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Sábado 10 de Marzo de 2007

En busca de... Pablo Medina - Centro de Documentación "La Nube"

Pensar y crear para la niñez

Correntino de origen, maestro de formación y gran apasionado por toda la magia que rodea al mundo de la infancia. Contador y escritor de historias.
Conoció a ilustres personalidades de la música, la literatura, el teatro, la investigación... y su mente se fue abriendo en un paradigma amplio y enriquecedor.
La Nube nació como un proyecto sencillo, pero hoy los setenta mil volúmenes de literatura infantil son sólo uno de los aspectos relevantes de esta propuesta cultural.

LP - ¿Cuándo se dieron sus primeros contactos con el arte, con la cultura?
P.M. - Nací en la ciudad de Corrientes, en el barrio del Chamamé. Me crié con Tránsito Cocomarola. Mi padre era luthier, carpintero ebanista básicamente. Cuando no tenía trabajo como ebanista se dedicaba a arreglar guitarras. Porque en la esquina estaba un Boliche que se llamaba "Media hora de suerte" y qué pasaba, que después de media hora de suerte de tomar unos vinos los muchachos se desataban. Entonces mi padre decía: "estén atentos porque alguna guitarra rota va a caer por acá". Y cuando no había guitarra para arreglar se fabricaba juguetes entonces ése es el universo de mi infancia, y mi madre que es bilingüe y habla perfectamente el guaraní con sus 91 años. Lo sigue hablando y cuenta en guaraní. Esto es suficiente para decir algo me pasó en la vida con esto, ¿no?

LP - Luego de esa infancia tan particular ¿qué sucedió?
P.M. - Después termina el magisterio y me voy a trabajar al Chaco, una zona mágica, me voy a Charata. Me nombran maestro en una región que se llama Mesón de Fierro donde había caído un famoso aerolito. Hay toda una zona mágica y estuve un par de años y termino trabajando en la toldería del Cacique Catán en Pampa Páez, chaco santiagueño unos setenta kilómetros distante de Villa Angela y allí conozco al cacique, yo tenía veintitantos años. Pasé por el servicio militar medio tiempo como digo, porque por exceso de colimbas me tocó medio año. Retomo trabajar y me meto mucho en la relación con los niños tobas, allí conozco a Luis Landriscina, a Jovita Díaz, a gente del folklore, narradores de la zona, muchos maestros de la región formoseños, correntinos, santafesinos. Ahí estaba toda la fórmula.
Vengo a Buenos Aires en el sesenta. Vengo becado a estudiar educación física. Ingreso al Instituto de Educación Física y ahí conozco todo el movimiento de la recreación y el juego. Se me suma otro elemento más. Un mundo mágico en lo fantástico de la narración, la mitología, la leyenda, los juguetes, la recreación, el tiempo libre, el juego, el campamento. Y ahí me formo con grandes nombres. Era una escuela con tendencia militar, estaba totalmente en desacuerdo pero me sirvió para venir a Buenos Aires y empezar a mirar la ciudad desde otro punto de vista.
Después que completo eso me vuelvo al Chaco y por cuestiones amorosas me vuelvo a Buenos Aires. Ingreso a trabajar al Instituto Bernasconi en el año 61 y ahí descubro todos los personajes de la literatura infantil: Germán Verdiales, Rafael Jijena Sánchez, en títeres conozco a Javier Villafañe con el que vamos a ser grandes amigos, en folklore a Augusto Raúl Cortazar, a Susana Chertrudi, es decir las personalidades más importantes. Creo que eso fue lo que me abrió el mundo ¿no? Y ahí empieza a generarse el Club de Narradores. Entonces se me suma otro elemento más. Empiezo a contar cuentos también. Me interesa toda la literatura oral. Estaba visto, esto cerraba mi futuro. Sobre esta base empiezo a reconstruir una cantidad de cosas que ya había pasado.

