Sobre el campo
Sr. Director:
Escribir es el arte de dibujar letras. Tal vez exagero al creerme una
persona involucrada al arte de las letras. Para mí es un gran honor
hacerlo porque bien o mal me sumerjo al motivo de sentirme ocupada,
feliz y soñadora.
Soy o no escritora. Todos los que escriben lo son y todos nos motivamos
con pequeñas o grandes cosas, que importantes o no, lo son para algún
lector. Hace tres años un día como hoy dediqué mis horas a la muerte de
nuestro querido Papa, el tan llorado y amado por el mundo y reconocido
por todas las religiones.
Caminador incansable que hasta su partida no descansó. Sabía que luego
lo haría como sólo El y algunos pocos pueden hacerlo en paz con Dios.
Un día conocí el pedazo de tierra que pisó en Detroit y según me
dijeron fue el único Papa que los enorgulleció y los reconoció con
palabras que sólo El podía decir sin preparar, porque llevaba paz,
amor, unión, reconocimiento y un mensaje especial.
Hoy escribo pero el motivo es otro.
Hablemos del campo.
Es muy poco lo que yo puedo decir.
Después de haber concurrido cinco años a la Universidad de la Mediana y
Tercera Edad o mejor dicho a la UMTE al taller de lectura que iniciaba
la profesora Nanci Marini y con un grupo de compañeras inolvidables
como todos los que de la mano de su directora tuvieron la feliz idea de
fomentarnos el amor al trabajo en conjunto, aprendimos por medio de
nuestros autores a querer al campo y su gente. Leímos una y mil veces
las obras de ellos y sufrimos a través del tiempo y la distancia, el
frío y las heladas.
Disfrutamos de las cosechas del trigo y en mi caso particular que soy
hija de inmigrantes españoles dedicados al comercio. Valoricé doblemente el sacrificio del hombre de campo a través de autores que nos
honran porque son nuestros y que con escritos claros llegaron a
nuestros corazones. Escribimos cuentos relacionados y los llevamos a un
colegio rural y los leímos a sus alumnos. Nos hicimos amigas de la
maestra a la que hoy recuerdo con tanto afecto entre las tazas de mate
cocido y los preparativos de la comunión. Y como Aída hay miles aún.
Mis compañeras colaboraron con ropas y hasta la señora Elba Santi llevó
guardapolvos.
Perdón por ser tan indisciplinada en mi comentario, pero el campo y sus
desvelos hoy como ayer están y no se lo puede manosear. Sólo se le
puede agregar privilegios, porque existe.
¡Qué seríamos sin ellos! Nuestros campesinos necesitan nuestro apoyo y
nuestros gobernantes que fijen la mirada a los que laburan con sus
manos a los obreros de la tierra y una vez por todas hablen con los que
saben y manejan cifras chicas no con los que cuentan lo que les
cuentan. Los cuentos los hacen los escritores.
Mencioné a una escuela rural y hay miles de escuelas de campo que son
donadas y mantenidas por gente de campo y a esa gente y sus maestras
aprendimos a respetarlas por nuestros escritores.
Hablemos del campo, porque existe es nuestra fuente de trabajo, es
nuestro futuro, el de nuestros hijos y nietos. Es la riqueza de Argentina, no lo perdamos como hicimos con el petróleo.
Gracias señor director y disculpe mi atrevimiento.
Carmen Túnez de Muriel
LC 3803636
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