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Martes 3 de Abril de 2007

En busca de... Academia Porteña del Lunfardo, protagonista

Para chamuyar y carburar el bocho...

El lunfardo enriqueció y particularizó a nuestro idioma. Las letras de tango y la cotidianidad lo resignifican.
Con una vida dedicada al periodismo y tomando las riendas de una entidad señera en el estudio e investigación de la lengua de la ciudad de Buenos Aires, don José Gobello, presidente de la Academia Porteña del Lunfardo narró sus experiencias a La Palabra.

LP - ¿Cuál es el origen de la Academia?
J.G. - Fundamos la Academia hace ya 44 años en el año 1962 con el doble propósito de ser el lenguaje coloquial, el habla de Buenos Aires y además de revalorizar la literatura popular que estaba bastante despreciada o menospreciada. El habla popular no le interesaba a los lingüistas, consideraban que eso era hablar mal, lenguaje grosero, torpe así que no se molestaban en considerarlo siquiera. Eso creaba un vacío en la investigación lingüística que nadie intentó llenar por otra parte. Los pocos que escribían sobre temas lingüísticos, el más importante en ese momento era don Avelino Herrero Mayor, denigraba tremendamente al lunfardo. Estaban en el purismo. Entonces pensamos con algunos escritores que era bueno ver de qué se trataba. No salimos a hacer la apología del lunfardo, salimos a ver cómo habla Buenos Aires, cómo habla el hombre de Buenos Aires, que sigue siendo nuestra tarea principal. Y en segundo lugar nos gustaba, nos interesaba, creíamos que tenía valores reales, cierta literatura popular como los poemas de Carlos de la Púa, las Crónicas Turfísticas de Last Reason y quisimos revalorizar diciendo esto pertenece también al patrimonio cultural del país. Todavía siguen estos prejuicios en cierta medida porque hace unos días el Secretario de Cultura de la Nación, José Nun, habló en una inauguración o celebración de Homero Manzi con motivo del centenario de su nacimiento. Y después de hablar e improvisar -me dijeron- un lindo discurso dijo que era un hombre que le interesaba mucho la cultura y eso explica por qué no escribió en lunfardo. Como si la cultura y el lunfardo fueran términos antónimos, enemigos. Le mandé una nota que espero que conteste, recordándole que también pertenece al habla de Buenos Aires y que además negar el lunfardo es negar buena parte de la literatura nacional. Es negarlo a Roberto Arlt, que la gente adora como una especie de fetiche literario no sé si justificado o no pero ahí está el fetiche. Y en el caso de este gobierno que tiene a Leopoldo Marechal como uno de sus referentes ideológicos, no se puede leer una novela de Marechal sin conocer el lunfardo.
Lo que hacemos es sin ningún subsidio oficial y siempre me gusta destacarlo porque montar y llevar adelante una organización cultural con subsidio del Estado es lindo, eso da prestigio y la plata la pone la gente. Pero aquí hay que salir todos los días como el taxista a ver cuánto le puede llevar ese día a su mujer. Todo es nuestro, no tenemos deudas, no tenemos hipotecas, tenemos el déficit que tiene toda familia de la clase media en Buenos Aires y la preocupación de cubrirlo. Pero eso nos da una enorme libertad e independencia. Todo esto es producto de la gente, la gente que nos quiere, que cree en nosotros y aporta su dinero. Ese dinero en algún momento alcanzó para comprar esto, alcanzó para remodelarlo, alcanzó para armar una biblioteca de cinco mil ejemplares que tiene un nivel de lectores de quinientos a seiscientos por año. No sé si es mucho o poco pero por ser una biblioteca especializada como es esta creo que es mucho, ¿no?
El primer presidente fue un periodista de larga trayectoria don José Barcia que había sido cronista de turf y después fue director de Noticias Gráficas y terminó su carrera como editorialista del diario La Nación y una cantidad de escritores populares, algunos famosos como Nicolás Olivari, César Tiempo, historiadores famosos como Enrique de Gandía, catedráticos como Marcos Morínigo, el único lingüista que produjo este país como Berenguer Carisomo y gente de la cultura popular, gente de tango como Carlos García, Edmundo Rivero, ejemplos de disciplina intelectual, Beba Bidart.
La obra nuestra se manifiesta principalmente en la que llamamos "Manifestaciones académicas" que son breves trabajos de investigación y a veces también de difusión de los cuales han salido mil seiscientos que están todos catalogados. Uno dice esa cantidad y parece mucho pero fueron en más de cuarenta años de labor. Considerando la escasez de recursos con que nos movemos y la imposibilidad total de hacer trabajos de campo por falta de recursos creo que está bien. Una biblioteca pública sin subsidios, hacemos actos culturales, de difusión, a veces de entretenimientos porque algo hay que darle a los vecinos que son buenos vecinos. Otras con pretensiones más culturales, mesas redondas.
Y mantenemos una relación muy activa con esas trescientas o cuatrocientas personas que todos los años pagan su cuota para que esto pueda seguir adelante, y en algunos casos conmovedoramente hay gente que está siempre dispuesta a colaborar con esta patriada. La gente recibe nuestras publicaciones por correo dentro del país. Tenemos cuarenta miembros correspondientes en el exterior, el más famoso de todos fue don Camilo Cela que había estado aquí. Cela estuvo dos veces en la Argentina, cuando llegó la primera vez La Nación le hizo un reportaje y al preguntarle del lenguaje y del lunfardo dijo "tengo un libro de Gobello" entonces lo llamé al hotel para agradecerle, le pedí una entrevista que por supuesto me la dio, vino a la academia, estuvo algunas horas charlando con nosotros, protestó porque no había café pero no importa, cosa de él, le ofrecimos ser académico y lo aceptó con mucho gusto. Al tiempo mandó a un familiar a buscar el diploma así que no había sido un sí de compromiso sino que tenía interés en la cosa. Cora Cané también fue miembro varios años y ha dejado siempre un buen recuerdo.

