Los servicios y su peor miedo: el verano
Entre los meses de marzo y octubre de este año no hubo demasiados
inconvenientes, pero se sabía de antemano que la situación no iba a ser
traumática, en virtud de que las condiciones climáticas serían
benignas. En cambio, la época que abarca el cierre de la primavera y todo el
verano se anticipa como complicada en cuanto a los servicios, en
especial lo que refiere a los suministros de agua potable y energía.
Acostumbrados a la falta de presión y a los cortes de electricidad no
programados, los rafaelinos están por estas horas jugando una especie
de Quini 6, tratando de adivinar cuál será la suerte que le deparará
esta temporada. Claro que los anticipos no se hicieron esperar,
facilitando de algún modo la confección del triste pronóstico.
No pocos fueron los vecinos que, en las últimas semanas, se quedaron
sin agua o bien padecieron la falta de presión en algún momento de una
jornada. Es evidente que el calor ha comenzado a sentirse, provocando a
su vez un aumento en el consumo del vital elemento, pero si este es el
panorama que se vive a un mes de terminar el año, no sería extraño
volver a encontrarnos en los primeros meses de 2008 con una situación
caótica, tal como las experimentadas en los últimos veranos.
La fría estadística dice que la demanda rafaelina en los momentos
"pico" de consumo, es decir cuando se producen altas temperaturas,
ronda los 1.400 metros cúbicos por hora. Y que como el agua que
proviene del acueducto de Esperanza lo hace a razón de 1.230 m3/hora,
el déficit se ubica en torno a los 200 m3/hora. Sin embargo, desde ASSA
expresan optimismo respecto de la planta de ósmosis inversa, que
entregaría unos 230 metros cúbicos por hora y permitiría quedar cerca
de cubrir los requerimientos de la ciudadanía.
Claro que esos números, inamovibles al menos hasta que se construya y
ponga en marcha el acueducto Norte -será la solución definitiva; el
Gobierno de Binner prometió revisar los pliegos de la licitación de la
obra en el corto plazo-, no contemplan el incesante crecimiento demográfico y urbanístico de Rafaela, que en el último tiempo ha incrementado notablemente tanto su población como sus áreas residenciales. Por
lo tanto, el problema a corto y mediano plazo es todavía mayor.
No es mucho mejor el paisaje que rodea al servicio de energía eléctrica. El pasado miércoles, en una visita a esta ciudad con motivo de la
inauguración de la Estación Transformadora Sur, el titular del Directorio de la Empresa Provincial de la Energía aseguró que, más allá de las
mejoras que evidenciará el sistema, habrá cortes durante el verano.
"Cortes va a haber siempre, pero lo que yo garantizo es que todo va a
ser mucho menos grave y menos riesgoso de lo que era hace dos años
atrás cuando empezaron los veranos locos y la incidencia de demanda"
reconoció Luis El Halli Obeid. Las palabras de la máxima autoridad de
la EPE, que deberían servir para tranquilizar a la ciudadanía, perdieron algo de fuerza apenas un día después de haber sido pronunciadas, ya
que el jueves por la tarde una parte importante de Rafaela quedó a
oscuras durante un período considerable.
Es cierto que el fuerte crecimiento de la demanda, a raíz del mejoramiento de la situación económica, han puesto en aprietos a las empresas
que brindan servicios como el energético. Tan cierto como que esas
mismas empresas han hecho muy poco por apuntalar ese mayor bienestar
social con obras que faciliten un eficaz y adecuado abastecimiento. A
excepción de la mencionada Estación Transformadora Sur, que estuvo
"colgada" durante muchos años, la EPE no realizó obras de magnitud como
para mejorar sustancialmente la realidad rafaelina en materia de
electricidad. En esta falta de inversión quizás tenga algo que ver el
gran rojo que muestran desde hace tiempos las finanzas de la compañía.
Muy lejos de las grandes e incumplidas promesas políticas de los
últimos años, en pleno siglo XXI los rafaelinos atravesarán, casi con
seguridad, un verano complicado en cuanto a los servicios de agua
potable y electricidad. Apelar, desde la certeza de estar ante una
crisis, a un mayor ahorro, y sacar del baúl algunas viejas estrategias,
como el clásico bombeador, serán opciones sumamente válidas para paliar
las dificultades que sobrevendrán.
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