Acerca de la salud
Ciega de amor
Delia no conoce a su padre, sólo sabe que vive desde hace años, en el
norte del país. A su madre la veía todos los meses, cuando venía a
visitarlos, a su hermano y a ella. Pero las visitas se fueron
espaciando: por el trabajo, por los imprevistos económicos, por algún
problema de salud. La última vez que la vieron, les había prometido que
acudiría a los cumpleaños, si todo salía bien. Desde entonces ya habían
pasado tres años y apenas tres visitas. Delia y su hermano vivían con
su abuela materna desde que podían acordarse, cuando su madre aún no se
establecía en Buenos Aires. Desde que ella tomó esa decisión, una caja
de útiles, una vez al año, era toda la ayuda que la abuela recibía para
la educación de los chicos. Los últimos tres años, ni siquiera eso.
Delia tiene 14 años, y como casi todos los de su edad, se siente sola,
incomprendida y ansiosa de hacer muchas cosas, pero no sabe cómo,
cuándo, ni quién la acompañará en el intento. Pero ahora, en este
momento, Delia sólo quiere dejar de existir. La abuela, que tiene como
posesión más valiosa a sus nietos y el bienestar de los mismos, ha
prohibido a Delia que salga con ese muchacho mayor. La abuela no sabe
demasiado de él, es nada más que intuición, algo que no podría explicar. Lo
que ignora la abuela es que ese muchacho, que hace suspirar a
Delia, estaba de paso por Rafaela y ya viajó al norte, en un camión de
carga, luego de haberla embarazado.
Y por eso Delia, ciega de amor, o de odio, revuelve el cajón de los
medicamentos de la abuela y elige un envase completo. La leyenda,
"Furosemida" es lo mismo que cualquier otra, lo que la decide es la
cantidad. Rápida e ininterrumpidamente consume los diez comprimidos. La
medicación, un diurético potente, empieza a hacer sus efectos en el
estómago, aumentando la acidez al punto de producir dolor, náusea y
vómito. Por otra parte, prosigue su accionar y pasa a la corriente
sanguínea, circula por su organismo y al llegar a la corteza renal
condiciona una mayor producción de orina, en cantidad abrumadora,
dependiendo de la dosis. La orina se lleva cantidades excesivas de
sodio y potasio, minerales con múltiples funciones en los músculos, en
las vísceras, en el cerebro.
El vómito y la cantidad desproporcionada de orina deshidratan a Delia,
que no sale del baño durante una hora. Con su último aliento (pues la
pérdida de sodio y potasio producen debilidad muscular severa) llega a
la cama y se abandona a un pesado sueño, buscando el fin. La abuela
está segura de que le pasa algo malo porque Delia no responde. Además,
observa restos de vómito y la cama empapada. Con angustia y desesperación consigue llevarla hasta la guardia.
-¿Qué te pasó?-, pregunta el médico de guardia.
-Tomé pastillas.
-¿Sabés para qué son?
-No, yo me quería morir, ¡ay, tengo un calambre!.
Una de las manifestaciones de la pérdida de potasio es la presencia de
contracturas musculares dolorosas, principalmente en las piernas. Delia
fue internada con un tratamiento de reposición de sodio y potasio,
además de la indicación de ser evaluada y controlada por el psiquiatra.
Se va de ti mi cuerpo gota a gota
se va mi cara en un óleo sordo;
se van mis manos en un azogue suelto
se van mis pies en dos tiempos de polvo.
Gabriela Mistral
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