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En busca de... Jorge Viñas, músico Al latir de un cogollo Una infancia feliz rodeada de música y danza en el entorno familiar. Las vivencias de una tierra pródiga en frutos y en historias de pan compartido. Los destinos de una vida dedicada al canto y a la guitarra para defender su canción cuyana. Del pasado y del presente conversamos desde La Palabra con este caballero de la tonada. LP - ¿Cuándo llega tu primera guitarra a las manos? J.V. - Yo era muy niño. Mis abuelos fueron los dueños del almacén de ramos generales de mi pueblo que es Tunuyán que es ahí donde yo absorbo toda la cultura de lo que es la tonada, la música de mi región. Y mi madre que era muy afecta, venía de Santiago del Estero de una zona que se llamaba La Costosa de La Banda para adentro. Vino muy joven después de la muerte de su madre y se radicó en Mendoza y conoce a mi padre y se casa. Por qué te hablo de esto. Pero era una persona con mucho amor por la música y la cultura. No sé, extrañamente todos los hermanos de ella eran afectos a la música, tocaban, cantaban, el que no hacía segunda voz tocaba muy bien la guitarra, y yo me crié en una familia donde todos amaban la música y la cultura musical y poética. La primera guitarra que yo tuve, una guitarra valenciana, mi madre la cambió por un traje nuevo a unos cosechadores que habían venido de la zona de Villa Dolores, unos hermanos Aguilera... y era entre niño y adolescente. En nuestra infancia debido a que nuestros padres eran muy afectos a esa movida de la parte musical y la poesía, llegamos a tener todo un núcleo de niños donde se bailaba, se cantaba, había una obra de teatro, y todo lo hacíamos en los pequeños pueblitos de los alrededores de Tunuyán. Aprendí a bailar folklore siendo muy niño gracias a que íbamos a estudiar con el señor Italo Godoy. LP - ¿Cuando recibiste la guitarra no sabías nada de ella? J.V. - No, pero como yo bailaba desde chico, tenía la gran suerte de que mis padres al estar en contacto con todo eso que representa la música y la poesía en toda la zona nuestra es un valle que es muy prolífico y es uno de los grandes productores de frutas y hortalizas del país. No solamente eso sino que hay unas vendimias magníficas, muchísima vid, la segunda productora de manzanas del país. Recuerdo que venían los famosos peones golondrina de distintos puntos del país. De ahí que todo aquel que tocara terminaba yendo a mi casa porque sabían que eran bien recibidos ya que traían música, entonces yo siempre escuché música. Lamento tanto haber sido tan chico porque conocí a algunos de los últimos carreteros, arrieros, gente que vino a parar a casa y ellos eran los que bailaban, cantaban, trasvasaban las canciones de un lugar a otro. Era algo maravilloso. Y había afinaciones de la guitarra que usaban los antiguos que algunas me las perdí por haber sido tan chico y no haberlas alcanzado aprender. Miraba mucho pero no tocaba. Un día cuando se empezaba a retirar todo eso, todo lo que había visto lo tenía grabado. Era una cosa increíble. De adolescente tomé la guitarra como autodidacta y en ese momento tuve la suerte de llegar a los mejores guitarristas que había en esa época, el Chamo Díaz y Valerio Bastías, éste todavía vive. Con el Chamo Díaz al cabo de tres años de tocar con él, ese hombre, magnífico tipo, época de la Bidú Cola, me empezó a acompañar él. Porque a Tito Francia no se podía llegar sin saber la guitarra, vos tenías que llegar cuando ya tocabas medianamente bien. Cuando quedo arrobado con el arte de la música y caigo en un estado de éxtasis a la guitarra nunca más la pude soltar, tuve que dejar la danza, entonces me presento a Tito Francia y me recibe porque mi tía era cantante profesional, Hilda Serrano. Imaginate como eran las fiestas en mi casa, mi papá tocaba la verdulera, era una familia muy interesante pero mucho respeto, mis padres, socialistas seguramente sin saberlo, criaron siete hijos adoptivos. Mi papá vendía ropa en el campo, lo hacían padrino de los muchachos para que después el padrino los tome y los haga estudiar en las escuelas del pueblo. Tito Francia de movida te tiraba la teoría de Rubertis así. Eso me ayudó para llegar a lo que era el Nuevo Cancionero en la época de los 60, y choqué con mi padre y mi familia que eran tradicionalistas. Siendo muy joven y era algo apasionante todo lo que pasaba en los años 60. Tito fue el gran maestro de nosotros. Después entro con Ecos del Ande, vamos a Chile y empezamos a grabar allá. LP - Llegás a Buenos Aires... J.V. - Llego y empiezo a trabajar en la noche