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Miércoles 2 de Mayo de 2007

En busca de... Carlos Di Fulvio, músico

El señor de la guitarra

Con la guitarra como sino y el destino del canto para desentrañar las vicisitudes de la vida, encontró en la música la mejor forma para contar al hombre desde la épica y desde la lírica. Es un referente del cancionero popular de los argentinos. Y también lo es como testimonio verdadero de conducta profesional como artista. Una vez más le dedicó a La Palabra u tiempo para conversar de algunos aspectos de su historia con el arte.

LP - ¿Cuándo es el momento para darle lugar a un nuevo disco?
C.D.F. - En mi caso, no tengo de antemano ningún método, mecanismo o vínculo que me lo exija en determinado tiempo, forma y manera; lo publico cuando creo necesario hacerlo: ya por lo novedoso del material, o nueva versión si se diera el caso de algo ya conocido, indistintamente... cuando el trabajo y el desvelo coinciden en un todo con respecto a la obra terminada.

LP - ¿Cómo llegó a sus manos la primera guitarra?
C.D.F. - Cuando niño, como herencia de Pedro, un tío paterno...

LP - ¿En qué momento definió su vida dedicada a la música?
C.D.F. - Desde ese mismo instante en que recibí la herencia arriba mencionada. Todos creían que yo jugaba, o al menos me divertía con aquel desvencijado instrumento. Ni lo uno, ni lo otro: allí se gestaba -casi sin darme cuenta- mi destino de cantor peregrino, caminante, guitarrero.

LP - ¿Qué objetivos se trazó cuando lo decidió de esa manera?
C.D.F. - Tal vez, el hecho de no gozar -para determinados círculos de la sociedad- de una buena reputación la figura del que se mostraba adicto a la guitarra, como un signo de rebeldía, hizo que enarbolara la guitarra como un arma de paz para expresar mi desacuerdo.

LP - ¿Cuáles fueron los escollos más importantes en la profesión elegida?
C.D.F. - Cuando uno se abraza a la profesión -cualquiera que esta sea- con altruismo, todo pareciera volverse escollo; pero hay uno sí, el más tremendo de todos: la mediocridad.

LP - Si tuviera que mencionar los momentos más destacados y gratos. ¿Cuáles serían?
C.D.F. - Indudablemente todo reconocimiento logrado por la tarea que uno se impuso hacer, a la vez de ser un galardón curricular, no deja de ser un bálsamo para el entusiasmo -o algo así como una "ducha" para el ego- todos en realidad son momentos gratos; y los que no lo son de origen, con el paso del tiempo, logran tal virtud en la memoria del recuerdo. Ahora bien, por más lírico o romántico que uno sea, siempre existen hitos para un antes y un después; esos hitos creo que serán los destacados.

