Extraña mezcla
El domingo pasado, con las elecciones a una semana y como tema poco
menos que ineludible, hacíamos referencia a la "desorientación"
existente en el electorado en ese momento. No como una sintonía
generalizada, mucho menos decisiva, pero sí indicativa de ciertas
características que rodean estos comicios -que finalmente tendremos
hoy-, y que no se dieron en otras ocasiones de elegirse nada menos que
presidente de la Nación, la máxima instancia que tenemos con el
sufragio.
Decíamos entonces sobre la desorientación existente en buena parte de
la gente -al menos de esta ciudad-, a lo cual agregábamos el
calificativo de "indiferencia", lográndose de tal forma una mezcla que
inevitablemente desemboca en un desinterés notable. Una situación que
ahora, casi frente a las urnas, no se ha modificado demasiado.
Pueden ser muchas las causas, una de ellas que se descuente de antemano
el resultado, restándole así el nivel de competencia que es el mayor
elemento generador de expectativa. Por eso mismo, desde algunos
sectores trató de instalarse como alternativa posible el alcanzar la
segunda vuelta.
Pero tal vez la principal, la extraña mezcla que se ha dado con esta
telaraña de alianzas, frentes, coaliciones que alcanza tanto a partidos
como a candidatos. Todos los colores están mezclados, ya no hay más
identidades, estamos frente a una inmensa borocoteada.
Estamos en veda y como tal la respetamos, sin menciones de nombres,
encuestas, sondeos, ni presunciones que podrían malinterpretarse.
Aunque tanta prevención pueda ir a contramano de muchos que, aún
teniendo responsabilidad y participación en las elecciones, desoyen
esta disposición -es cierto, estamos prejuzgando, pero antecedentes hay
tantos que justifica la sospecha que podría volver a ocurrir esta vez-,
como suele hacerse con tantas leyes en nuestro país. Incluso con el
vapuleo que muchas veces se le ha dado a la mismísima Constitución, la
madre de todas las leyes.
Quizás esta desorientación e indiferencia, hubiesen podido en buena
medida desalojarse en parte con el debate, el cual brilló por su
ausencia. No existió confrontación y por lo tanto no hubo chance de
esclarecimiento, pues como suelen decir los chicos cada uno de los
candidatos "hizo la suya". Aunque más no sea, nos hubiésemos enterado
de dónde está cada uno parado en este momento.
Algunos pocos fogonazos sin demasiado sustento, ciertas cuestiones
personalizadas en lo físico que no tienen absolutamente nada que ver
con el intelecto y que como argumento para usar en una campaña es un
menosprecio de la inteligencia del electorado. Muy poco de propuestas,
ya que estuvieron siempre focalizadas en el problema coyuntural, el
momentáneo, buscando sólo el mayor nivel de impacto en la gente. Llegar
a hablar del altísimo precio del tomate o de la papa como argumento en
una elección presidencial, suena a burla. Pero ocurrió y tenemos hoy
frente a nosotros los protagonistas.
Pero bueno, no pasemos más allá de la línea de la veda. Sí en cambio
pueden abordarse estos aspectos generales, que no hacen a la cuestión
de manera tal para adjudicarse alguna influencia en el camino de
potenciales indecisos, que seguramente aún en estas horas deben seguir
contándose por números bastante voluminosos.
Lo que sí podemos decir, por ejemplo, es que otra de las señales que
deja esta elección como consecuencia, es una clara profundización en el
distanciamiento que hay entre la clase política y la ciudadanía. La
mediatización -aún a riesgo de tener que enfrentarse a tribunas no del
todo favorables- le fue restando calor popular a las elecciones. Al
punto que seguramente, esta de hoy, es la más despojada de esa
característica en los últimos 24 años, desde el retorno al sistema
democrático, que aún con avances y retrocesos, continúa afianzándose
con el paso del tiempo, como corresponde.
En definitiva, de tener que elegir una definición que conjugue
desinterés, indiferencia y desorientación, recurrimos a apatía. Eso es
justamente lo que prevalece en muchos de los ciudadanos. Quizás por no
sentirse debidamente representados frente a una maraña de alianzas y
coaliciones donde, poco menos, todos compiten con todos. Gajos del
mismo tronco que por algo de poder no trepiden en aliarse con los que
antes eran los más acérrimos adversarios.
Pero bueno, esta parece ser la nueva política que tenemos, y que nos
espera en el futuro. Con muchos domadores de camisetas.
Roberto J. Actis
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28-10-2007

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