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Jueves 1 de Marzo de 2007

En busca de... La Scala de San Telmo, protagonista

De sueños y realidades

Se trata de un reducto cultural de prestigio enclavado en el corazón del barrio de San Telmo en la ciudad de Buenos Aires, donde tanto los músicos que participan como quienes asisten a los recitales y demás propuestas, se muestran satisfechos ante la calidad y la calidez que la institución les ofrece. La lucha por la permanencia con lo que significa dedicarle tiempo y esfuerzo a lo cultural, renueva cada año la fuerza necesaria para sostener el emprendimiento. La Palabra conversó con el músico, docente y gestor cultural Eduardo Cogorno que es el director artístico.

LP - ¿Cómo surge La Scala de San Telmo?
E.C. - En el año 1993 Susana Braun de Santillán era alumna mía de canto y con un grupo de alumnos habíamos hecho algunas presentaciones en el Café Mozart y en distintos lugares donde generalmente éramos maltratados. No había una onda de respeto para el músico, era todo siempre "bueno apurensé que viene otro espectáculo...". No había camarines, no había un buen piano, es decir era todo como muy improvisado. Entonces una vez se nos ocurrió por qué no hacer un lugar que tuviera las características que nosotros pensábamos. Básicamente respeto por el músico en el sentido de la comodidad, para hacer su trabajo un camarín que es una cosa que aparentemente es obvia y debería existir pero no existe en todos los lugares, un lugar limpio donde el artista se pueda sentar, descansar, tomar un café antes de salir. Por supuesto un escenario bien equipado con buenas luces, con buen sonido, con un muy buen piano. Gerardo Gandini nos dijo que el piano de La Scala es el mejor piano que hay en Buenos Aires y más o menos sabe algo de pianos ¿no? En general para los músicos clásicos es difícil encontrar un buen piano, y con los músicos populares sucede mucho más frecuencia. Entonces con esta premisa pensamos también que tenía que haber un buen programa que no fuera una fotocopia desvaída y partiendo de esta base y con muy poca experiencia en estas lides nos largamos... Susana compró una casa en San Telmo que se la presta a la asociación. Se reacomodó esa hermosa casa del siglo XIX respetando el estilo.
Desde el punto de vista económico todo lo que hicimos está mal: hicimos un bar separado de la sala para que no hubiera ruidos que molestaran a los músicos, pero eso produce que la consumición que no es obligatoria haga que el bar no sea una fuente de ingresos para La Scala, la sala tiene capacidad para sesenta personas y eso no permite hacer una gran recaudación. Esa realidad la hemos pagado como costo, y no estamos en nuestro mejor momento económico. Es difícil de sostener, tenemos socios y algunas empresas que nos apoyan, los artistas cuando actúan colaboran económicamente. Y así hemos logrado crear un espacio que es único en Buenos Aires, del que soy director artístico desde hace catorce años. Al principio nadie conocía el lugar para asistir como público o como intérprete. Nos vimos obligados a realizar espectáculos a todo pulmón y a reclutar artistas amigos, gente conocida, para ir formando un espacio cultural. Tuve la colaboración de muchos colegas ya que tengo en esta profesión más de treinta y seis años. Pianistas de gran moda hoy y que eran muy jóvenes empezaron tocando aquí y venían con sus primeras grabaciones. Adrián Iaies que grabó su primer disco en La Scala es uno de los ejemplos que podemos mencionar. Así se fue formado el público y los músicos comenzaron a reconocer el espacio de respeto hacia ellos. Hacemos cerca de trescientas funciones por año que es una barbaridad. A veces hasta dos por día.

LP - ¿Tienen un área de proyección a la comunidad a partir de lo didáctico?
E.C. - Sí. Tenemos una serie de talleres que se hacen con el nombre de "Arte para chicos" que convoca a los de la zona de San Telmo generalmente. Se llevan a cabo en un colegio que presta las aulas y después se hace una función por mes para que los chicos vean y escuchen músicos profesionales y otras a mediados y a fin de año donde ellos actúan. Siempre se les sirve una merienda. También hay becas a través de un concurso anual dedicado al canto. Y el premio que es dinero es para pagar clases de perfeccionamiento con un maestro. Ellos eligen el profesor y nosotros se los pagamos. Muchos de esos becados hoy están cantando en Europa o cantaron en el Colón y han hecho carreras importantes.

