La Argentina y los problemas ecológicos
Un necesario balance de la situación ambiental
Finalizando casi este 2007 podríamos asegurar que la Argentina del 3°
milenio se enfrenta a problemas ambientales diversos, tanto en magnitud
como en escala. Debemos hacer un balance con respecto a esta temática,
para saber si es posible responder al desafío.
Durante el siglo pasado la Argentina, un país de tradición agropecuaria, vivió un proceso de creciente industrialización y concentración de
su población en ciudades. Pero los problemas asociados con el crecimiento de estas urbes en varios millones de habitantes (Buenos Aires,
Rosario, Córdoba, Mar del Plata, La Plata, etc), no suele tenerse en
cuenta. Nuestras ciudades han funcionado (como en la mayoría de las
ciudades del mundo) como verdaderas aspiradoras de materia y energía:
al principio agotaron los ecosistemas cercanos y más tarde, se lanzaron
a extraer los recursos de los más alejados. Este proceso sin control ha
dejado a varias regiones ecológicas a punto de extinguirse, como es el
caso del Pastizal Pampeano y del Espinal. En cuanto a los problemas
internos de las ciudades, tenemos la contaminación del aire y del agua,
que, junto con la basura y los elevados niveles de ruidos, resultan
preocupaciones crecientes. Afortunadamente existe el ejemplo del
esfuerzo realizado por algunas ciudades pequeñas y medianas como
Trenque Lauquen, San Martín de los Andes, Bariloche y Mendoza, para
atacar problemas que parecen siempre pendientes, como el reciclado de
residuos y el tratamiento de efluentes.
Otro de los grandes problemas que comenzó a gestarse en el siglo XX y
que hoy se hace más severo, es el relacionado con el consumo y la
distribución del agua potable. Los porteños, por ejemplo, consumen 6
veces más agua que los habitantes de pequeñas poblaciones del norte.
Agregado a esto aparece el tema de la presión de agua, las napas
acuíferas, los efluentes cloacales e industriales y también la desaparición de ríos o cauces de aguas naturales. Considero que los argentinos
nos encontramos en una etapa muy primitiva en cuanto a la distribución
y manejo del agua. El problema energético no es un tema menor; ya lo
estableció nuestra flamante Presidenta cuando asumió, haciendo referencia a que la situación energética representaría un gran desafío para
los argentinos; y para el mundo entero, agregaría de mi parte.
En cuanto al avance de la erosión, en un principio la explotación
agropecuaria no respetó los límites que impone el recurso natural
suelo. Así se fueron perdiendo desde el siglo pasado 8 de los 20
centímetros de la capa de humus, situación que se agrava aún más con la
producción sojera. Intimamente relacionado con esta cuestión aparece el
abusivo uso de agroquímicos.
Una pérdida ambiental argentina de importancia es la desaparición de su
superficie forestal. Dos tercios de esta sucumbieron bajo el hacha, la
motosierra y el fuego en los últimos 70 años. De los 106 millones de
hectáreas contabilizadas a principios del siglo XX hoy sólo quedan
alrededor de 30 millones. Las regiones más afectadas fueron El Espinal,
El Chaco, la Selva Paranaense o Misionera, el Delta del Paraná, las
Yungas y los Bosques Andinos-Patagónicos. Todo esto fue provocado por
la falta de normas y pautas forestales que integran con coherencia la
explotación de especies exóticas con las nativas, así como con la
conservación y el manejo sustentable de los recursos forestales.
La sobreexplotación pesquera es otro de los problemas que han surgido
en las últimas décadas. Culpa en algunos casos de acuerdos poco
responsables con flotas extranjeras, como el que se realizó con la
Unión Europea y que derivó en el colapso de la merluza, o, en otros, de
la búsqueda de rentabilidad a corto plazo por parte de las flotas
locales. No obstante, la pesca responsable es posible. Puede conservar
el recurso, evitar el desempleo y proteger a algunas especies, como por
ejemplo, los delfines.
Al comienzo de la nota hablé de desafío, con esto hago referencia a
que debemos por una parte, lograr que el estado priorice las políticas
ambientales y por otra, establecer mecanismos y proyectos para generar
concientización en los ciudadanos, incorporando además actividades
ambientalistas en planes educativos oficiales. Es necesario que se
aprueben proyectos, no sólo teniendo en cuenta la rentabilidad económica, sino considerando también el impacto ambiental que estos problemas
generan, priorizando la calidad de vida de nuestras sociedades; pues
tarde o temprano, todos los habitantes de esta Nación nos veremos
gravemente afectados.
Graciela Maubé de Grisolía
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