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Total fracaso de los controles de precios Por Arturo Navarro (*) Nunca se puede mejorar los controles de precios profundizándolos, cambiando el sistema o controlando a otros operadores de las cadenas. Y mucho menos cambiando a un funcionario por otro: su gestión terminará igual que la de su antecesor, pero agravada por las deformaciones que se producen en el tiempo en la economía del sector y del país. La única solución para este nuevo fracaso de los controles de precios es dejar funcionar los mercados lo antes posible y sentarse entre todos a discutir las políticas de estados que necesitamos. Pensar que los precios van a bajar incentivando la demanda y limitando la producción al intervenir en el negocio empresario -como ocurre con las políticas actuales del Gobierno responsable de incentivar la inflación-, es desconocer algo más que nociones elementales de economía, es desconocer el sentido común de nuestros consumidores. En el primer trimestre de este año, el aumento del consumo de carne fue de 9,3% comparado con el mismo trimestre del 2006. Hoy estamos consumiendo 63,6 kg. -a marzo del 2007-, cifra que representa un 3,7% por encima del 2006. Mientras tanto, la producción cayó un 6% entre marzo de 2006 y marzo de 2007, con el agravante que para poder atender la mayor demanda se faenaron animales más chicos y hembras en un porcentaje que, en cualquier época que ocurrió, es un síntoma de liquidación del rodeo nacional. (Datos de la Cámara de la Industrias y Comercio de Carnes y Derivados de la República Argentina (CICCRA). Quienes insisten con estas políticas lo único que hacen es agravar el problema futuro. Si se abarata un bien en forma artificial, la carne por ejemplo -en esta o en cualquier economía- aumenta el consumo y cae la producción por falta de rentabilidad. Al mismo tiempo, no se permite una mayor participación de las carnes sustitutas para cambiar el hábito de consumo de nuestros ciudadanos. No es defendible mantener un consumo de carne subsidiario de 63,6 Kg. per cápita para 38 millones de habitantes, mientras hay argentinos que no pueden comprar carne y otros consumen muy por debajo de ese promedio. Por eso insisto en que, para encontrar una solución a este problema, es necesario elaborar un padrón nacional de los necesitados para que el Estado los asista con subsidios directos y en efectivo para comprar sus alimentos en los negocios determinados a ese fin. Pretender subsidiar a 38 millones de habitantes es desconocer la función indelegable del Estado, es renunciar a ser exportadores de carne y convertirnos en importadores si no cambiamos el hábito de consumo de nuestra sociedad. Debemos asumir que el problema se va agravar si el Gobierno cambia el control del Mercado de Liniers por la intervención del Mercado Central para que sea este referencia de precios de frutas, verduras, carnes y pescados. Siempre que el Estado intentó implantar estos controles fracasó porque van en contra del aumento de la producción, que es justamente lo que hay que hacer para corregir genuinamente el problema. El Estado tiene otras obligaciones indelegables, como transparentar la comercialización de los alimentos, asegurar la sanidad de los mismos y permitir una libre competencia en igualdad de condiciones entre todos los operadores. En ninguna parte del mundo han funcionado los mercados concentradores, y menos en nuestro país, cuando operan varios mercados y ventas directas que ha dejado de ser un mercado de referencia para los consumidores y para lo único que van a servir es para dibujar los precios del INDEC, que es lo único que le interesa al Gobierno. Seguir en este camino es promover un mayor mercado negro que va contra los intereses de toda la sociedad y el Estado deja de cumplir sus funciones indelegables como las mencionadas más arriba. La solución para la actual situación es:
El sector de ganado y carne necesita políticas previsibles y tener seguridad jurídica para invertir nuevamente en un negocio cuyo retorno de inversión supera los tres años. No es un negocio de corto plazo y no se lo debe analizar sólo desde la óptica economicista: tiene el rol estratégico por su acción geopolítica, al arraigar a la gente en el campo y en todos los rincones del país, como la mejor política para evitar la emigración a los grandes centro poblados y de esa forma poder empezar a atender las situaciones del las villas miserias y de todos sus excluidos. (*) Consultores Agropecuarios. ![]() |
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