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33ª Feria Internacional del Libro de Buenos Aires La diversidad: nuevas miradas acerca de un tema ¿conocido? por Miriam Demarchi - profesora de Letras a cargo de la Biblioteca Popular "Domingo F. Sarmiento" del Centro Empleados de Comercio "Educación sin fronteras" fue el ambicioso lema bajo el cual se desarrolló la 33ª. Feria Internacional del Libro de Buenos Aires. Desde la Biblioteca Popular "Sarmiento", del Centro Empleados de Comercio, participamos de algunas de las actividades relacionadas con la tarea educativa y con la promoción de la lectura y el libro, puesto que nuestra sala se constituye en un ámbito de referencia insoslayable para el estudio, la investigación y la recreación lectora de nuestra comunidad. Las XVII Jornadas Internacionales de Educación, en torno al eje "La diversidad: punto de partida", quedaron oficialmente inauguradas el día 16 de abril, con la presencia del Ministro de Educación de la Nación, Lic. Daniel Filmus, quien en un emotivo mensaje a favor de esta iniciativa revalorizó el poder de los libros y de la lectura, en relación con el fortalecimiento de la democracia. En sintonía con el lema que orientaba las mismas, defendió la idea de la diversidad, también y fundamentalmente, como un punto de llegada, enfatizando las posibilidades para la inclusión socio-cultural de los ciudadanos. Durante el transcurso de tres días consecutivos, argentinos de distintas provincias así como numerosos asistentes de países latinoamericanos y europeos participamos de las conferencias, paneles, talleres y ateneos que se desarrollaban en las confortables salas de la Sociedad Rural de Palermo. Naturalmente, la amplitud de la programación de las Jornadas obligaba a los participantes a la elección de actividades en horarios superpuestos, por lo que, inevitablemente, la presente exposición sólo podrá reflejar de manera parcial las experiencias recogidas. Otras miradas acerca de la diversidad Prestigiosos especialistas argentinos y españoles abordaron desde distintas ópticas y desarrollaron desde ejes diferentes la cuestión de la diversidad en la escuela, considerando el entramado sociocultural en que el tema se inserta. Desde su trayectoria de investigación y experiencia en temáticas psico-sociales y escolares los expositores nos convocan a volver a mirar y tratar de ver qué hay allí donde reconocemos que alguna situación se nos plantea como diferente, no común y, por lo tanto, nos des-acomoda, nos des-concierta, nos des-orienta... Ellos nos comprometen, entonces, a revisitar la categoría de "lo diverso", sin profundizar el desplazamiento hacia unos pocos -muchas veces prejuzgados y etiquetados- que siempre parecen ser "los otros". Entonces, -nos replanteamos- ¿quiénes son "los diversos"? ¿Cómo nos posicionamos desde nuestros roles frente a la cuestión de la diversidad? ¿Quiénes somos "nos-otros" para "los otros"? No se trata, pues, de cerrar ni clausurar posiciones, sino de abrir, descorrer el velo, mirar de nuevo. Interrogarnos, inquietarnos, permitir que se suscite una mirada diferente, inaugurar nuestro propio posicionamiento a partir del conocimiento, de la reflexión de la propia experiencia. Fundamentalmente, se trata de interrumpir algunas maneras domesticadas de observar las relaciones pedagógicas. El joven filósofo español Jorge Larrosa (1) nos propuso compartir interrogantes, incertidumbres, perplejidades en relación con el frecuentemente declamado concepto de "diversidad cultural y educación". Con enérgica elocuencia trató de ayudarnos a descubrir cierta retórica que se ha instalado en torno a la cuestión de la diversidad, lo que en su mirada obedece a cierta "sentimentalización" del discurso pedagógico. Se trata, pues, de una retórica que él llama "de la buena conciencia", la cual entronca con una ética de los buenos sentimientos e intenciones y que, con serios fundamentos, el especialista califica de cómoda e hipócrita, en tanto puede llegar al extremo de expulsar la propia realidad para construir en su lugar el "espectáculo de su representación". Indudablemente, una perspectiva semejante nos interpela en tanto responsables de tareas de mediación en las instituciones escolares y no escolares, donde promovemos la educación a partir del acceso a la lectura. La Doctora Graciela Frigerio (2), por su parte, eligió un ángulo novedoso e interesante al abordar la perspectiva de la "extranjeridad", condición que considera inherente a la naturaleza y a la educación del sujeto, puesto que no somos sin otros. Entiende positivamente "lo extranjero" como ese territorio a descubrir que nos plantea cualquier aprendizaje significativo, promovido desde la escuela, a la que reivindica apelando a la metáfora de esa calle intermedia donde puede darse el movimiento entre lo que nos resulta conocido o familiar, y aquello nuevo o extranjero por explorar. Considera a las instituciones escolares como puntos de entrecruzamiento y encuentro, un "carrefour de extranjerías". Desde allí es posible -o, al menos, debería serlo-, ofrecer la más amplia oferta de extranjeridad, lo que equivale a dar la posibilidad de que cada uno encuentre la lengua en la que mejor podamos decir algo e, incluso, decir(nos) a nosotros mismos. Para unos será el lenguaje de las matemáticas o de la economía; para otros, el de la plástica, o el de la literatura; el código de la química, la