De aviones, líneas aéreas y pilotos
Sr. Director:
De un tiempo a esta parte, la Aviación es continua noticia de los
diarios: "el avión presidencial volvió a fallar en pleno vuelo". En
efecto el Tango 01 tuvo un nuevo desperfecto en un viaje que transportaba a la familia Kirchner de Río Gallegos a Buenos Aires. El avión
sufrió una falla en su turbina derecha en pleno vuelo, que lo abligó a
efectuar un aterrizaje que, si bien no fue peligroso, no fue nada
cómodo.
Ya esta nave había sido reparada en Israel por una falla en su turbina
izquierda con un costo de cinco millones de dólares. Sin comentarios.
Vayamos ahora a los aviones que llegan a la ciudad. Rafaela, por
esfuerzo propio la tercera ciudad de la Provincia, parece que está
destinada a carecer de una línea aérea que la comunique con la Capital
Federal y que permita, al emprendedor empresario local, un rápido y
cómodo traslado a la misma. Pero, por sobre todas las cosas que la
Empresa que realice los vuelos lo haga en vuelos programados en
horarios convenientes y cumplidos.
Años atrás tuvo lugar aquí el viaje inaugural de la llamada L.A.S.:
Líneas Aéreas Santafesinas, y se realizó ante numerosa y esperanzada
concurrencia que veía allí concretada una vieja aspiración. Pero
lamentablemente se comprobó que no era nada más que un emprendimiento,
en efecto pronto comenzaron los incumplimientos de horarios, pero lo
peor fueron los viajes postergados o anulados porque el avión a
utilizar se hallaba en el sur de la Provincia efectuando propaganda
política. Esa forma de encarar un servicio no podía tener larga
duración, así fue cómo al poco tiempo dejó de funcionar. Cuando ello
ocurrió se enfrentaron dos argumentos: los directivos de la empresa
alegaban que los pocos pasajeros que la utilizaban hacía poco reditua-
ble su funcionamiento, pero a la vez los probables pasajeros, con justa
razón, dejaron de utilizar los servicios de L.A.S porque no podían
hacer viajes de negocios, programados en una fecha determinada, porque
el avión ni venía ni se sabía cuándo lo haría. A esta situación
convendría quizás aplicar el conocido aforismo que reza: ¿qué fue
antes, el huevo o la gallina?
La última línea aérea que unía a nuestra ciudad con la Capital Federal
cambió inesperadamente de horarios de ida y de vuelta, con lo cual se
hizo económicamente imposible su utilización.
A propósito de líneas aéreas, está circulando vía mail un cuentito que
hace referencia a dos pilotos internacionales: en un importante aeropuerto, estando ya los pasajeros del inminente vuelo encolumnados
dirigiéndose a la sala de embarque, oyen a sus espaldas un acompasado
repiqueteo; vuelven la vista y se encuentran con un uniformado portando
un bastón blanco y que daba la impresión que se trataba del piloto del
próximo vuelo. Preocupados y alarmados a la vez por lo que intuían y
para tranquilidad, le transmitieron sus temores a la azafata, la cual
pretendió calmarlos manifestando que en efecto el uniformado que los
acompañaba era el comandante del avión próximo a partir y que no
tuvieran ni el más mínimo temor, ya que se trataba de uno de los
mejores pilotos de la compañía, con miles de horas de vuelo sin el más
mínimo inconveniente. Algo más tranquilizados por la explicación dada
por la amable azafata, vieron que detrás del comandante venía otro
piloto portando él también un bastón blanco y a una temerosa pregunta
de un pasajero le contesta que ese también es piloto y acompaña desde
años al comandante y jamás tuvo tampoco inconveniente alguno. Ya en el
avión y ubicado cada pasajero en su respectivo asiento, comienza el
carreteo por la pista de despegue. Segundos que parecían siglos y
notando que el avión ni miras de levantar vuelo, comienza a enloquecer
el pasaje y se inicia entonces un contagioso e infernal griterío. Uno
de los pasajeros, habitual viajero en aviones, notando que algo raro
estaba pasando abandonó su asiento y se apersonó a la cabina de
pilotos. Llegó justo en el momento que el piloto le decía al comandante: "¿Vos oís el griterío que hay allí dentro?". Y oyó que el comandante le respondía: "quedate tranquilo, el día que no griten nos hacemos
pomada contra la torre de control".
La Nona Eduviges, que vive preocupada por los demás, cuando escuchó el
cuentito quedó tan impresionada que juntando las manos y elevándolas al
cielo rezó: "Ay Diosito mío!! Hacé que los pilotos de la próxima línea
aérea que llegue a Rafaela no sean ni "miedosos ni inexpertos" (ver
Opifón de ese Diario del 29 de octubre pasado) pero sobre todo, por
favor, que no sean sordos...
Osvaldo Alberto Piovano
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