Perros de caza: corrigiendo errores
Promediando la temporada de caza muchos cazadores realizarán una
evaluación de los progresos del cachorro recién iniciado en la actividad
cinegética. Seguramente, en el perro que hace su primera temporada
de caza, se advertirán errores de trabajo. Algunos de ellos se podrán
corregir con práctica y sobre todo, mucha paciencia. Los defectos en un
perro de caza pueden ser muchos, aquí, por cuestiones de espacio nos
referiremos a los más comunes. Primero hay que advertir que el perro de
caza posee una capacidad innata o instinto para este trabajo que tiene
que ver con su genética. Es decir, si el cachorro no es hijo y nieto de
padres cazadores, será muy difícil que tenga las condiciones necesarias
para la cacería. Entonces, nada podremos hacer. Pero si estamos seguros
de los antecedentes genéticos, entonces son malos hábitos que estará en
nosotros modificarlos. El miedo al disparo es uno de los problemas
frecuentes. Para ello debemos acostumbrar de a poco a nuestro can al
ruido de una detonación, para ello lo sacaremos nuevamente al campo y
cuando está corriendo a la distancia con una escopeta de pequeño
calibre -o mejor, con un revólver calibre 22 LR y balas de salva- se
harán disparos. Inmediatamente de esto se llamará al perro para hacerle
caricias u ofrecerle alguna golosina. Quien dispone de patio grande
puede hacer estallar lejos del perro algún artificio de muy baja
potencia y luego llamarlo para comer. Todo está en que el perro se vaya
acostumbrando despacio a detonaciones cada vez más fuertes y las asocie
con algo agradable (comida, caricias del dueño, etc). Al cachorro que
no apunta se lo debe entrenar con el método de la caña y las plumas. A
una caña larga se le ata en el extremo una piola de dos metros y al
final de esta dos alas de perdiz. Se las ofrece al perro y cuando este
las quiere atrapar se las saca repentinamente. Como los perros se
aburren rápidamente con una rutina, estas sesiones no deben durar más
de 10 ó 15 minutos pero se deben repetir la mayor cantidad de veces
posible. Para los perros que muerden a su presa algunos entrenadores
recomiendan envolver con plumas y una media un cepillo de los de
rasquetear pintura de forma que, al arrojárselo para que lo traiga y
quiera morderlo se pinche en la boca. No hay que usar para este tipo de
entrenamiento pelotas que piquen mucho ya que el perro tratará de
atraparlas y apretarlas con sus dientes. Tampoco hay que forcejear para
que la entregue, se la arroja, se le pide con la vos de "traiga o dame"
y se espera a que la suelte. Hay que tener en cuenta que no podemos
culpar al perro de cosas que no supimos enseñarle y que el mejor perro
es el que más sale al campo.
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