de Buenos Aires porque había que comer todos los días mi amigo. Fueron años y años y años de trabajar en los distintos lugares de la noche de Buenos Aires. Y a conocer, pero después tengo la suerte de que me escucha Chacho Santa Cruz y me dice "qué lástima yo sé que no me vas a aceptar para andar conmigo de guitarrista en la gira de Docta". Le digo "a una persona como usted yo la acompañaría". Es así que estuve casi dos años con él viajando en la gira de Docta por todo el país. ¿Y sabés quién es el primero que me ofrece grabar cuando me escucha que lo estaba acompañando en los discos a Chacho? Osvaldo Requena, que era el director artístico de Microfón en esos años. Postergo esa propuesta para poder viajar y conocer el país, y al fin grabé en Phonogram cuando me lleva Américo Severini. Nunca mi familia pasó hambre y la pude mantener con mi música y pude trabajar siempre para mantenerla. Hemos pasado estrecheces pero no los hice pasar necesidad y siempre les di la posibilidad de estudiar también. LP - ¿Qué balance hacés de todos estos años dedicados a la guitarra y a la creación? J.V. - Conozco gente que está haciendo música y conozco artistas. No es cualquiera artista. Entonces hay que tener cuidado con eso. Los que realmente tienen en su corazón, en su alma y en su propósito final el dejar algo para las generaciones futuras tiene que tener muy claro que la palabra ser responsable de lo que vos estés brindándole a la gente tiene que tener algún contenido. Al menos intentar siempre producir el hecho artístico dentro de lo que es la música, la poesía o la composición. Intentar siempre estar en el buen camino, no andar como los maulas atrás del oro. Creo que la dignidad de un artista se mide en esos andariveles desgraciados de que a veces se accede a que te impongan repertorios, a que vos digas me da más plata otra música así que voy a cambiar. Puedo tocar cualquier música de mi país, pero sé que tengo que defender en forma primaria mi nacencia y la cultura de mi región, siempre he tenido presente eso. Gracias a Dios los jóvenes actualmente la tienen muy clara, hay una camada de muchachos que están sabiendo muy bien qué es lo que quieren para su carrera artística. LP - ¿Cuándo fue el momento para la composición en tu vida artística? J.V. - Eso ha sido muy accidental porque por ahí de pronto veía que había canciones que se ponían de moda en la época de la nueva ola, banales, eran sonsonetes monocordes, que reiteraban demasiado una palabra y por eso se metían. Un día para demostrarles a los muchachos del barrio compuse una canción y a los dos días la andaban cantando todos ellos, para decirles que cualquiera podía componer una canción así. ¿Pero cuál es la que va a sobrevivir?. Compuse "Allá por San Rafael" hace casi cuarenta años y en la actualidad siguen apareciendo nuevas interpretaciones, nuevas posibilidades armónicas, nuevos intérpretes, nuevas grabaciones. Ese es el objetivo: quedar en tu pueblo. Compuse "Mendoza Madre de vendimias" porque el Valle de Uco es donde yo nací y donde escuché las tonadas más maravillosas porque me asombraban ya que se hacían las fiestas en el campo y yo no resistía porque los niños nos quedábamos dormidos en las camas. En aquel tiempo bautizar a un niño se le llamaba lo van a "cristianar", un "cristianamiento" decían en el campo. Me despertaba siendo niño escuchando una tonada en la madrugada, es algo que nunca lo he podido olvidar y lo traigo profundamente dentro mío. Me asombrada eso a mí. LP - ¿Cómo te definís a vos mismo en las cuestiones de la música? J.V. - Como autodidacta he sido consecuente, me he acercado siempre a los que saben más que yo y he tenido la suerte de no tocar dos veces igual un tema. Es como un ejercicio, los compositores tenemos eso que no sé por qué nos pasa. Como tenemos la posibilidad de manejar la armonía, entonces se suscita eso. Y nos mantiene en estado para la creatividad. LP - En alguna conversación anterior me hablaste de Remo Pignoni. J.V. - ¡Me estás hablando de un académico notable! Cuando yo empiezo a hablar con los músicos, porque hay mucha gente que son académicos y son excelentísimos profesionales, entonces llego al conocimiento de Remo Pignoni y gracias a ustedes me llegan otras partituras que yo he entregado a otras personas y además, de hacerles saber de este santafesino. Ustedes que lo habrán conocido más profundamente que yo seguramente a Remo podrán decir el enorme valor de ese individuo para la cultura de nuestro país, y por supuesto más todavía para tu provincia. ![]() |
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