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El invitado



Martes 20 de Marzo de 2007

El invitado

Una verdadera fiesta: XVI Feria Internacional del Libro en Cuba 2007

Marcela Sabio - Narradora Oral Escénica y Delegada de la Cátedra Iberoamericana Itinerante de N.O.E. en Argentina (I Parte)

Cuando llegar es un permanente zarpar al encuentro de otros mundos

En La Habana, atravesando la Bahía por un túnel bajo el mar, se llega, subiendo y subiendo, a la Fortaleza San Carlos de la Cabaña, el lugar donde el Che tuvo su comandancia y la primera casa que habitó en Cuba, justo al lado de donde se yergue, el Cristo de La Habana. Allí se desarrolla la XVI Feria Internacional del Libro, que este año se dedicó a Argentina, como país invitado de honor y a los poetas cubanos César López y Eduardo Torres Cuevas. Los carteles son celestes y blancos y unos tonos amarillos, evocando el sol de nuestra bandera. Nos agasajan con tangos y homenajes a Martínez Estrada y Rodolfo Walsh, al rock argentino; con reediciones de Francisco Urondo y Haroldo Conti, entre otros. El propio Comandante Raúl Castro es quien inaugura la feria, y junto al Ministro de Cultura, Abel Prieto, se dan un tiempo para llegar hasta el stand de Santa Fe y conversar.
Dos horas antes a que se dé ingreso al público, ya hay miles de personas haciendo colas para entrar a donde tendrán quizá la única oportunidad de conseguir libros para los cuales -niños y adultos- han ahorrado durante todo el año.
En nuestro stand, el de la Provincia de Santa Fe, no teníamos libros a la venta. Los, aproximadamente 250 títulos de escritores, poetas, cineastas, artistas plásticos, músicos, educadores, documentales y videos de personajes de la política y la cultura santafesina, conformaban la exposición que se complementaba con la Reproducción de la Casa Natal del Che; todo lo que al terminar la feria, fue donado a distintas instituciones cubanas. La invitación a leerlos, a ojearlos, era ya el primer llamado a zarpar, animarlos a la travesía. Pero, a veces, cuando informábamos que nos los vendíamos, alguien preguntaba: y entonces... ¿regalan algo?
"Sí -les contestaba yo-: pasajes de ida y vuelta. No hacen falta pasaportes, ni visa. Acérquense" (sonaban las primeras risas y las expresiones de asombros, como cuando se está presenciando un acto de ilusionismo). Los hacía avanzar apenas tres o cuatros pasos hacia el fondo. "Ya están, ya están aquí...Ustedes han viajado y llegado a un lugar 'del sur del sur' de nuestro continente, en tiempo récord. Como sólo se puede viajar con los sueños, con los libros, con la memoria, con las ideas. Porque ustedes, en este mismísimo momento, están pisando una calle de Argentina. (Usualmente, recién en ese momento, los presentes miraban hacia el suelo y si alguno no lo hacía, llegaba la provocación:) ¡Cuidado señora, señorita! no se le vaya a trancar su tacón entre los adoquines". Porque efectivamente, con sólo traspasar una línea de baldosas, se llegaba de Cuba a Santa Fe, a una esquina adoquinada de la ciudad de Rosario. Cuando los visitantes eran mayoría de niños, agregaba por ejemplo: "Tan fácil como cuando en el juego de la Rayuela, con una piedra, unos números escritos en el piso y unos pocos saltos, uno va de la Tierra al Cielo". Siempre alguno me corregía: "ese juego es el Pon" (así es como se llama a la Rayuela en Cuba). "Muy bien, rectifico: Tan fácil y arriesgado como viajar en Pon o en Rayuela..." Y los rostros de niños y grandes se encendían en una sonrisa de "ahora sí". ¡Listo! ¡Ahora sí! Ese era el indicio de que ya todos habíamos aceptado el desafío de aquel juego. Ya se daba ese movimiento, ese vuelco del corazón, del alma y del entendimiento, ese impulso del encuentro que nos invita a salirnos del estatismo, de lo obvio, de las herencias, de las verdades instituidas o de las certidumbres, para "hacernos a la mar", una mar de búsquedas y descubrimientos: ¡a LEER!
