"El trabajo es para la persona y no la persona para el trabajo"
Así expresó Alejandro Bonet anoche durante la charla "El deseo de
expresar lo que somos: el trabajo. Una manera profunda de entender la
realidad de lo que acontece en nuestro país, hoy", en el Parra Hotel &
Suites, en el marco del itinerario educativo sobre la Doctrina Social
de la Iglesia Católica, organizado por la Asociación Cristiana
Dirigentes de Empresas sede Rafaela. Se transcribe su exposición.
Introducción: la mayor parte de nuestro tiempo está ocupado en el
trabajo, donde ponemos nuestras energías, nuestra personalidad,
nuestras capacidades y talentos. Es la principal arma con la que
contamos para plasmar la realidad según un ímpetu ideal, aquello que
deseamos y en lo que consiste la esencia de lo que somos.
Trataremos de entender en qué situación estamos, cómo recuperar el
verdadero significado del trabajo, y a la luz de esta verdad, entender
lo que nos acontece como argentinos y cuál es nuestro principal
desafío.
1) La situación actual. Hoy por hoy, verificamos que al trabajo se lo
comprende como una necesidad para obtener los recursos que me permitan
adquirir los bienes necesarios para vivir una vida agradable, placentera, satisfactoria, lo que en la cultura dominante se llama un buen
nivel de vida. Se lo suele entender como un "peaje" necesario que hay
que pagar, para llegar al fin de semana, o fuera del horario de
trabajo, y comenzar a vivir. Solemos "experimentar" el ámbito de
trabajo como un encierro, donde mi "humanidad" está cautiva.
Percibimos una cierta "mecanización", o "automatización", de nuestras
facultades en torno a la actividad laboral que se me asignan, o que me
autoasigno. La vida laboral vivida como "recurso humano" tiende
progresivamente a cosificar el trabajo. Es una mercancía que se vende,
y por la cual intentamos cobrar lo máximo posible para que con el
resultado de este negocio puede realizar otro negocio que es acceder a
la sociedad del consumo.
En resumidas cuentas, producir para consumir. El "yo" humano, suele
estar totalmente ausente. El "deseo" que me constituye está como
"inmantado" por la finalidad que le doy a la tarea que realizo. Esto es
lo que se llama "alienación", estar fuera de sí, como en un país
legajo. Esta fragmentación de lo humano convierte al trabajo en una
experiencia sofocante, porque no logro descubrirlo como una ocasión
donde mi humanidad se exprese.
2) El significado del trabajo. Recuperar el verdadero significado del
trabajo es recuperar la pasión por la realidad. El proceso cultural que
se ha dado desde la revolución industrial hasta la actualidad es una
progresiva tendencia a valorar cada vez más el trabajo en su aspecto
objetivo, que es la capacidad de "dominar la tierra" a través de todos
los instrumentos que el hombre crea a través de su trabajo. Lo que ha
quedado totalmente sofocado, aplastado, es la dimensión subjetiva del
trabajo.
Que es ni más ni menos que "el valor de la persona" que trabaja.
Redescubrir este valor es volver a entender que el trabajo es para la
persona y no la persona para el trabajo. Que el trabajo es la
experiencia a través de la cual yo me realizo a mí mismo. Descubro mis
potencialidades y las pongo al servicio de mi deseo, del deseo de
realizar en plenitud mi propia humanidad.
La "mutación antropológica" que realizó la revolución industrial es
tomar posesión de las fuerzas que nacen del trabajo y orientarlas a la
producción, buscando como resultado un mayor beneficio económico. Lo
que llamamos "causa eficiente" pasó a ser "causa instrumental", y a
invertir el designio original que nos dio el Creador de ser el hombre
el que domine la naturaleza, y no una fuerza anónima, llamada conjunto
de bienes, los que terminen por dominar y aplastar la dignidad de la
persona humana.
3) El deseo de expresar lo que somos. La esencia misma del trabajo
consiste en ser la modalidad a través de la cual el hombre se expresa.
Es la totalidad de la persona la que está involucrada en la dinámica
del trabajo, y el núcleo más profundo de lo humano está constituido por
los deseos que anidan en la raíz de nuestro corazón, felicidad, verdad,
justicia, bondad y belleza. Estos deseos que constituyen el código
genético ontológico del hombre buscan realizarse en las circunstancias
donde se juega su vida diaria, y el "lugar" más concreto donde esta
exigencia de plenitud se manifiesta, es en el trabajo.
La certeza que tenemos sobre el valor del trabajo humano tiene su
fundamento en que "el significado último de la realidad" que es Cristo,
se hizo hombre de trabajo. Antes de la encarnación de Cristo el trabajo
manual era considerado indigno, y lo debían realizar los esclavos. Es
El quien nos ayuda a volver a descubrir el verdadero valor del trabajo,
ya que por la misma razón que decidió manifestarse al hombre mediante
el trabajo, ha producido la mayor revolución cultural en toda la
historia humana.
Por medio de El volvemos a descubrir que el trabajo es la manera de
hacernos hombres, realizarnos a nosotros mismos, cumplir nuestro
destino, desplegar toda nuestra potencialidad humana. La raíz última de
esta nueva actitud ante la realidad cotidiana nace de la conciencia que
todo nos es dado, solamente desde este horizonte podemos construir con
desapego o ironía a los resultados que logremos como fruto de nuestra
fatiga ordinaria.
4) Una manera profunda de entender la realidad de lo que acontece en
nuestro país, hoy. Lo que hemos descrito, a nuestro entender, está en
el trasfondo cultural de lo que nos pasa como argentinos.
Se ha generado entre nosotros, desde hace unas décadas hasta ahora, la
expectativa que el problema central de nosotros mismos no lo tenemos
que resolver nosotros sino que nos tiene que venir resuelto desde el
poder político y, a su vez, el poder político se auto concibe como el
responsable último de dar a cada argentino lo que necesita. Como esta
es una pretensión inadecuada e imposible de cumplir, vivimos
esquizofrénicamente. El pueblo argentino espera del Poder lo que este
no puede darle y el poder político promete lo que no puede cumplir.
Estamos convencidos que sino afrontamos esta cuestión central no
enfocamos adecuadamente el diagnóstico de nuestra enfermedad cultural y
por lo tanto fallamos en la solución. La solución de fondo de nuestro
problema es humano, y por lo tanto tiene que ver con la concepción que
tenemos de las cosas que hacemos. Y la prioridad fundamental es volver
a comprender adecuadamente el valor del trabajo como herramienta para
realizar plenamente mi destino.
5) Tiempo de educar. Para la Iglesia la tarea más importante es la
educación. Así lo fue para Cristo y así lo es para la Iglesia, que es
su continuación histórica.
Educarnos en el significado de las cosas, volver a despertar en
nosotros un ímpetu ideal, un deseo de plenitud, una búsqueda permanente
de abrazar con intensidad la realidad tal cual se me presenta en las
circunstancias cotidianas, sobre todo, mediante el trabajo, ahí donde
yo pongo todo lo que me ha sido dado, los talentos que he recibido y
que estoy llamado a "cultivar", es decir, a educar, y potenciar al
ciento por uno.
Conclusión: venimos haciendo justamente un "itinerario educativo".
Entender de manera nueva desde dónde venimos, la tradición que
recibimos, cómo esa tradición me ayuda a entender más plenamente el
presente, me ayuda a ir a la raíz de las situaciones que me tocan
enfrentar, y la realidad más concreta que tenemos entre manos es mi
afecto y mi trabajo. Continuaremos ahondando nuestra relación con la
realidad comprendiendo nuestra relación con las cosas y con el poder.
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26-06-2008

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