LP - ¿Cómo surge La Nube?
P.M. - En la década del '70 ingreso al Ministerio de Educación al Departamento de Comunicaciones, en el período del peronismo, y allí ideamos un diario para niños y empezamos a hacer publicaciones con el Departamento y con personalidades muy importantes. Hicimos programas de radio y de televisión, empezaba la televisión educativa. Después viene todo lo que ya sabemos del '75 en adelante, la caída del gobierno peronista. Quedo cesante. Sabía vender libros. Me asocio con gente conocida y abrimos La Nube en el año '75. La primera librería para niños de Buenos Aires en calle Marcelo T. de Alvear 978. Yo era el encargado de comprar y allí empecé a mirar cómo funcionaba esta cosa de libros. Compraba tres, vendía dos y me guardaba uno. Eso va a ser la base de esta biblioteca que es única en su género y tiene hoy setenta mil volúmenes.
En el año '79 la cosa se puso mucho más fea, mis socios deciden irse del país pero yo me quedo con La Nube y lo llevo a Venezuela 3031, en ese interín me voy a Colombia y Holanda y después a México donde se hace un Congreso de Literatura Infantil en Lengua Española. Ahí mi suerte está echada porque empiezo a descubrir todo el mundo del exterior.

LP - ¿En qué momento surge la idea de un centro de documentación?
P.M. - En el '80 reabro La Nube y allí empiezo con todo el proyecto de centro de documentación y biblioteca abierta. Ya nuestro patrimonio pasó a crecer muchísimo y ahí permanecemos hasta que el gobierno nos da hace 4 años este espacio donde estamos desde 2003 en calle Jorge Newbery 3537 en el límite entre los barrios Chacarita y Colegiales. Tenemos setecientos metros de un complejo cultural que tiene tres mil metros cuadrados donde va a haber un museo del juguete, un museo de arte, un centro dedicado a las ciencias, y no sabemos si un teatro, un circo o un anfiteatro donde se pudieran hacer actividades con niños y hacer capacitación con coros y títeres. Todo lo que tenga que ver con el mundo del espectáculo para niños. Es verdaderamente hacer un centro cultural donde se pueda construir todos los espacios que tengan relación con la cultura de la infancia. Esto es La Nube básicamente y acá se mudó la biblioteca con todo su complejo, con sus libros, colecciones de discos, colecciones de juguetes, títeres, videos, revistas infantiles de todo el país, libros desde las primeras ediciones. Hemos tenido la oportunidad de mostrar en la Biblioteca Nacional la colección "1880-1980 Primera exposición del libro infantil" que estará hasta marzo.

LP - Es decir La Nube es una institución que preserva la identidad cultural de los niños.
P.M. - Sí, esto es La Nube, una institución que está dedicada a preservar la producción cultural para niños en la Argentina y en América Latina. A todo viajero que va y viene le pido siempre algo de cada uno de esos países. Y eso hace que se enriquezca mucho la colección y que veamos en futuro y en perspectiva otros proyectos. Para este año estamos programando un proyecto que se va a llamar algo así como "El niño, el Mercosur y su cultura". Donde vamos a mostrar, libros, juguetes, música. Y para dentro de unos años estamos pensando en "El niño argentino del bicentenario" donde mostraríamos toda la producción cultural desde la aparición del primer payaso en 1884 hasta las primeras calesitas. Tenemos documentación, fotografías, libros, afiches. Todo este material se ha ido juntando y siempre pedimos a la gente que no tire nada, que nos avisen que nosotros lo vamos a buscar. Es otra forma de contar la historia de los argentinos.
Siempre se cuenta desde los adultos y no desde los niños, nuestro trabajo es contar la infancia desde la infancia que hoy es protagonista, hoy está presente, me parece que hoy exige el espacio y exige que se la atienda fundamentalmente.

LP - ¿Cómo se da el momento de transformar el negocio de libros en el centro de documentación?
P.M. - Lo anecdótico y original sería que es mi biblioteca privada. Y es la base de este centro de documentación. La librearía sigue subsistiendo porque nos permite seguir teniendo los pesos necesarios si hay que cambiar una luz, si hay que hacer una limpieza o un ágape por alguien porque viene mucha gente del exterior. Hemos tenido visitas de todo el mundo. Entonces esto es significativo, pasamos a ser una especie de mirador para ver la otra cara de la cultura argentina que es la infancia.