física, o bien, la biología, entre diversos sistemas semióticos. Especialmente rescatamos un señalamiento esclarecedor: el miedo de "la trampa del origen". Ingresan bajo este concepto, por consiguiente, las actitudes de etiquetamiento o condena hacia los otros por prejuicios ligados a sus raíces familiares o sociales, lo cual favorece la reproducción de la idea de un destino inexorable para algunas personas, que inhibe cualquier posibilidad de modificar los mandatos preestablecidos. En este aspecto se hace posible, justamente, revalidar la escuela como el ámbito que debería impedir el "aprisionamiento" de los sujetos en las estructuras de lo familiar. Es decir, que debería favorecer, a pesar de las limitaciones de diversa índole, las cuales devienen principalmente de su inserción en una estructura socioeconómica que la determina, la posibilidad de ampliar las perspectivas de desarrollo cultural de los estudiantes, a partir de la inclusión de todos. ¿Quiénes son nuestros alumnos y quiénes somos sus docentes? En un interesante panel, la reconocida especialista Cecilia Bixio (3) explicó cómo las nuevas tecnologías se vuelven en la actualidad, más que un soporte material, un proceso mismo a partir del cual se construyen nuevas subjetividades y, con ello, nuevos modos de relaciones sociales. La utilización de novedosos instrumentos mediadores, como el teléfono celular, el messenger y el chat, involucran nuevas operaciones del pensamiento que difieren de las que tradicionalmente hemos ejercitado en la escuela. Propone, en consecuencia, que los docentes trabajemos en el espacio sensible que se instaura entre lo deseado y lo posible, en la responsabilidad que nos cabe de construir nuevos dispositivos para habitar un mundo en cambio. Insistió en que no podremos seguir construyendo los mismos relatos dentro de la escuela, ni hacerlo del mismo modo como lo hicimos hasta ahora, puesto que han variado las condiciones objetivas de la escuela. Tampoco se trata de desechar lo antiguo sino de revalorizar lo que verdaderamente es útil actualizándolo. Agrega que, indudablemente, estamos atravesando un período de corte, de ruptura o "desacople" del orden de lo histórico, un momento fundacional. Ahora bien, ¿somos los docentes verdaderamente adultos en disponibilidad para nuestros alumnos? En este punto se asoció la escuela como objeto de una búsqueda por parte de nuestros niños y jóvenes. Especialmente al recuperar comentarios que escuchamos reiteradamente en referencia a ellos, tales como "vienen", "se sientan" o "no hacen nada", constatamos que existe "algo" que ellos esperan y, más aún, desean encontrar en ese lugar adonde concurren, lo que permite equiparar el hecho mismo de asistir a la escuela con la imagen del "turista pedagógico". Se trata, en muchos casos, de sujetos que no han construido aún la condición de estudiantes, carentes como se muestran de elementos que establezcan una filiación con lo educativo (no llevan el material, no escriben en las carpetas, no realizan las tareas asignadas, deambulan por los pasillos, etc.). Frente a esta demanda se nos reclama a los docentes no reproducir al interior de la clase la paradoja que se establece entre los rasgos de una profesión tradicionalmente vocacional e incluso pasional, y los avatares del exceso de trabajo, la insuficiente remuneración, la degradación del reconocimiento social, entre otros. Se añade a esto el reconocimiento científico de unos procesos de anhedonia (4), que pueden manifestarse a partir de la pérdida del interés del docente por aquello que habitualmente le resultaba placentero en el ejercicio de su tarea. Se reconoce, asimismo, una incapacidad para experimentar la sensación de placer en las actividades que le competen, así como una ausencia de respuesta emocional (positiva o negativa) al vivir experiencias que normalmente poseen una cualidad afectiva. Afortunadamente y pese a todo lo expuesto, despunta en medio de este complejo panorama la idea de la escuela como institución que conserva su poder subjetivante, al igual que el rol docente, más allá de los desencantos que se han venido acentuando en el tiempo. Se trata, entonces, de reconstruirlo, de reapropiarlo, de resignificarlo... Porque justamente éste es el lugar donde los chicos eligen "hacer síntoma", puesto que allí esperan encontrar la mirada o la palabra no sólo de un mayor sino, principalmente, de un adulto en disponibilidad. Surgen, naturalmente, muchos interrogantes para los cuales la única e indelegable respuesta es el desafío... (1) Jorge Larrosa es Profesor de Filosofía de la Educación (Univ. de Barcelona). Ha trabajado sobre temas de lenguaje y sus vinculaciones con la subjetividad, la pluralidad y la comunidad; así como con la lectura y la escritura, siempre en relación con planteamientos educativos. (2) Graciela Frigerio es Doctora en Educación, educadora e investigadora. Directora del Centro de Estudios Multidisciplinarios (CEM-Fundación). Directora del Programa de Doctorado en Educación (UNER). (3) Cecilia Bixio es Profesora de la Facultad de Psicología (UNR). Asesora Pedagógica de la Escuela Cooperativa Casaverde (Gral. Roca, Río Negro). Directora de la revista de educación Aula Hoy. (4)El concepto fue explicitado por Josefina Semillán Dartiguelongue, Lic. en Filosofía, quien también brindó una conferencia durante las Jornadas. ![]() |
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