LP - ¿Cómo inician el trabajo de investigación cuando se forma la Academia?
J.G. - Cuando Eduardo Arolas empezó a componer, a crear tangos, porque no sabía escribir tuvo que hacerlo solo porque no había punto de referencia. Ahora pueden decir a ver el estilo de Bardi, el estilo de Arolas, hay referentes. Gardel inventa el tango sin referente ninguno, tuvo que inventarlo él, no había cómo se cantara eso espontáneamente. Y con la Academia con el Lunfardo pasó lo mismo. No había nada serio. Empecé mis trabajos por los años cincuenta no había vocabulario dialectal italiano. Dios sabe lo que me costó encontrar un diccionario genovés que lo tenía un señor Pietro Berri nunca me olvido el nombre que vivía en La Boca. Después hice una colección muy linda con ayuda de los amigos y viajando. Ahora el que quiere estudiar lunfardo aquí tiene una colección de diccionarios del mil ochocientos.

LP - ¿Allí empezaron a recopilar las palabras?
J.G. - Allí empezamos a trabajar en diccionarios. Antes se nos ocurrió hacer una antología lunfarda por eso de difundir la literatura popular. Hablo de los años cincuenta pongamos. Entonces un amigo dice "tené cuidado, yo tengo un amigo comisario, en todo caso lo vamos a ver no sea que secuestren la edición". Era una antología de cosas que se habían publicado en libros y diarios de época. Ese era el criterio que había. Entonces sacar lunfardía en esa época era un desafío.
Tuvimos que romper el miedo al comienzo. Me acuerdo que ya la Academia tenía su pequeño prestigio y un amigo mío propone a un escritor ser miembro, entonces me llama el escritor que era José Narosky, el aforista, y me dice que lo han propuesto ser académico consultándome si me perece que lo sea. Le digo que se quede tranquilo que no iba a haber ni le iba a traer ningún inconveniente.

LP - ¿Hubo algún sector de la ciudad que estuvo más identificado con el lunfardo cuando ustedes iniciaron la investigación?
J.G. - Todo fue trabajo personal de varios individuos. Lo empezamos sin saber lo que íbamos a hacer. Y ahora tenemos la Academia. Había un profesor de un colegio importante de Misiones que se entera por los diarios que se había constituido la Academia y me manda una carta muy cariñosa ofreciendo ser el primero en colaborar con nosotros y manda una lista de las palabras usadas por sus alumnos. Ese fue el primer trabajo oficial de la Academia. Lo publicamos enseguida como "Las voces escolares de Misiones" porque nuestra curiosidad es mucho más amplia.

LP - ¿Cuál es la posición de ustedes frente a la Academia Argentina de Letras?
J.G. - La Academia de Letras seguía una posición adversa a nosotros. No las figuras importantes, sino los que no eran figuras importantes. He tenido la mejor relación hecha a través del lunfardo con José Oría que fue presidente de la Academia de Letras mucho tiempo, un hombre con gran prestigio Lo invitamos a ser miembro de esta Academia, vino a la reunión fundacional dijo que no podía presidiendo otra estar en ésta pero nos acompañó siempre y ocupó nuestra tribuna.

LP - ¿Cuál es la situación actual de la entidad?
J.G. - Si bien la Academia no ha editado grandes libros, sino ha editado cosas menores ha fomentado otras cosas. Lo último que acaba de salir no es de la Academia, es de dos académicos que se llama "Diccionario del habla de Buenos Aires" ya no hablamos del lunfardo, vamos más allá del lunfardo. Yo publiqué mi "Diccionario del lunfardo" desde la Academia. Después sacamos el "Nuevo diccionario" y después el "Novísimo diccionario del lunfardo" que es ampliado.
Ahora nos pareció que había que terminar con esta milonga porque si no usted publica una palabra y se le cuestiona porque no es lunfarda, o la que se olvidó. Entonces en el habla de Buenos Aires se incluye todo lo que usa el porteño, si son palabras inglesas, japonesas, o las que sean.

LP - ¿Algún proyecto futuro?
J.G - Seguir manteniendo esta estructura, defendiéndola porque es lo básico. Esperando que sople algún viento mejor para publicar algo. Lo más importante es el acopio sistematizado de material porque la gente sabe donde ir. Antes cuando venía alguien de otro lugar y quería saber algo del lunfardo lo mandaban al departamento de policía donde siempre había algún viejo comisario que conocía el tema más o menos. Ahora lo mandan acá. Entonces queremos que esto permanezca porque éste es el referente indispensable del habla de la ciudad.

LP - ¿Cómo definiría al lunfardo?
J.G. - Es un conjunto, un repertorio de voces que el habitante de Buenos Aires utiliza en oposición a lo que le propone la lengua oficial. El origen y el nivel son diversos. Pero lo que lo caracteriza al lunfardo como a todo argot es su carácter transgresor. Su origen está en la inmigración. Cuando termina la guerra del catorce que se para la inmigración el origen ya es otra cosa. Llega el televisor y los medios contribuyen enormemente a deformar el idioma, a empobrecerlo. Ha desaparecido la palabra "cuyo" y está por desaparecer "tampoco". El uso de los verbos mejor dejémoslo. Eso se lo debemos a los medios de comunicación.