Elsa y José
José tiene 76 años y está internado en terapia intensiva. Desde que
ingresó, proveniente del quirófano, donde fue sometido a una cirugía
laríngea, ha permanecido semisentado, con los ojos cerrados. Despierto,
pero indiferente a todo lo que le rodea, responde con movimientos de
cabeza a preguntas simples: ¿le duele algo?, ¿le falta el aire?. José
nunca pensó, ni hubiera querido jamás, estar en esta sala. Ahora,
quiere que el tiempo corra, que transcurra pronto para no darse cuenta.
Hace pocos meses, llevaba una tranquila vida de jubilado, junto a su
esposa de toda la vida, su fiel compañera a la que también había
correspondido con una fidelidad intachable.
Lo que en un principio pareció una tos sin importancia, lo llevó a
consultar cuando luego de un mes no mejoraba. Después de varios
tratamientos y diversos estudios, uno de ellos evidenció el origen de
todo: un cáncer de laringe.
El grado de desarrollo de su patología permitió efectuar una cirugía
que, en principio detuvo el crecimiento anormal, pero no una de las
complicaciones: una fístula hacia el esófago. Un mes después de la
extirpación del tumor, luego de infecciones respiratorias repetidas, se
diagnosticó la comunicación anormal, responsable del pasaje de
alimentos a la vía respiratoria. Se programó entonces la corrección
quirúrgica.
Cuando se planteó a José y a su esposa la posibilidad de un control
postoperatorio en terapia intensiva, ambos lo rechazaron inicialmente,
aunque luego lo aceptaron sólo en caso de fuerza mayor. Durante el
procedimiento, lamentablemente se detectó un nivel bajo de oxígeno en
la sangre de José, por lo que debió ser trasladado a donde no deseaba
ir.
En el rostro de Elsa, su mujer, además de los años, están grabados los
sufrimientos que ha acarreado la enfermedad de José. Ella ha esperado
el fin de la cirugía y se levantó de golpe cuando vio que llevaban la
camilla a terapia intensiva. Cuando solicitó verlo, le expliqué la
necesidad de evaluarlo primero, lo entendió y quedó allí, celosa
centinela.
Veinte minutos después, Elsa entra. Nerviosamente se acerca y le da un
suave beso en la boca. José abre los ojos y sonríe ante los labios
conocidos, tomándole la mano en silencio. Así permanecen varios
minutos, ajenos a todo. No saben cuánto tiempo les resta, sólo que
estarán juntos.
Dicho para ti todo sólo en tu vida vive
Y sólo tuyo soy y sólo tú eres tú.
Tomás Segovia.
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