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Domingo 13 de Abril de 2008


Sociales

En la ciudad y provincia de Jujuy
Yala y sus banquinas encespedadas

Desde la capital jujeña, nos llevaron en un atardecer luminoso, hasta esa gema verde brillante que es Yala, no muy lejos claro, ya que está a sólo 19 km en ruta impecable, asfaltada.
Después del puente sobre el homónimo río Yala, tomamos el camino hacia Los Nogales, donde abundan estos árboles silvestres. Aunque dicen que Yala es un pueblo antiguo, a nosotros nos pareció moderno o mejor, modernísimo, y nos encantó pasear por esa larga avenida de acceso, a paso de hombre aunque, en automóvil.
Todo lo visto, empezando por la arboleda que la flanquea (con ejemplares autóctonos y de la flora mundial) y donde las veredas y banquinas en lugar de baldosas o tierra están encespedadas (césped prolijamente talado como si fuera un billar). En lo edilicio sobresalen por sus estilos casas, casonas y chalé rodeadas de parques casi paisajísticos con más la yapa de contar con cantarinas aguas de las acequias que las recorren. No queremos decir que esta zona jujeña sea un Edén (porque nunca estuvimos en el Edén) pero creemos que lo que hemos contemplado "despaciosamente", se parecía al Edén.
Nos consta que Yala es netamente residencial, cuyas mansiones con parques y jardines muy prolijos y ornamentados, lo delante.
A su vera corre con bastante ímpetu el inquieto río Yala, de aguas límpidas en un lecho salpicado de piedras, rodeado de verde y más verde.
Lo que nos extrañó es no haber visto el "yuyo o mata de Cuba" que vimos en otros caminos, con sus abundantes flores amarillas.
En fin, Yala es y fue para nosotros, un deleite visual, donde el silencio y el aroma forestal llegaron a extasiarnos.
Es como para exclamar en alta voz "Viva Jujuy, todo el año y Viva Yala todo el año".

El Pucará de Tilcara

Hace mucho tiempo que nos tenía intrigados el "pucará" hasta por su nombre indígena y llegó el día de conocerlo.
Un día de sol y agradable temperatura. Sólo faltaba ascender por la carretera un poco irregular, que nuestro automóvil sorteó fácil y rápidamente.
Y llegamos a la fortaleza, o sea la traducción del quechua, que está en ruinas pero en parte restaurado. un punto realmente panorámico, que permite otear hacia los 4 puntos cardinales desde donde se aprecia un amplio panorama: el de la mítica Quebrada -a secas- omitimos Humahuaca adrede, y la no tan cercana Maimará y muchos cerros en la lejanía. La construcción debió haber sido durante largo tiempo (y no como las pirámides de Egipto) y según los eruditos e investigadores, se han hallado indicios de poblamiento que se remonta al año 10.000 A.C., en la que los habitantes eran cazadores y recolectores, que domesticaron ganado y se convirtieron en agricultores, suponemos nómades. No obstante, la ocupación masiva de este pucará y otros más pequeños, se registra entre los años 1.000 y 1.480 D.C, continúa durante el breve período incaico hasta la ocupación por los colonizadores hispánicos, que se consolidó hacia 1594, al llegar a apresar el curaca (cacique Tilcara, de nombre no sencillo: "Viltipoco").
Metámonos a describir las construcciones pucareñas: eran de piedras, con techos de barro y paja, asentados sobre tirantería de cardón, vegetal muy abundante en esos lugares.
¿Cómo vivían esos indios en esos lejanos tiempos? Eran mayormente agricultores y también pastores (actividad mixta, diríamos hoy) cuyos principales cultivos eran maíz, zapallos, porotos, papas, etc. con herramientas rudimentarias: azadas, palas y cuchillos de madera y piedra. En cuanto a la ganadería, criaban llamas que servían como animales de carga y suministraban su lana y su carne. Estaban radicados en las cercanías del Río Grande, con lo que les resultaba fácil utilizar regadío, en el que se incluye el pueblo de Tilcara y la extensa zona de Alfarcito, donde actualmente todavía pueden observarse terrazas de cultivo.
Para completar su dieta, se hicieron cazadores de animales silvestres como vicuñas, guanacos, vizcachas y mulitas. Se vestían con telas a base de lanas de vicuñas y llamas, las que hilaban en husos manuales y teñían con tinturas naturales y tejían en telares "de cintura".

Un poco de historia no muy feliz

Después de la conquista hispánica, estos pueblos fueron sometidos al régimen de encomiendas, obligándoles a residir en un lugar fijo y a trabajar por temporadas muy largas para el encomendero. Esto provocó una drástica disminución demográfica y por supuesto, al abandono de los pucarás.
En el siglo XX, en 1908, los célebres arqueólogos Juan A. Ambrosetti y Santos Debenedetti, comenzaron sus investigaciones e iniciaron una primera restauración elevando las paredes de los distintos recintos hasta casi un metro de altura.
Ambos fallecieron en 1935; se construyó en su homenaje un monumento en forma de pirámide que ocupa la cima del cerro. En el año 1948, el Dr. Esteban Casanova retomó el proyecto de restauración, reconstruyó un grupo de viviendas que se pueden visitar hoy. El predio del Pucará y sus alrededores es muy extenso, y en -además del pucará propiamente dicho- se ven los sectores "de la Iglesia, el cementerio, los corrales y el jardín botánico especializado en árboles y planta "de altura", en cardones diversos, en pastizales y otros géneros botánicos, reunidos y ordenados con sus nombres científicos. No conocemos otro "botánico" similar en el país, así que resulta interesantísimo.
En fin , como juicio y pensamiento final, el conocimiento en vivo y de cerca, ha significado para nosotros, una inolvidable experiencia científico-educativa.

Carlos Galetto Bossati

13-04-2008

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