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- Año 10 -
es una publicación de
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Sociales



28-02-2007

La Ilíada: Relaciones peligrosas

Martín Molinaro: intensa labor como dibujante

Intensa propuesta cultural para marzo

Filmus resaltó la recuperación de las Escuelas Técnicas

Reiniciará actividades "Rafaela Canta"

Finalizó la gira griega de Argentina Tango Folk

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Miércoles 28 de Febrero de 2007

Martín Molinaro: intensa labor como dibujante

Martín Molinaro, el creador rafaelino que últimamente nos tiene acostumbrados a sus noticias relacionadas con la actividad artística, continúa con su primigenia labor como dibujante y con una especial proyección.
Conversamos con Martín y nos refrescó algunos aspectos de su trayectoria, recordó sus comienzos y nos habló de su presente y sus proyectos.
A continuación sus respuestas.

-Además de tu obra plástica, la pintura, la performance, el video, ¿has seguido dibujando?
-Sí, desde que empecé a dibujar a los 16 años en el diario LA OPINION, con mis primeros chistes que luego se convirtieron en Matín, la tira diaria que publiqué por 8 años, jamás dejé de dibujar hasta ahora.

-¿Y cómo fue el comienzo?
-Comencé a los 16 aquí a publicar una viñeta de humor y aún recuerdo la primera vez, llegué al diario con unos 12 chistes en una carpetita y me atendió don Emilio Grande, le mostré mis cosas y le dije que era dibujante, ¡un caradura! Y me dijo que sí.
No lo podía creer y además ¡me pagaban! Debo confesar que yo venía a publicar gratis, cuando don Emilio me dijo lo que ganaría, me hice el "sota" y puse cara de "no era para menos". Y hasta me dieron un cafecito.
Recuerdo el primer día que se publicó un chiste, esperaba el diario en mi casa, toda mi familia y aún recuerdo el olor del diario, esa sensación creo que no volví a sentir jamás.
La viñeta por muchos años era un personaje llamado Camilo que cuando cobró formato de tira empezó a conversar con un mate que llamé Matín.
Finalmente Matín desplazó a Camilo y se adueñó de la tira hasta su final.

-¿Estudiaste dibujo o sos totalmente autodidacta?
-En verdad, empecé copiando dibujitos que me gustaban y todavía recuerdo que en primer año de la secundaria una profesora nos regaló a fin de año unos señaladores que tenían un perrito simpático. Yo literalmente lo copié, lo "retruché" y le cambié la orejas y lo llamé Perrobundo y era una especie de perro vagabundo que hablaba y copiaba mucho a un dibujante del diario La Nación que era americano.
Cuando terminé quinto año, por suerte tuve el apoyo incondicional de mis padres, que cuando les plantee que quería estudiar dibujo humorístico en la Escuela de Garaycochea en Bs. As. estuvieron al lado mío y teniendo en cuenta que era una decisión de seguir una carrera bastante poco tradicional, y sin el amparo de un título universitario, que me den todo el apoyo para mi fue definitorio.
Así que bueno, estuve 3 años en la escuela de Garaycochea que para mí fue profesionalizar mi línea de dibujo, encontrar identidad y crecer muchísimo. Garaycochea y Ferro, fueron quienes me dieron las pautas más claras para poder crecer.

-¿Y luego?
-Bueno, continué dibujando, tiras para LA OPINION y se amplió a otros diarios del interior de Argentina, dibujé para revistas y colaboraciones para publicaciones de humor de Buenos Aires, siempre con el Humor.
Edité una revista que se llamó La Oreja en Rafaela y pude publicar mi primer libro de humor agropecuario llamado Basta que sea.
Y luego abrí una Escuelita de dibujo humorístico, que empezó re chiquita y llegó a tener más de 40 chicos dibujando. Y es muy grato para mi, recordar mí escuela como una cosa hermosa, de ahí salieron una pila de pibes dibujantes como Claudio Volta o Leo Rossi.
Publicamos aquí en La Opinión un suplemento para chicos, por 2 años, con un nivel super profesional y todo dibujado por chiquilines de 12 a 17 años.
También tragos amargos como el de Horacito que se fue con su Purojo.
Siempre creí que mi vida sería la de ser un dibujante de humor y en parte pude serlo y vivir de eso, muchos años. Pero con los años me empecé a dar cuenta que quizás sentía que tenía mucha más fuerza en mi, el Martín que buscaba por el terreno del arte.
Y tomé decisiones importantes, que me costaron mucho.

-¿Cuáles fueron esas decisiones?
-Dejar de hacer humor diario y cerrar la escuelita de dibujo.
Un poco por cansancio, un poco porque cuando en 2001 estalló la cosa, se me abrieron puertas con el arte y me dí cuenta que ese era el camino, sucedió que en verdad cada día tenía menos ganas de hacer chistes.
Empecé a viajar cada día más y también sentí que era el momento de crecer en ese camino y decidí cerrar la escuelita y el centro cultural.
Fue justo en ese momento. Una crisis del país y una crisis personal y me daba cuenta que mis chistes tenían más de enojo y rabia que de humor y me agoté. Dibujar por 12 años, día a día una tira de humor te quema la cabeza. Así que dije basta.

-Pero no dejaste de dibujar -Claro, claro. No dejé ni un momento de dibujar, es una de las partes fundamentales de mi vida laboral en la actualidad.
De hecho con la crisis, cuando el "uno a uno" se tomaba el helicóptero y teníamos "acorraladas" las ideas, se abrieron otras puertas.
Un dibujante argentino era muy competitivo en el mercado del exterior, por la calidad del trabajo y el lógico cambio de la economía local.
Así que dije, ya, la cosa es trabajar para afuera. Estaba agotado de hacer humor, así que sólo continué trabajando para agencias de noticias como dibujante de humor rural en Argentina y empecé a mandar trabajos a agencias de publicidad, editoriales, revistas, etc, de México y España, pero como ilustrador. Y fue una respuesta inesperada, porque empecé a tener una demanda super linda de mis ilustraciones.
Así fue que pude comenzar a colaborar con revistas, editoriales y mucho en la creación de mascotas y dibujos animados, como también ilustraciones para cuentos infantiles.
Desarrollé la mascota del TEC de Monterrey, una importante universidad mexicana y pude ver cómo se hizo de mi personaje todo un merchandising que me emocionó cuando llegué a México. También desarrollé otras mascotas para empresas mexicanas e ilustré cuentos para niños en catalán para una editorial de Barcelona.

-¿Extrañas hacer humor?
-En verdad por momentos sí, a veces suceden cosas que leo en los diarios que digo Pucha che, no tener a Matín y se me vienen ideas a la cabeza.
Igualmente desarrollé unos proyectos que he publicado con humor absurdo que es toda una nueva búsqueda que me encanta. Un personaje que es un chancho existencialista y estúpido llamado Spumer.
Pero en verdad creo que no volvería a hacer humor diario, se requiere de una focalización que la tengo totalmente puesta en mi obra de arte.
Actualmente tengo algunos proyectos que si me gustaría poder concretar, como editar una colección de cuentos infantiles que escribí e ilustre y se llaman, "Cuentos para chicos de Rafaela" y algo más ambicioso de lo que tengo mucho bocetado que es poder dibujar la historia de Rafaela para que los chiquilines puedan aprenderla como leyendo un libro de historietas.
En fin, vengo cumpliendo a muchos de mis sueños y aprendí a controlar mis estados de ansiedad, así que sé que llegará.