LP - ¿Qué actividades llevan a cabo además de la biblioteca y la librería?
P.M. - Fundamentalmente funciona con su Club de Libros para niños donde hay más de cuatrocientos niños lectores como socios que a su vez son partícipes de la ludoteca, hacen las dos cosas. El acceso para venir a leer es gratuito, pero para llevarse prestado libros hay que pagar una cuota muy pequeña para ambas actividades.

LP - ¿Cómo son las características de las actividades de ludoteca?
P.M. - Son juegos que están seleccionados por los especialistas que atienden la sala y que orientan. Vienen niños a jugar con sus abuelos, con sus tíos, con sus papás, con sus hermanos y se mezclan después, porque la idea es que los juegos en general, a diferencia del libro que es una cosa más íntima, permite la asociación y el juntarse con otros para compartir. Los hay para todas las edades a partir de los tres años y esto se hace todo el año. Luego durante el verano se hacen espectáculos para niños: cuenta cuentos, títeres, magos.
También trabajamos con todos los adultos que tienen interés en la infancia, o sea la biblioteca de apoyo, científica, teoría y ensayo de la literatura infantil, historia de la literatura infantil, teoría y ensayo sobre el teatro de títeres, el circo, los juegos y juguetes, el folklore, el cine, colecciones de revistas y de documentos específicos como son tesis doctorales de investigadores del país y de otros países que estuvieron trabajando.

LP - ¿Cuál es la historia de la instalación en el actual edificio?
P.M. - Fue cedido en comodato por el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires que fue aprobado en sesión unánime por la Legislatura porteña y recomendando al ejecutivo que en ese momento era el doctor Aníbal Ibarra el Jefe de Gobierno. Es la forma más conveniente y convincente de funcionar, está apareciendo en la Argentina esta modalidad donde las asociaciones civiles reciben el soporte y apoyo del Estado que generalmente le permiten más libertad al Estado porque ahí él pone los fondos y sabe que se van a usar bien.

LP - ¿Cuándo surge la relación con Javier Villafañe?
P.M. - Lo conozco en Buenos Aires en la década del sesenta cuando empecé a ser maestro en el Instituto Bernasconi. Siendo maestro de sexto grado, recuerdo que bajamos al patio a ver la función del titiritero Javier Villafañe. Creo que de ahí en más ambos nos empezamos a frecuentar y durante mucho tiempo tuvimos una gran relación. Fue como un amor a primera vista. Recuerdo que después de un tiempo me dijo: "vas a terminar escribiendo mi historia finalmente". Y así sucedió. Pero aparte yo escribí su historia y preparé los textos con un cineasta para hacer la única película donde él aparece como personaje actuando en la película. Tenemos toda la filmaciones que hay sobre él. Era un tipo de un carisma muy particular y yo estaba muy inquieto y muy deseoso de entrar a conocer su historia. Los códigos con él fueron: "traete una botella de vino" y nos sentamos a tomar y a celebrar la vida a partir de ahí. El se va en el '66 exiliado y lo pierdo. Nos carteamos cada tanto, estuvo en Ecuador y después en Venezuela se instala en la Universidad de Mérida. Y ahí crea la cátedra de títeres para los estudiantes y permanece por más de diez años. Se va a España diez años más en pareja. En el '83 con la democracia ya estaba mayor y venía planificando venirse a la Argentina. Se vuelve definitivamente en el '85 y ahí empezamos a andar juntos.
Era un ser muy querible aunque muy difícil como personalidad. Muy comunicativo, muy cariñoso. Era poeta, narrador, dramaturgo, titiritero y además un gran conversador. Era un celebrador de la palabra, un celebrador del encuentro, de la comunicación. Tenía pasión por estar hablando con la gente. Decía de sí mismo que era viejo con espíritu joven.

LP - ¿Qué nos puede decir de García Lorca en la Argentina?
P.M. - Edité un libro que para mí es muy importante que es "Lorca: un andaluz en Buenos Aires", un tema que no había sido estudiado a fondo y me tomé el trabajo de investigar los distintos lugares donde estuvo Lorca desde octubre del '33 hasta marzo del '34, pasando diez días en Uruguay a descansar.