La protección de nuestros campos
La Agricultura conservacionista
El campo productivo representa la principal fuente de recursos de
materia prima alimenticia de nuestras sociedades. Sabemos que cuando el
campo produce y rinde económicamente, todos los eslabones de la cadena
social económica funcionan. Por eso es tan necesario preservar los
suelos productivos, teniendo en cuenta que se trata de un recurso
finito, y hoy en día, en esta crisis agraria en la que estamos inmersos
los argentinos, hoy más que nunca debemos tomar conciencia de ello.
A mediados del siglo pasado los campos de nuestras pampas parecían
inagotables, capaces de ofrecer una sucesión interminable de cosechas.
Pero, poco a poco la exigencia de la agricultura empezó a extraer de
los surcos más de lo que ponían en ellos, es decir que empezaron a
exigir al suelo más de lo que este podía producir, o lo que es lo
mismo, realizar una sobrexplotación de este recurso natural. Así se fue
produciendo un preocupante proceso de degradación.
De hecho, en la actualidad más del 40% del suelo productivo del país se
encuentra afectado por la erosión, lo que significa una pérdida anual
de alrededor de 800 millones de pesos. De no tomar medidas adecuadas,
con la producción sojera, continuará este proceso de degradación en
forma precipitada, con gran probabilidad de pérdida de un alto porcentaje de fertilidad de nuestros suelos.
Nuestros productores saben que sin un suelo rico y bien formado no hay
producción agrícola que rinda.
Entonces, la pregunta que deberíamos formular es: ¿cómo proteger a esta
tierra que inicia el camino de la desertización?
Sostenemos los ambientalistas que la agricultura conservacionista
resulta la solución ideal para proteger el suelo, un recurso que bien
tratado, puede durar para siempre. Hoy en día este sistema de producción agrícola resulta económicamente redituable, tanto en el largo como
en el corto plazo.
Dentro de las prácticas conservacionistas está el sistema de labranza
cero o siembra directa considerada la "tecnología top" de la agricultura conservacionista. Esta consiste en sembrar directamente sobre el
terreno, tal cual quedó después de la cosecha, sin ningún tipo de
labranza. El único surco que se abre es el que practica la sembradora,
capaz de atravesar sin problemas el capo lleno de rastrojos. Está
comprobado que la siembra directa logra que entre más agua en el suelo
y que se pierda menos por evaporación. Este método tiene como contrapartida el hecho de que puede haber un aumento de malezas, lo que trae
como consecuencia mayor utilización de herbicidas y fertilizantes que
plantearían serios riesgos de contaminación, por lo que se aconseja
aplicarlos en la medida justa sin excesos peligrosos.
Otras de las prácticas de la agricultura conservacionista es la
sucesión de diferentes cultivos. Con esta variación o rotación se
impide la instalación de plagas, enfermedades y malezas y se aumenta la
disponibilidad de nutrientes.
Por último existe la sistematización de los suelos que es una técnica
muy antigua que se usa para evitar la erosión provocada por el agua,
especialmente en los terrenos con relieves de lomas y pendientes.
No cabe duda de que en largo plazo las prácticas conservacionistas son
redituables porque el suelo no degradado rinde mucho más.
La agricultura conservacionista entró en la Argentina en la década del
`70 con algunas experiencias desarrolladas por el INTA. Después se
produjo un impasse hasta hace unos quince años atrás que comenzó a
imponerse con fuerza nuevamente, y en nuestro país se ha desarrollado
con mayor intensidad en las regiones del sudeste de Córdoba, centro-sur
de Santa Fe, norte de Buenos Aires y Entre Ríos. A esto hay que sumarle
otras seis millones de hectáreas sobre las que se aplica alguna
práctica conservacionista.
Debemos reconocer que las prácticas conservacionistas resultan un
negocio integral, pues resguardan el suelo y a partir del cuarto año
generan rindes superiores a los de la agricultura convencional.
Al fin y al cabo sólo un suelo sano puede aguantar a pie firme las
exigencias de la producción y seguir brindando cosechas año tras año; y
de esto debe ser conciente el productor y para que esto sea posible,
los gobiernos deben aplicar políticas agrarias coherentes que acompañen
al mismo, pues es este quien trabaja y conoce realmente la tierra; pero
por sobre todas las cosas se deben implementar políticas conservacionistas que permitan realizar un uso sostenible y sustentable de este
recurso tan importante para la subsistencia humana.
"El suelo es el corazón del sistema dimánico de reciclaje de recursos
de la vida". Harry Rothman
Graciela Maubé
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