¡Seamos Pumas!
Fue emocionante ver cómo a esos fortachones se les inundaron los ojos
de lágrimas cuando cantaron el Himno.
Aun cuando la mayoría no conocemos casi nada de los aspectos
reglamentarios, mucho menos entonces de los técnicos y tácticos, hoy
todos somos un poco Pumas, ese conjunto de voluntades y esfuerzos que
nos están demostrando cómo debe transitarse el camino para llegar a la
victoria, sostenido en un principio básico y elemental: la unión hace
la fuerza.
Si algo faltaba para esa plena identificación que hoy los argentinos
tenemos con los Pumas, fue el instante previo al comienzo del encuentro
del domingo con Escocia -que significó el pase a las semifinales del
Mundial-, al momento de ejecutarse el Himno Nacional, el cual no sólo
fue cantado a vivaz voz, con el orgullo que significa el poder hacerlo,
sino con una emoción enorme, contagiosa, con muchos ojos de esos
fortachones que se inundaron de lágrimas.
Cuerpos enormes, de músculos de acero, pero con una sensibilidad aún
mayor que quedó expuesta ante todos, y que es -suponemos- la que
provoca la ligazón de esa inquebrantable voluntad por alcanzar un
objetivo que, a esta altura, aun cuando en el interior pretendamos un
poco más, está sobradamente alcanzado.
Mientras observamos esa tierna y emocionante escena de nuestro Himno,
como nunca antes lo habíamos visto, la imaginación nos fue trasladando
hacia otros planos. ¿Se imaginan qué país tendríamos hoy si desde
siempre hubiese prevalecido en los argentinos una mística como la
demostrada por Los Pumas?
Ese fue, justamente, el gran déficit adolecido por la Argentina,
desangrada en confrontaciones fratricidas, inmersa en una
individualidad que prevaleció por sobre los intereses comunes
desembocando en un sálvese quien pueda que siempre atentó con un
despegue que la Argentina tuvo muchísimas veces, y que sin embargo
nunca terminó de concretarse.
Canadá y Australia, dos países similares por sus características y
condiciones, construidos con la participación de inmigrantes, partieron
junto a la Argentina en un momento parecido de la historia. Hoy, nos
han sacado una enorme ventaja, pues mientras ellos se organizaron,
trabajaron por el progreso con sentido colectivo, aquí en cambio
quedamos en las interminables disputas donde la opción elegida fue
siempre el anti que el pro.
Muchísimas fueron las oportunidades que resignó la Argentina en su
corta historia, cayendo de frustración en frustración. Hoy tenemos un
escenario similar al de otras veces, pues las condiciones
internacionales nos vienen favoreciendo generosamente desde hace
algunos años, y aun cuando ahora llevamos el lastre de la deuda que
antes no nos asfixiaba, igualmente tenemos la ocasión de un despegue
que sin embargo no termina de concretarse.
Ojalá llegue el día en que todos seamos Pumas, aprendiendo de ellos
para imbuirnos de esa generosidad colectiva, de esa voluntad
inquebrantable por el esfuerzo, combinando la fuerza y el espíritu,
sabiendo que el éxito de todos es el triunfo de cada uno. Es cierto, si
este ejemplo Puma logra transmitirse, todos habremos dado un gigantesco
paso hacia adelante, siendo muy probable que la Argentina distinta, la
del despegue definitivo, esa que seguramente fue soñada por San Martín,
Belgrano, Alberdi y Sarmiento, la tengamos ahí nomás, mucho más cerca.
Roberto J. Actis
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09-10-2007

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