El arte de ser invisible
Confundirse con el entorno es la clave en la caza.
En la caza mayor, uno de los problemas que enfrenta el cazador, es cómo
hacer para que el animal no lo detecte y acercarse a una distancia
desde donde pueda asegurar el disparo. Para ello deberá lidiar con los
sentidos del animal que salvo la visión, tienen mucho más desarrollados
que el hombre. Sólo la astucia y la experiencia del cazador logrará
vencer al animal en un terreno donde este último tiene todas las de
ganar. Tal es así que en la mayoría de las salidas de caza quien gana
la pulseada es el animal que logra ver, escuchar u olfatear al cazador
antes que este se pueda acercar a una distancia de tiro razonable. Los
dos principales sentidos con que cuentan los ciervos, antílopes y
jabalíes son el oído y el olfato siendo capaces de detectar enemigos
por el olor o el ruido a varios centenares de metros. Teniendo en
cuenta esto el cazador deberá tratar de moverse por el campo o el monte
tratando de no hacer ruido. Los aborígenes eran capaces de cazar una
corzuela o un pecarí con un arco que disparaba flechas a tan solo 10 ó
15 metros. Pero para ello dominaban el arte del rececho. Eran capaces
de quedarse inmóviles durante largos espacios de tiempo y sólo hacían
un paso cuando estaban seguros de que el animal estaba desprevenido.
Caminaban descalzos de manera que hacían muy poco ruido al pisar y
antes de salir a cazar bailaban danzas rituales alrededor de la
hoguera. En realidad lo que hacían era llenarse de olor a humo disimulando el olor propio de los humanos. Por supuesto, el cazador deberá
caminar con el viento en la cara y su ropa no deberá estar impregnada
de perfumes propios de los jabones y suavizantes. Tampoco es aconsejable utilizar desodorantes o cualquier otro tipo de perfumes. Hemos
contado en otra oportunidad que conocimos un cazador que frotaba su
ropa de caza con yuyos de la zona para disimular su propio olor. Si
cazamos jabalíes apostados de noche, poco importará el color de la ropa
siempre que sean tonos oscuros. Lo que sí es importante es que esté
confeccionada en telas que no hagan ruido con el roce. En el monte, de
noche, el ruido de una campera de nylon puede sonar como una orquesta.
Ahora, si estamos recechando un ciervo o los antílopes de día, disimular nuestra figura puede ser un tanto más complicado. La mayoría de los
mamíferos tienen una visión muy similar a la del hombre en cuanto a
alcance y definición de las formas, pero a diferencia de este no
perciben los colores, sino que ven todo en una gama de grises o tonos
azulados. Por ello el color del camuflaje no es tan importante. Lo que
importa es disimular la figura humana. Si utilizamos ropa camuflada
confeccionada con las modernas telas tipo "hoja seca" no nos servirá de
mucho si estamos parados recortar nuestra figura contra el azul del
cielo. El tronco de un árbol, un arbusto, unas matas de yuyo alto o
simplemente arrodillarnos será suficiente como para ocultar nuestra
estampa. El camuflaje debe ocultar la mayor parte de nuestro cuerpo,
incluso nuestra cara ya que sobre el fondo oscuro del monte se notará
como un redondel blanco que seguramente ahuyentará a nuestra presa.
Debemos cuidar todos los detalles como, por ejemplo, las balas que no
están en el almacén del arma deben ir envueltas de forma que no
tintineen en los bolsillos. En el monte o en el campo, recechando a la
caza, gana quien se mueve menos, quien hace menos ruidos y quien se
deja ver menos.
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