"Si bien el semáforo está en verde, mejor se suben a la acera para observar tranquilamente este edificio" -les decía, segura de que todos ya se consideraban parte de la aventura- y todos, hasta levantaban los pies como para subir el desnivel del cordón (que en realidad no existía en esa reproducción fotográfica, plana, adherida al piso), y pararse en la vereda de esa esquina de Rosario (calles Urquiza y Entre Ríos). "Ahora, vamos a andar juntos el mismo camino que hace casi ochenta años, hizo una mujer llamada Celia de la Serna. Venía con la barriga grande, a punto de dar a luz a..." Por lo general, alguien terminaba la frase por mí: "Al ...Che" (con la respiración contenida, o con el pecho henchido de orgullo, o con los ojos húmedos de emoción)... "Al Comandante Ednesto "Che" Guevada de la Sedna" -me sorprendió, en su media lengua, una niña de apenas cuatro años-. Y seguíamos juntos, dábamos vuelta a la esquina, y entrábamos por calle Entre Ríos, a la reproducción de la Casa Natal del Che. Una magnífica reproducción en escala uno a uno, realizada por el diseñador gráfico Javier Armentano y el fotógrafo César Arfeliz. Un bellísimo montaje fotográfico que hasta nos llamaba a salir al balcón, por una de las puertas ventanas entreabiertas, que dan a la calle Entre Ríos. La biblioteca, una mesa, las sillas, algunas camas, las fotos del Che. Alguien que se queda mudo y al cabo de un momento, cuando puede insuflarle voz a las palabras dice: "está aquí...el Che se siente aquí". Otros, los más, salen llorando, y agradeciendo: "No sé si tiene idea de lo que nos ha regalado... este viaje... apreta'o, apreta'o" (mientras hacen un gesto en el que juntan y separan varias veces los puños de las manos cerca del pecho, en señal de haberlos conmovido, de que les ha tocado de lleno el corazón). Y comienzan las preguntas: que cómo es Santa Fe, que la humedad y el asma del Che, que si el mate y la amistad, que si el río Paraná es casi tan grande como el mar... Seguimos de viaje por poemas de Julio Migno, por canciones que acompaño con la guitarra, o sonidos de charango y sonajeros de pezuñas, para contar de nuestros carnavales, y la Pachamama y algún Orisha (Eleguá, Oxún o tal vez Xangó) se ponen de acuerdo para inspirar algunas coplas, a las que los presentes responden con alguna décima. Se desgranan cuentos y leyendas, de aquí y de allá, dichos, refranes, costumbres; o busco a Pedroni, o a Mateo Booz, o a Saer, a Paco Urondo, a Birri, a Gori, o al Negro Fontanarrosa, que están ahí, como tantos santafesinos que hemos llevado con nosotros, para leerlos, para que nos ayuden en el viaje.
Uno de los tantos que hicimos -sin salirnos de los metros cuadrados que ocupaba el stand-, fue en San Valentín: "día del amor y la amistad" según los cubanos. Realmente, desde varios días antes comienzan los preparativos para hacer del 14 de febrero un verdadero tributo al amor. El primer contingente que visitó el stand ese día, fue un grupo de aproximadamente quince militares del ejército, todos con sus uniformes verde oliva y sus condecoraciones. Luego del itinerario, del intercambio, sin acartonamientos ni formalismos, el general, en fin, el que parecía tener el rango más alto, se me acercó y me dijo en medio del silencio casi sagrado de los demás: "Antes que nada, a tan bella y sabia argentina, digna representante del Che, déjeme felicitarla por el día de los enamorados, y pedirle que se tire (saque) una foto con nosotros, aquí en Rosario, para cuando volvamos a Cuba". Todos rieron, cómplices compañeros de juego. Por supuesto, nos sacamos la foto. Era el General Pardo Guerra, que había peleado codo a codo con el Che, en la columna 8. Al cabo de un momento de charla, me cuenta: "el Che, siempre destinaba tres o cuatro soldados para trasladar -en medio de la guerra, monte arriba y monte abajo- casi cuatrocientos libros de ciencias y literatura. Vivía leyendo, escribiendo y propiciando que todos nos superáramos, y para eso ¿qué mejor que la lectura? Y si se enteraba de que alguno de sus soldados era analfabeto, enseguida asignaba a algún otro que oficiara de maestro y le enseñara a leer y escribir". En ese instante, fragmentos de un poema de Raúl González Tuñón acudieron a mi memoria:

(...) Cuando haya que lanzar la pólvora
el hombre lanzará la pólvora.
Cuando haya que lanzar el libro
el hombre lanzará el libro.
De la unión de la pólvora y el libro
puede brotar la rosa más pura.
(...)
Subiré al cielo,
le pondré gatillo a la luna
y desde arriba fusilaré al mundo,
suavemente,
para que esto cambie de una vez.

20 de Marzo: Día Internacional del Narrador Oral

En el Día Internacional del Narrador Oral, la agrupación de Narradores Orales Escénicos PURO CUENTO (Santa Fe, Argentina) los invita a tomar un lugar, un momento del 20 de marzo para compartir la palabra, para conversar con otros, para escuchar y escucharse, para renovar la magia, el ritual más ancestral, vital y necesario del ser humano: Contar.
Ojalá en cada radio o televisión, en cada lugar de la educación, en cada espacio cultural, en cada lugar de trabajo, en cada familia haya tiempo para hacer vibrar, para hacer carne y voz un Cuento.

0054-342-4527141 purocuento_sf@yahoo.com.ar