Acerca de la Salud
Como una tenaza
Por el Dr. Armando Peláez
E. no puede hablar. Como una tenaza, el broncoespasmo le oprime la
garganta y más allá. Con tensión creciente, advierte que los chillidos
y silbidos en sus pulmones se hacen más sonoros, más intensos, más
prolongados. Nota que, a medida que pasan los minutos también siente
más temor, la dificultad para respirar se mezcla con sus miedos, con su
soledad y hasta con sus ganas de morir y terminar de una vez con el
sufrimiento. E. tiene diez años.
E. es conocida como una alumna muy callada y de poco sonreír. No
consigue con facilidad compañeros para estudiar o hacer trabajos en
grupo. Nunca alcanza las mejores notas.
-No da problemas, ¿sabe?, pero la he visto llorar en silencio en los
descansos, sentada sola en un banco,- dijo la maestra a la mujer que
acudió a la reunión de padres.
E. no vive con sus padres. En el último año ha pasado por seis casas
distintas, ahora parece haber llegado a la definitiva. Sus dos hermanos
no han corrido mejor suerte. En su memoria, en sus pesadillas
repetidas, flotan y se agitan las imágenes dolorosas de su padre
gritando furioso, vengativo, ante su madre que respondía con súplicas y
sollozos. Ella huía entonces, con sus hermanos hasta la casa de la
abuela, a unas cuadras. ¡Cuántas veces lo hizo!, hasta que un día el
padre se fue y no volvió más.
A partir de ahí, la madre comenzó a escuchar voces y a mostrar cambios
de humor repentinos e impredecibles. Podía estar cordial y apacible,
como un corderito, o levantar la voz y manifestar toda su ira con
amenazas terribles. Los pequeños, conducidos por E., huían con
desesperación hasta que la tormenta se apaciguaba. Fue por entonces que
E. tuvo su primer ataque de broncoespasmo.
En la guardia:
-¿Su hija es asmática o alérgica?- le preguntaron a la madre, que la
ingresó en brazos, a las boqueadas.
-No, nunca tuvo esto. Es la primera vez. En la mañana no estaba bien, y
de golpe empezó a estar muy agitada, hasta que se puso así.
E. demoró dos días en recuperarse, pero sus recaídas eran frecuentes,
casi siempre coincidentes con los arrebatos maternos o las mudanzas.
Finalmente, ella y sus hermanos quedaron en hogares separados, con la
madre internada en un centro para enfermos mentales.
Por seis meses, su enfermedad le ha dado un descanso. Su madre
sustituta, advertida de las probables descompensaciones, guardaba en un
cuaderno con prolijidad, todas las indicaciones para actuar ante un
broncoespasmo, pero no se esperaba un episodio de esta gravedad. E.
ingresó inconsciente a la guardia.
-No sé si hice bien, doctor, pensé que le daría una alegría. Cuando
volvió de la escuela le comenté que su mamá salía mañana del sanatorio.
Y su palabra quemó
Como una lámpara de aceite. Eclesiastés 48:1.
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