En la ciudad y provincia de Jujuy
Yala y sus banquinas encespedadas
Desde la capital jujeña, nos llevaron en un atardecer luminoso, hasta
esa gema verde brillante que es Yala, no muy lejos claro, ya que está a
sólo 19 km en ruta impecable, asfaltada.
Después del puente sobre el homónimo río Yala, tomamos el camino hacia
Los Nogales, donde abundan estos árboles silvestres. Aunque dicen que
Yala es un pueblo antiguo, a nosotros nos pareció moderno o mejor,
modernísimo, y nos encantó pasear por esa larga avenida de acceso, a
paso de hombre aunque, en automóvil.
Todo lo visto, empezando por la arboleda que la flanquea (con
ejemplares autóctonos y de la flora mundial) y donde las veredas y
banquinas en lugar de baldosas o tierra están encespedadas (césped
prolijamente talado como si fuera un billar). En lo edilicio sobresalen
por sus estilos casas, casonas y chalé rodeadas de parques casi
paisajísticos con más la yapa de contar con cantarinas aguas de las
acequias que las recorren. No queremos decir que esta zona jujeña sea
un Edén (porque nunca estuvimos en el Edén) pero creemos que lo que
hemos contemplado "despaciosamente", se parecía al Edén.
Nos consta que Yala es netamente residencial, cuyas mansiones con
parques y jardines muy prolijos y ornamentados, lo delante.
A su vera corre con bastante ímpetu el inquieto río Yala, de aguas
límpidas en un lecho salpicado de piedras, rodeado de verde y más
verde.
Lo que nos extrañó es no haber visto el "yuyo o mata de Cuba" que vimos
en otros caminos, con sus abundantes flores amarillas.
En fin, Yala es y fue para nosotros, un deleite visual, donde el silencio y el aroma forestal llegaron a extasiarnos.
Es como para exclamar en alta voz "Viva Jujuy, todo el año y Viva Yala
todo el año".
El Pucará de Tilcara
Hace mucho tiempo que nos tenía intrigados el "pucará" hasta por su
nombre indígena y llegó el día de conocerlo.
Un día de sol y agradable temperatura. Sólo faltaba ascender por la
carretera un poco irregular, que nuestro automóvil sorteó fácil y
rápidamente.
Y llegamos a la fortaleza, o sea la traducción del quechua, que está en
ruinas pero en parte restaurado. un punto realmente panorámico, que
permite otear hacia los 4 puntos cardinales desde donde se aprecia un
amplio panorama: el de la mítica Quebrada -a secas- omitimos Humahuaca
adrede, y la no tan cercana Maimará y muchos cerros en la lejanía. La
construcción debió haber sido durante largo tiempo (y no como las
pirámides de Egipto) y según los eruditos e investigadores, se han
hallado indicios de poblamiento que se remonta al año 10.000 A.C., en
la que los habitantes eran cazadores y recolectores, que domesticaron
ganado y se convirtieron en agricultores, suponemos nómades. No
obstante, la ocupación masiva de este pucará y otros más pequeños, se
registra entre los años 1.000 y 1.480 D.C, continúa durante el breve
período incaico hasta la ocupación por los colonizadores hispánicos,
que se consolidó hacia 1594, al llegar a apresar el curaca (cacique
Tilcara, de nombre no sencillo: "Viltipoco").
Metámonos a describir las construcciones pucareñas: eran de piedras,
con techos de barro y paja, asentados sobre tirantería de cardón,
vegetal muy abundante en esos lugares.
¿Cómo vivían esos indios en esos lejanos tiempos? Eran mayormente
agricultores y también pastores (actividad mixta, diríamos hoy) cuyos
principales cultivos eran maíz, zapallos, porotos, papas, etc. con
herramientas rudimentarias: azadas, palas y cuchillos de madera y
piedra. En cuanto a la ganadería, criaban llamas que servían como
animales de carga y suministraban su lana y su carne. Estaban radicados
en las cercanías del Río Grande, con lo que les resultaba fácil
utilizar regadío, en el que se incluye el pueblo de Tilcara y la
extensa zona de Alfarcito, donde actualmente todavía pueden observarse
terrazas de cultivo.
Para completar su dieta, se hicieron cazadores de animales silvestres
como vicuñas, guanacos, vizcachas y mulitas. Se vestían con telas a
base de lanas de vicuñas y llamas, las que hilaban en husos manuales y
teñían con tinturas naturales y tejían en telares "de cintura".
Un poco de historia no muy feliz
Después de la conquista hispánica, estos pueblos fueron sometidos al
régimen de encomiendas, obligándoles a residir en un lugar fijo y a
trabajar por temporadas muy largas para el encomendero. Esto provocó
una drástica disminución demográfica y por supuesto, al abandono de los
pucarás.
En el siglo XX, en 1908, los célebres arqueólogos Juan A. Ambrosetti y
Santos Debenedetti, comenzaron sus investigaciones e iniciaron una
primera restauración elevando las paredes de los distintos recintos
hasta casi un metro de altura.
Ambos fallecieron en 1935; se construyó en su homenaje un monumento en
forma de pirámide que ocupa la cima del cerro. En el año 1948, el Dr. Esteban Casanova retomó el proyecto de restauración, reconstruyó un
grupo de viviendas que se pueden visitar hoy. El predio del Pucará y
sus alrededores es muy extenso, y en -además del pucará propiamente
dicho- se ven los sectores "de la Iglesia, el cementerio, los corrales
y el jardín botánico especializado en árboles y planta "de altura", en
cardones diversos, en pastizales y otros géneros botánicos, reunidos y
ordenados con sus nombres científicos. No conocemos otro "botánico"
similar en el país, así que resulta interesantísimo.
En fin , como juicio y pensamiento final, el conocimiento en vivo y de
cerca, ha significado para nosotros, una inolvidable experiencia
científico-educativa.
Carlos Galetto Bossati
|
 |
 |
 |
13-04-2008

Recital de Bienvenida de la Escuela Municipal de Música "Remo Pignoni"

Espectáculo callejero: "El arte gana las calles"

Ciclo de cine "Una de mafiosos"

Exposición de pinturas "Espejos del alma"

Inscripciones para programas de intercambio cultural

Concurso nacional de teatro de humor

¿Pensó en su jardín?

La Escuela Especial N° 1260 "APADIR" festejará sus 25 años

Yala y sus banquinas encespedadas

¿Amonestaciones?

Actividades de la UNL

|