LP - ¿Cómo abordan el tema artístico?
E.C. - Mi idea como director artístico es que toda la música si es buena tiene lugar en La Scala porque no es un lugar para el repertorio clásico únicamente. También hay funciones de teatro musical, y de teatro de prosa. La Scala está abierta a todo lo artístico en general. Hay presentación de libros, hay lectura de poemas, pero fundamentalmente es la música la que reina. No hay discriminación en cuanto al género, si hay calidad seguro que pueden actuar. Hay mucha gente que está enamorada del lugar y ya son artistas que pertenecen a una especie de elenco estable.

LP - Se destaca la importancia de la programación anual en cuanto a variedad y la forma de los ciclos que organizaron.
E.C.- Sí. Se me ocurrió que la información que enviamos a la gente lleve todo lo que se necesita para conocer lo que se va a ir a ver. Por supuesto que hay mucho espacio para la gente joven, y también para la gente consagrada que quiere hacer experiencias nuevas y aquí encuentra el ámbito apropiado para hacerlas.
Te diría que esta temporada pasada, la número catorce es el primer año donde he podido descansar de la responsabilidad de tener que inventar espectáculos para que la institución siguiera funcionando.

LP - Un hecho para destacar.
E.C. - Una de las satisfacciones más grandes en los dos últimos años es organizar el ciclo de música de cámara que se hace en la Biblioteca Nacional dos miércoles por mes con entrada libre y gratuita con el auspicio de la Fundación Szterenfeld, que se formó hace dos años a raíz del fallecimiento del Sr. Alejandro Szterenfeld que fue un representante de artistas que trajo grandes músicos al Colón y dejó un dinero importante a un grupo de amigos que hicieron una fundación para apoyar a los músicos en vez de gastárselo, cosa poco común. La fundación me propuso que organizara ese ciclo y con el dinero me permitió convocar a los mejores músicos y cantantes de la Argentina.

LP - ¿Qué esperan de La Scala en el corto plazo?
E.C. - Hay un problema que es fundamental y es el económico. Ahora parece que hay una ley de mecenazgo en la Ciudad de Buenos Aires aunque no logré entenderlo bien. Deseamos que la institución se pueda solventar por sí misma, hasta el momento tenemos ayuda de la presidenta que es la que cierra las cuentas. Que siga teniendo un desarrollo muy importante de proyección fuera de su espacio madre de San Telmo. Los últimos años hicimos ciclos importantes en el Hotel Castelar, en el Museo Sarmiento del barrio de Belgrano, y otros espacios culturales, siempre en forma gratuita. Cuando llevás a la gente cosas de muy buen nivel y gratis recibís siempre el agradecimiento del público. Reunimos entre trescientas y quinientas personas cada vez con éxito impresionante. Por lo demás el objetivo de La Scala es promover a los artistas argentinos de talento, entonces siempre aparecen artistas jóvenes que están empezando y encuentran aquí un espacio, proyección y siempre son seguidos en su desarrollo. Muchos de ellos graban también en La Scala, usan el piano y la sala, aunque no sean producciones nuestras. Así, que las expectativas siempre son conseguir apoyo y seguir desarrollándonos en la medida de lo posible, porque creo que es necesario y los músicos nos necesitan. Desgraciadamente no hay tanta colaboración, las cosas que se promocionan son las más populares, las que llegan con más facilidad a todo el mundo y son las que ocupan también más espacios en los diarios. El tema se ha ido agravando con los años, se ha perdido espacio en los medios. Y esto es complicado porque para nosotros pagar una publicidad es prácticamente prohibitivo entonces dependemos de la buena onda de los periodistas. Esto nos obliga a enviar nuestra información con correo electrónico. Y ahí estamos en la lucha...