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Miércoles 28 de Marzo de 2007

En busca de... Enrique Llopis, músico

La música para compartir los días

Eligió el canto para caminar el sendero de todos los días. Lo llevó dentro y fuera del país y alargó su obra compositiva hasta la poesía de los españoles. La tarea de crear canciones lo cautiva y es el juego que adoptó en su proyecto profesional. La Palabra conversó de su historia con los versos y los pentagramas.

LP . ¿Cuándo empieza la historia de la música con vos?
E.L. - Comienza en mi infancia, en mi casa, en mi barrio, cuando de niño ya tuve la oportunidad de compartir con grandes de la música popular y de integrar compañías infantiles, compañías de varieté, con las cuales recorríamos pueblo por pueblo sobre todo los de la provincia de Santa Fe, Entre Ríos, Córdoba y Buenos Aires. Ahí comenzó la historia con la música como entusiasmo de niños digamos, sin saber que años más tarde se iba a despertar una vocación tan profunda como intérprete y como compositor.

LP - ¿Coincidieron los momentos a los que le dedicaste tiempo al poema y a la guitarra o fueron distintos en tu vida?
E.L. - En realidad empecé más como intérprete porque tenía esa inquietud porque recuerdo mis primeras canciones de la adolescencia, pero también tenía por entonces una cuestión muy ligada a la autocrítica, entonces siempre estaba siendo muy exigente conmigo mismo y lo sigo siendo. Tengo una anécdota, cuando grabé mi primer disco no puse ninguna composición propia y fue Hamlet Lima Quintana quien "me obligó" porque así fue. Me hizo estrenar una canción sacando de su bolsillo la letra y obligándome a cantar esa letra en el escenario. Un compromiso que yo no podía eludir en ese momento. Y coincidentemente ese día nos habían venido a ver Los Trovadores que en ese entonces era un conjunto con una importancia fundamental, uno de los grandes de nuestra música popular. Y ellos escucharon esa canción y la incorporaron inmediatamente a su repertorio, el tema era "El antiguo". Resulta que a partir de ahí Hamlet me dijo: ¿Te diste cuenta de que tengo razón? El me veía condiciones y eso fue un aprendizaje muy importante. Le digo a los jóvenes de hoy, más allá de que la canción sea o no propia, que se jueguen con algo nuevo. Eso es fundamental. Sobre todo a una determinada edad cuando hace falta esa irreverencia permanente, que en mi caso estaba ligada a algo muy importante, haberme formado con los grandes del folklore, de la música del litoral. He escuchado a los grandes el tango en mi familia, que siempre me alentó a cantar. Y si soy cantor no es simplemente por la vocación tan profunda que siento, sino porque esa vocación fue alentada e incentivada por mi familia, por mis vecinos, por mis amigos, en el barrio de la zona sur donde a mí me conocen por el cantor.

LP - ¿Cómo se da el momento de "La Forestal" que fue muy importante en tu vida supongo?
E.L. - Empezamos a ensayarla en el año 1983, porque una vez conversando con el periodista rosarino Raúl Granados, nos dijo al músico Jorge Cánepa y a mí: "tienen que hacer La Forestal". Nosotros recordábamos la obra que era una cantata y que había hecho José Luis Bolea, un gran músico rosarino, con textos de Rafael Ielpi, basados en la obra de investigación de Gastón Gori. Pero tenía una forma que no se adaptaba mucho a lo que nosotros andábamos buscando. A tal punto que cuando hablamos con Ielpi, convocamos al actor Emilio Yensky y a Néstor Zapata en la dirección, y así surgió la posibilidad de retomar la base de lo que fue aquella cantata, pero adaptarla a una puesta que tuviera una estructura dramática distinta. Y se convirtió en un éxito que sobrepasó a todos. Me acuerdo que estuvimos en Rafaela y tuvimos que agregar funciones en el teatro. Recuerdo una velada entrañable con Remo Pignoni ese gran músico, también olvidado lamentablemente, pero con una obra tan importante que está esperando el momento justo.