LP - ¿Qué justificación tiene para cada obra integral que compuso?
C.D.F. - De no haber existido el motivo, la obra tampoco hubiera sido compuesta. He ahí el porqué de la "justificación".Ahora bien, de acuerdo a las exigencias del motivo que la inspira, puede que la obra logre mayor o menor cantidad de tiempo en su duración: las hay de un minuto como hasta de más de sesenta y no por eso dejan ambas de ser obras integrales ya que las dos están compuestas de música y poesía. No obstante, hay temas que exigen mayor cantidad de títulos en su análisis; partiendo desde ese punto de vista, fue que compuse en 1964 "Concierto Supersticioso" para guitarra, voces y percusión, en tres partes: I-"El sueño del brujo" ; II-"Plenilunio"; III-"La aparición del diablo"; cuyos argumentos me lo proporcionaron la lectura de unos apuntes de José Sánchez Labrador SJ., basados en las costumbres y creencias de "pampas, puelches y patagones"; donde daba detalles de quienes, por qué y cómo eran graduados los hechiceros; y fue tal la curiosidad que despertó en mí esa manera de componer que, sumado a los alicientes de los críticos más cercanos, al año siguiente, con motivo del sesquicentenario de la patria, preparé en 1965 "El Nacimiento de la Vidalita" para guitarra y cuarteto de voces, con los elementos que me proporcionara el análisis que hace J. Wilkes en su tratado de música pampeana. En 1966, Omar Buscchiazzo -hombre perspicaz y con cierta cultura adquirida en base a la relación que supo mantener con el arte en el mundo- quien se desempeñaba como representante artístico de María Luisa Anido; Eduardo Falú; y también mío, me hizo un comentario muy favorable con respecto al quehacer de su representado mayor en el género folklórico: "está grabando (por Falú) junto a Ernesto Sabato una obra poético-musical hermosísima dedicada al general Juan Lavalle;" y agregó: "¿Usted ha leído las "Memorias del general José María Paz"?... como coterráneo y representante suyo se las recomiendo... podría hacer usted con esos elementos algo muy interesante..." Y así me dejó intrigado por la curiosidad de ambas cosas. A todo esto, se dio la casualidad que ese mismo fin de semana tenía yo que actuar en la ciudad de Rosario; al día siguiente de la actuación, paseando por sus calles céntricas y admirando la arquitectura que ostenta la coqueta ciudad, encontré expuestas en las vidrieras de la Librería Ross los dos tomos que conforman dichas memorias; entrar al local y salir con ellas fue una sola cosa, más: cuando llegué de regreso a Buenos Aires ya había pergeñado la música y la letra de la primera canción en tiempo de cielito "El cielo del cordobés"; y el resto de los títulos, a medida que iba leyendo, surgían cronológicamente a la par de la vida que le tocó vivir a tan desdichado prócer. Así fue que en 1967, con el ánimo de que fuese una biografía cantada y no una loa partidaria, compuse "Canto Monumento" para canto y guitarra solista, cuarteto de voces y percusión. La repercusión que cobró el "Canto Monumento" -gracias al obstinado empeño de Hugo Guerrero Marthineitz, quien solía pasarlo por radio hasta dos y tres veces por día, cuando no más- sumado a los valores que la docencia en general le adjudicaba como elemento didáctico, y la cantidad de libros consultados que conformaron su bibliografía, fueron los elementos promotores para que en 1970 compusiera, con el mismo esquema y formato: "La Conquista del Desierto" (La gran epopeya Argentina). Esta obra no gozó del tiempo necesario para llegar a ser conocida por el público en general pues hubo generales -y no las de la ley precisamente- que por ley oculta en 1972 la prohibirían. No obstante, a más de una treintena de años en silencio, goza de buena salud y está pronta a reaparecer. Se trata del cómo y por qué llegaron allende los andes las etnias que conformaron luego el territorio pampeano-patagónico: desde la llegada de Juan Calfucura, en la época de Juan Manuel de Rosas, hasta que la aparición del Remington y el alambre pusiera en manos de algunos hombres la posibilidad de la adjudicación de las tierras que tanto entonces como ahora se suponían fiscales. En 1968 yo había realizado mi primer viaje a Europa del que se suponía volvería con experiencias artísticas -según el diagrama de Omar Buscchiazzo- tanto londinenses como parisinas. No fue así: cuando llegué a España, después de recorrer a lo largo todo Portugal, me dije: de aquí yo no me voy... Tanto es así que, durante mucho tiempo, pensé seriamente en radicarme con familia y todo en Santillana del Mar... razones hogareñas, que fueron muchas, hicieron que desistiera de tal propósito. Sin embargo, como algo nostálgico y a la vez, como quien no quiere desprenderse del todo de algo muy preciado, me quedé con la idea del "Quijote" en las alforjas del capricho: cuatro años después, en el Teatro del Libertador de la ciudad de Córdoba junto al Coro Polifónico de la Provincia de Córdoba y la Orquesta Sinfónica de Córdoba, con la dirección del maestro Mario Perini (quien también estuvo a cargo de los arreglos) en abril de 1972 estrenaba "El Camino del Quijote" para guitarra, gran orquesta, voces solistas y coro mixto. Y, a igual que la anterior, pero por distintos motivos, no tuvo la posibilidad de hacerse conocer ante otro público que no fuese el que concurrió a su estreno. Ahí está... guardada en mi "chanchito de barro"; que algún día, si aún conservo coraje, tal vez decida romperlo. Por aquel tiempo -no teniendo yo filiación a partido político alguno- se me pidió que diagramara el Departamento de Folklore dependiente de la Dirección de Actividades Artísticas de Córdoba; y posteriormente, su puesta en marcha. Una de mis intenciones, en la faz artísticas que debía ofrecer el departamento, era la creación de la "Orquesta Folklórica de Córdoba"... Razones varias, que no vienen al caso, hicieron que aquél propósito quedara trunco... Fue entonces cuando conocí a los integrantes de "Raíces Incas" y les ofrecí grabar con tales características en 1976 la Suite "Del Altiplano a la Pampa". Luego, desavenencias con la compañía grabadora hicieron que el disco no viera la luz y se archivara. Con todas esas experiencias, en el terreno de la composición, contaba yo cuando Cesar Ferreyra, un sacerdote muy amigo que se desempeñaba como cura tras las sierras, me pidió que compusiera "una de esas canciones largas..." en memoria de "su" santo... ¿Y cuál es tu santo?.. pregunté. -Brochero... para después de un momento, agregar: don José Gabriel del Rosario Brochero, "el cura gaucho". Ese fue el comienzo de lo que en 1980 se conoció como "Canto Brocheriano" en forma de cantata folklórica para guitarra y voz solista, coro mixto y orquesta de cuerdas y percusión; luego sería la obra que mayor satisfacción -en el aspecto humanitario- me ha brindado: desde la bendición papal hasta el hecho de haberme vuelto un ferviente devoto de su nombre, obra y figura. Basta con leer a don Efraín U. Biscchoff, uno de sus primeros biógrafos, para tener idea de lo titánico que fue su esfuerzo por mejorar la vida y el espíritu de aquellas criaturas que les tocó nacer en la soledad de las montañas.

LP - ¿Qué criterio tuvo en cuenta para elegir los temas del disco nuevo?
C.D.F. - Pensé que ya era tiempo, entre otras cosas de no menos importancia, de hacer conocer aquél primer intento archivado: la Suite "Del altiplano a la pampa" para guitarra y orquesta de cañas.

LP - Usted frecuentó a Atahualpa Yupanqui. ¿Qué reconoce en él? ¿Qué le brindó esa relación?
C.D.F. - ¡Hombre!... usted pregunta cosas que merecen mayor espacio para expresarse. Sintetizando, le diré que primero fue mi referente; y posteriormente, mi amigo.

LP - ¿Por qué eligió ser José Piedra Ríos para firmar sus primeros temas?
C.D.F. - Porque la compañía discográfica a la cual me presentaron para grabar mi primer disco no le tenía mucha fe que digamos a Carlos Di Fulvio como autor y compositor.

LP - ¿Cómo desarrolla su actividad en la actualidad? Proyectos, trabajos, sueños...
C.D.F. - Como siempre: alegrándome de ver la luz de un nuevo día y agradeciendo por ser temprano para poder trabajar más.

LP - ¿Qué balance hace al haber dedicado su vida al arte?
C.D.F - Diosito me ha premiado con varias virtudes. Una de ellas, creo, es de sentirme agradecido de ser lo que soy.

LP - Algo más que desee agregar.
C.D.F. - Un saludo afectuoso para usted y todos sus lectores.