Creación de más y mejores escuelas
Esta es una nota dirigida a complementar los excelentes artículos de la
profesora María G. Vottero publicados en LA OPINION del sábado 1 de
marzo pasado: "Educación vs. Represión" y "Creación de más Escuelas".
Comenzaremos por citar algunas cifras muy importantes. En el año 1968
Rafaela tenía una población de más o menos 40.000 habitantes y 18
escuelas primarias. Hoy, cuarenta años después, las cifras giran en
torno a los 95.000 habitantes y el número de escuelas primarias es de
26. Esta terrible desproporción entre el 135% de incremento
poblacional, frente al 45% de aumento en el número de escuelas,
constituye una de las principales causas de las dificultades que hoy
padece la educación en "la isla".
Pero estas cifras tan significativas por si mismas, encierran una
paradoja sombría: así como faltan escuelas, situación que obliga a
superpoblar las aulas hasta con 40 alumnos en algunas de ellas (con
todas las consecuencias imaginables), existen otras periféricas a punto
de cerrarse por carencia de alumnos, porque los propios padres en esos
barrios, buscan mejores condiciones de seguridad y calidad para la
colocación de sus hijos o directamente no los inscriben. Por otra parte
en las escuelas céntricas ya no quedan espacios que posibiliten
ampliaciones.
Otro aspecto que pareciera ignorarse, es el de la inminente falta de
maestros. En el Instituto del Profesorado existían dos secciones de
primer año en la carrera de magisterio y ahora funciona solamente una,
por falta de inscriptos. ¿Tendremos en un futuro no muy lejano que
importar maestros de Norteamérica o de algún otro país, como lo hiciera
en su momento Sarmiento? ¿Estamos retrocediendo tanto?
Sin aulas y sin maestros no podemos hablar de doble escolaridad y/o de
escolaridad extendida para que los niños estén contenidos durante la
mayor parte del día en un ámbito escolar apropiado, en lugar de
permanecer a la deriva en la "escuela de la calle", donde están dadas
las mejores condiciones para el aprendizaje de todos los disvalores
imaginables: desorden, irrespeto, ignorancia, agresividad y
delincuencia, hábitos insalubres (drogadicción, alcoholismo, promiscuidad), etc. Tampoco podemos hablar de marginalidad y exclusión social,
sin abordar sincera y directamente las verdaderas raíces que las
alimentan: los tremendos déficit educacionales argentinos. Porque lo
que nos sucede en "la Isla", se repite también en el resto del país.
Corolario en forma de pregunta enfática: ¿Por qué se esperó tantos años
permitiendo que se llegara a esta situación tan problemática que hasta
parece insoluble?
Dr. Osvaldo Dalmasso
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10-03-2008

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