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Viernes 11 de Julio de 2008


La Palabra

En busca de... Guillermo Zarba, pianista

La provincianía: ese tesoro

Nacido entre los ríos y criado con la naturaleza más intensa como entorno familiar, dedicó su formación a un instrumento que siguió siendo su compañía para poder expresarse en la composición, tanto como en la interpretación de sus admirados referentes. Conversó animadamente con LA PALABRA (LOGO) de su vida musical.

LP - Y en algún momento la música apareció en tu vida. ¿Cu ndo, cómo, por qué?
G.Z. - ¡Cuántas formas tiene la naturaleza para penetrarnos!.. La visión de un río, la multiplicidad de verdes de un paisaje ribereño, la arena blanca de un arroyo... el canto irreverente de los p jaros -único músicos "atonales" absolutamente reconocidos y respetados-... La presencia percusiva de una tropilla de vacunos u ovinos, el galope de un caballo... la sonrisa de un gurisito de bombachas y alpargatas. Todo eso elaboró un sonido en mi sangre y el tiempo le fue dando forma pero sin perder la esencia.

LP - Entonces será el momento para recordar el lugar inicial: tu infancia y los ecos de la provinciana que te contuvo. Los primeros tiempos.
G.Z. - De Gualeguaychú a Yuquerí en un galope, me llevaron sin preguntar y me entregaron a un mundo de sueños indelebles que crecieron a la vera del río Uruguay, caprichoso e inestable pero compañero al fin. Yuquerí, a pocos kilómetros de Concordia me enseñó el lenguaje provinciano, pleno de ternura, ingenuidad y picardía; la poesía de lo simple.

LP - Y así, suponemos que un día llegaste al piano. También habrá sido importante la presencia de tu primer maestro.
G.Z. - Mi padre trajo un piano, para que mis hermanas atenuaran la soledad del campo. Yo tendría 5 años cuando descubrí que mi mejor juguete, mi mejor amigo, era ese sonriente y manso "mastodonte" de madera que se ofrecía sin problemas a mis fantasías infantiles. M s tarde apareció Chichí Schindler, una alegre muchachita con portafolios lleno de libros de estudio y allí comenzó la búsqueda de la música, búsqueda que no acabaría nunca.

LP - Con tantos años dedicados al arte de los sonidos, habrá en vos algunos referentes en la música popular y en el instrumento.
G.Z. - Mi primera sorpresa fue escuchar en una fiesta escolar, a cuatro gurisitos apenas mayores que yo interpretando temas de nuestra región en acordeón, guitarra y canto. Después vendrían mis escapadas al Club para ver y escuchar, detr s de un alambrado, a los troperos mutados en chamameceros nocturnos. Allí aprendí lo que era y es una milonga, una chamarrita, un rasguido doble y por supuesto un chamamé. Después vendría la gran ciudad....

LP - La ciudad grande. Esa decisión importante de querer y poder llegar a Buenos Aires.
G.Z. - Vine a estudiar a Buenos Aires, todo fue cambiando. La música era otra, tanto lo que venía de afuera como lo que se escuchaba en la radio. Sin embargo yo recibía el tango, el jazz, la música cl sica y los "ruidos" desechables que siempre existieron, pero en mi sangre seguiría fluyendo la misma melodía. Claro, todo se fue enriqueciendo gracias a tantos dedos maravillosos como los de Miguel Angel Trejo, Horacio Salg n, Osmar Maderna, Luis Alberto Peralta Luna, Adolfo Abalos, Remo Pignoni... Pero no fueron sólo pianistas los que me cautivaron. Por allí apareció la guitarra inigualable de Eduardo Falú que me transportó a otros campos de la creación.

LP - Contános de tus años dedicados al arte.
G.Z. - Estudié en el Conservatorio Williams y luego con Hugo Charpentier, Guillermo Graetzer, Adriana de los Santos y Fabiana Galante.

LP - ¿Tuviste experiencia en la docencia? También fueron didácticos los talleres como proyecto de trabajo.
G.Z. - Nunca fui docente. Sí, suelo ofrecer clínicas sobre mi especialidad y tengo proyectos al respecto.

LP - Llegó el momento de la música compartida y quizás fue una nueva sensación tocar y grabar con amigos.
G.Z. - La música me ha dado grandes amigos. El compartir es algo incomparable. Desde mis comprovincianos como Linares Cardozo, Carlos Santa María, Víctor Vel zquez, Walter Heinze a los grandes como Eduardo y Juan Falú, Julio Pane, Oscar Alem, Eduardo Lagos, Jorge Navarro, Gerardo Gandini, Omar Moreno Palacios, el Negro Bergesio, Teresa Parodi, Rudi y Nini Flores, Los Andariegos, Los Trovadores, Los Arroyeños , los brasileños Renato Borghetti, Borges, hasta los mas jóvenes como Hugo Romero, Claudio Cecolli, Ricardo C nepa, podría llenar libros. He compartido escenarios con muchos de ellos, con algunos más participé en grabaciones, como Néstor Marconi, Fernando Suárez Paz, Marcelo Nissinman, Gabriel Senanes, Livia Barbosa, Horacio Romo. Y esta vida me dejó un maravilloso recuerdo y un eterno amigo: Hamlet Lima Quintana.

