para los ciudadanos los padecimientos no habían terminado. A causa del asedio, comerciar resulta una misión imposible. El hambre los acosa. Sus héroes fallecieron. Apenas los griegos desaparecen en el horizonte, los habitantes se congregan junto al caballo. La mayoría desea transportarlo al centro de la ciudad. Los más cautelosos -encabezados por el sacerdote Laocconte- prefieren quemarlo. Un lóbrego presagio flota en el aire. Laocconte para apoyar el presentimiento de un peligro inminente arroja una lanza contra el cuerpo del equino y les hace notar.¡Qué suena a hueco! Por desgracia no los convence. A una situación, por lo visto, ya tan confusa se agrega un nuevo personaje. Según él, ha conseguido huir de la flota que comanda Ulises y le ruega al rey Priamo que le diera asilo. Se llama Sinón. Logra que el monarca le conceda lo que pide. Mientras, el sacerdote desesperado, corre a la playa. Invoca al dios Poseidón, con la certeza que en Troya debe prevalecer un estado de Alerta máxima. Antes que la ayuda divina arribe, dos serpientes gigantescas asoman entre las olas. Se apoderan de él y de sus hijos. Los aprietan entre sus anillos hasta sofocarlos. Los troyanos boquiabiertos presencian la tragedia y la "interpretan" como un mensaje de los dioses ordenándoles que acepten el "regalo" de los griegos y que a la brevedad trasponga -de una buena vez- los umbrales de la ciudad amurallada. Así lo hacen. Colocando correas alrededor del cuello y rodillos bajo los cascos del caballo en un par de horas se encuentra frente al palacio real. Aquella noche, luego de las peripecias sufridas debía ser de fiesta. Los habitantes bailan. Beben hasta la humedad de las paredes y acaban todos ebrios o dormidos, menos Sinón... que frente a la esperada señal de las naves griegas que - sigilosamente regresan y están a punto de atracar, desprende las tablas que disimulan la puerta-trampa, en el costado del equino. Los soldados escondidos en el interior, igual que alpinistas, se deslizan por medio de sogas que cuelgan y tocan el pavimento. Minutos después degüellan a los centinelas y permiten la entrada del enemigo. Los griegos incendian uno a uno los edificios. Violan a las mujeres. Asesinan a los desprevenidos pobladores. Uno de los pocos que escapa a tal terrible destino es Eneas, quien al abandonar la urbe vislumbra entre las llamas a Helena. Eneas cegado por la furia quiere matarla por motivar tremenda catástrofe, pero, Afrodita le asegura su "no participación" en el caso, sino, indirectamente. El troyano acepta la justificación -la de que fue un hecho sentenciado por los dioses del Olimpo- y se encamina con su padre e hijo hacia las montañas. Allí lo aguarda un grupo de sobrevivientes que acuerdan seguirle.... pero, éste es -precisamente- el comienzo de otro poema y de otra historia. Nosotros continuamos aquí. Abrumados por tantas marchas y contramarchas. Ahogados por el humo. Con la mente en plena ebullición. Hasta aquí se multiplicaron las hipótesis, los interrogantes, y las respuestas ¿para cuándo? No se impaciente. Cada una de las incógnitas serán develadas y créame, que Ud como yo, sacudiendo la cabeza, repetiremos "casi" al unísono "La realidad, siempre, pero siempre, logra superar a la ficción....". Dra. Ana María Vottero. ![]() |
||||||||||||||||||||