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Lunes 19 de Mayo de 2008


Pasiones al aire libre

Perros de caza: corrigiendo errores

Promediando la temporada de caza muchos cazadores realizarán una evaluación de los progresos del cachorro recién iniciado en la actividad cinegética. Seguramente, en el perro que hace su primera temporada de caza, se advertirán errores de trabajo. Algunos de ellos se podrán corregir con práctica y sobre todo, mucha paciencia. Los defectos en un perro de caza pueden ser muchos, aquí, por cuestiones de espacio nos referiremos a los más comunes. Primero hay que advertir que el perro de caza posee una capacidad innata o instinto para este trabajo que tiene que ver con su genética. Es decir, si el cachorro no es hijo y nieto de padres cazadores, será muy difícil que tenga las condiciones necesarias para la cacería. Entonces, nada podremos hacer. Pero si estamos seguros de los antecedentes genéticos, entonces son malos hábitos que estará en nosotros modificarlos. El miedo al disparo es uno de los problemas frecuentes. Para ello debemos acostumbrar de a poco a nuestro can al ruido de una detonación, para ello lo sacaremos nuevamente al campo y cuando está corriendo a la distancia con una escopeta de pequeño calibre -o mejor, con un revólver calibre 22 LR y balas de salva- se harán disparos. Inmediatamente de esto se llamará al perro para hacerle caricias u ofrecerle alguna golosina. Quien dispone de patio grande puede hacer estallar lejos del perro algún artificio de muy baja potencia y luego llamarlo para comer. Todo está en que el perro se vaya acostumbrando despacio a detonaciones cada vez más fuertes y las asocie con algo agradable (comida, caricias del dueño, etc). Al cachorro que no apunta se lo debe entrenar con el método de la caña y las plumas. A una caña larga se le ata en el extremo una piola de dos metros y al final de esta dos alas de perdiz. Se las ofrece al perro y cuando este las quiere atrapar se las saca repentinamente. Como los perros se aburren rápidamente con una rutina, estas sesiones no deben durar más de 10 ó 15 minutos pero se deben repetir la mayor cantidad de veces posible. Para los perros que muerden a su presa algunos entrenadores recomiendan envolver con plumas y una media un cepillo de los de rasquetear pintura de forma que, al arrojárselo para que lo traiga y quiera morderlo se pinche en la boca. No hay que usar para este tipo de entrenamiento pelotas que piquen mucho ya que el perro tratará de atraparlas y apretarlas con sus dientes. Tampoco hay que forcejear para que la entregue, se la arroja, se le pide con la vos de "traiga o dame" y se espera a que la suelte. Hay que tener en cuenta que no podemos culpar al perro de cosas que no supimos enseñarle y que el mejor perro es el que más sale al campo.

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