LP - Los discos significan un capítulo aparte en la vida del músico. Analicemos cada uno de ellos desde el editado en Redondel.
G.Z. - En 1976 grabé mi primer disco. Era una época de soledad musical, preñada de recuerdos entrerrianos. Hoy, a la distancia, creo que fue un buen trabajo y la mayoría de las composiciones que lo integraron lo demuestran, porque aún hoy son parte de mi repertorio. El segundo fue un intento ampuloso pero no muy feliz. Los instrumentos y arreglos, todos impecables, se alejaban de mi estilo, por eso volví a editarlo tiempo más tarde bajo el nombre de "Presagiado". "Entrerriano", con muchos invitados me trajo algunas satisfacciones no sólo por la tem tica y sus intérpretes sino porque lo sentí más cercano a mis características musicales. En el medio de estos intentos, gané nuevas experiencias participando en distintas placas. Con Teresa Parodi, en una edición de La Scala de San Telmo y en un magnífico álbum de pianistas argentinos, codeándome con maestros de primer nivel. Ahora le llegó el turno a "Apariciones". Un intento de acercarme a algunos de los más auténticos y un propósito de contribuir a una difícil pelea, no tanto con los dueños del negocio y la difusión sino contra la pasividad siempre justificada de los argentinos que, en su mayoría, parecen gozar con que los lleven de las narices al juego de otros, ignorando las maravillas que desperdician sus oídos y su emoción.

LP - Tuviste la visión de encarar la música también desde lo empresarial apostando a la propia editora y productora.
G.Z. - Un día, sin percibirlo claramente, me vi inmerso en el mundo del disco.
Fue y es un hermoso y doloroso intento. Quién puede quitarme la satisfacción de editar a Eduardo Falú, Omar Moreno Palacios, María Silva, José Col ngelo, Estela Telerman, Eleonora Noga Alberti, la Orquesta de C mara ARTIS, Oscar Alem y Emilio de la Peña, al español Kepa Juntera, la sueca Beata S"derberg, Hilda Herrera, Rudi y Nini Flores... Claro que no todo son alegrías. El músico -me reflejo en ello- es un personaje muy difícil que suele reconocer sólo sus valores y pretende m s de lo que merece recibir o ignora lo difícil e ingrato que es intentar una quijotada como Pretal con el propósito m s sano y los bolsillos m s enfermos. No me arrepiento del intento porque al fin quedar el resultado artístico y una experiencia humana para nada desechable.

LP - ¿Cuál es tu opinión acerca de la actual realidad de lo cultural en nuestro país?
G.Z. - Vivo en Buenos Aires, donde se magnifica todo. Sin embargo, el deterioro cultural que padecemos es tristemente auténtico. La penetración de la industria amparada en ese movimiento infame de la globalización va cerrando todos los caminos.
Pero nosotros, los argentinos, y particularmente los habitantes de Buenos Aires, somos los m s funcionales al gran negocio, al menos en la comparación con el resto de América hispana. Tuve la suerte de recorrer muchos países donde ese gran negocio actúa con tanta virulencia como ac , pero en todas partes se encuentra con anticuerpos que, al menos, permite sostener los cimientos de una personalidad cara a cada región y enorme venero para el intercambio que no es otra cosa que el enriquecimiento del arte frente al intento de la "música única" de elaboración industrial.

LP - ¿Podemos mencionar los proyectos en el corto y el mediano plazo?
G.Z. - "Los Tiempos del Agua", es un trabajo que nació como una suite y luego creció con el acople de una cantata. Allí retorno a mi mundo de la composición.
El agua es el hilo conductor que nace en el tiempo y el espacio acotado en este caso por la geografía que me inspiró y que va bordeando el curso de ríos y arroyos con su carga de vida y de muerte, de belleza y de dolor, de amor y de odio. Este trabajo debería estar listo antes de fin de este año, y allí tal vez se encuentren con un Guillermo Zarba m s próximo a la música contempor nea sin perder la esencia que me proyectó como músico. Después vendr , quiz s, un estudio sobre el chamamé, esa maravillosa escondida aún no descubierta totalmente.

LP - ¿Y qué de los premios, esas formas de distinguir que a veces hieren?
G.Z. - No niego la satisfacción que me deparó mi trabajo "Sin Permiso" nominado para los premios ACE de 1994, pero confieso que desconfío de los premios, otro tent culo de las grandes empresas internacionales para posicionar e imponer sus "artistas".

LP - El aplomo y la edad de la madurez como intérprete te tienen como protagonista.
G.Z. - Soy conciente que la condición de intérprete surgió como necesidad. Hasta hoy no encontré quien traduzca mis composiciones como yo las siento aún cuando técnicamente sobren pianistas de enorme calidad. De todos modos, la experiencia me ha fortalecido y hoy reconozco que el estilo suele tener valor. En todo caso, la mayor dificultad estriba en la mimetización del escucha argentino adaptado a las formas jazzísticas de interpretación, donde se valora predominantemente la gran digitación y la improvisación. Me han enseñado que la música tiene otros valores equiparables.

LP - En cuanto a la creación: ¿cuál es el momento de m s y mejor producción propia?
G.Z. - Hace ya varios años que nació la idea de "Los Tiempos del Agua". Hoy, a punto de presentarlo, siento que representa el momento de m s madurez de mi trabajo. Sueño con que pueda superarlo algún día, pero hoy representa mi sensación de equilibrio creativo.

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