LP - ¿Hay posibilidades de reeditar la obra?
E.L. - La reeditamos el año pasado. Lamentablemente no tuvimos mucha difusión en la provincia. La hicimos en Rosario y tuvimos que agregar funciones, después estuvimos en Amstrong, en varias localidades del sur, en Cañada de Gómez también. Y algunas posibilidades de hacerlas en otros lugares.

LP - El hecho de haberte dedicado tantos años a la música ¿qué grandes momentos se fueron dando en tu vida artística?
E.L. - Son etapas. Recuerdo mis primeros discos. El primer disco que grabé fue en el '75 en Rosario. Salió editado en el '76 y hubo que volver a editarlo porque se prohibieron dos canciones en aquel momento y se sacaron del disco, y tuvieron que hacer una nueva edición. Ese disco logró testimoniar de alguna manera lo que fue un gran movimiento que tuvimos en Rosario en aquellos años que se llamó "Canto Popular Rosario" encabezado por Los Trovadores, por Contracanto, con muchos músicos y poetas con los que compartíamos en aquel momento esa ilusión de lo que fue. Había grabado uno en el '72 pero nunca salió editado y ni siquiera sé dónde andará esa cinta.

LP - ¿Cuáles son tus últimos trabajos discográficos y qué objetivos tiene cada uno de ellos?
E.L.- El disco que acaba de aparecer "Juego de niños" es un trabajo con canciones en donde musicalicé nuevamente a Juan Muñíz, a Teresa Parodi y regrabé dos, una que compuse con Halmet Lima Quintana que se llama "Picaflores en el pino" y "Vendimia de la cueca" que hicimos con Armando Tejada Gómez, que fue grabada por muchos intérpretes. Están como invitados Peteco Carabajal, Orozco-Barrientos, el maestro Damián Sánchez con el Coral de las Américas. Es un disco que me gusta mucho. Hice otro disco en un homenaje a Rafael Alberti con la Orquesta Filarmónica de Praga editado en España y en Argentina. Acaban de editar uno en el exterior que se llama "Cielito del Paraguay" grabado con el Ensamble Sinfónico del Paraguay y artistas de ese país invitados. Y en el 2005 hice un disco donde reuní las canciones que compuse con Teresa Parodi.

LP - ¿Cuáles son los próximos pasos profesionales?
E.L. - Tengo dieciocho trabajos discográficos y aprendí una cosa muy importante. Empecé a trabajar con Hamlet Lima Quintana cuando tenía veinte años. En aquel momento me buscaron mucho de las compañías grabadoras y cuando Hamlet descubre esto de la composición, con el paso de los años él me dijo que su preocupación era que pudiera tentarme como intérprete y tomar por un camino de la inmediatez del éxito y descuidar la obra artística. Me decía siempre que había que apostar a las obras. Yo no tenía los elementos para analizarlo con la responsabilidad que lo analizo hoy, pero sí tenía la intuición intacta digamos y le hice caso a la intuición. Y aposté a la obra. Si el éxito viene con la obra bienvenido sea. Qué más quiere un artista que se vendan miles de sus discos, que la gente llene el Luna Park Pero siempre a partir de que sea como reafirmación de una tesis. Ese es mi objetivo, seguir componiendo, tengo muchos intérpretes jóvenes que están cantando mis canciones y eso es muy alentador. Mientras tanto nosotros seguimos llevando nuestro mensaje adonde nos soliciten. Esa es nuestra vida.

LP - La reflexión final teniendo en cuenta una vida dedicada a la música.
E.L.- Creo que cantar y componer son actos que provoca la vida ¿no? La vida provoca justamente estas cosas. Quizás a la hora del balance y más allá de los premios y de los logros obtenidos, lo que más me gusta -y lo digo en el disco- el juego que más me gusta es hacer canciones. Pero hacer canciones con los amigos, con los poetas con quienes no sólo he tenido la posibilidad de compartir la obra de creación sino fundamentalmente de compartir la vida. Eso yo creo que ya es y ha sido el premio suficiente.