Entrevista con Juan Carlos Ceja
Buceando en "El Jaguar Azul"
El viernes por la mañana Juan Carlos Ceja, con mucha armonía y disposición, habló sobre la obra que hoy se va a desarrollar en la sala del
Centro Cultural Municipal.
Para esta puesta se eligió el texto del Chileno Jorge Díaz, dramaturgo
latinoamericano, cuyo argumento es una Crónica de la conquista, pero
con la particularidad de ser contada desde el humor, por dos cómicos
del SXV:
-¿Cuáles fueron las motivaciones para la elección de este texto?
¿Existe alguna afinidad particular suya con este dramaturgo?
-A mí siempre me interesó ese autor. Tenía ganas de trabajar una obra
de él. El Jaguar Azul reunía varios elementos que a mí me interesaban.
En primer lugar, tocaban una problemática que tienen que ver con `el
otro' en la época de la conquista, que me parece que es un momento
interesante. Los `otros' europeos se enteran que existen `otros' a los
que llaman las Indias. Entonces, es interesante el encuentro con
`otros' que hasta ese momento no se conocían.
En segundo lugar, el registro de esa crónica está realizado por actores
ambulantes, actores del camino o actores de la legua, que son dos
cómicos. ¡Bellísimos personajes elaborados por Díaz! Ellos hacen teatro
por los caminos de España y se van mostrando como dos actores que,
desde la pobreza, desde la incomprensión, realizan el sueño del teatro
y el sueño del encuentro con el otro. Recordemos que para aquella época
los actores estaban mal vistos, no se los quería. Se los veía como mala
gente, eran un peligro. Primero por sus vidas: esta gente que andaba
por el camino, es gente sospechosa. Y además, en sus historias cuestionan el poder, dicen las cosas que no se quieren escuchar. A través de
sus obras, construyen espejos donde no todos quieren verse. Eso, ¡es
emocionante! Es hermoso y lúcido. Y esa, sigue siendo la función y el
hacer del actor contemporáneo. Entonces, en ese punto, la obra si bien
está ubicada en el siglo XV, sigue mostrando su función. El teatro no
es puro divertimento, y si lo es, es un divertimento que interpela.
Venía bien elegir esa obra, es también un reconocimiento y homenaje a
lo que es la tarea del actor. Por otra parte, la obra plantea en la
imaginación de "ellos" que América es la posibilidad de lo que ellos no
tienen en su tierra: el paraíso, la riqueza, la comida, el ascenso
social. Estos actores sueñan que a lo mejor en aquella tierra no los
van a correr como en España, los van a ver distintos y van poder
mostrar con felicidad su nuevo arte. Entonces, por eso uno de ellos se
viene a América y bueno, se encuentra con el mundo mulato, el mundo
indígena, que ellos mismos van pariendo, y ahí hay una sorpresa.
Porque, ese mundo tiene cosas nuevas pero también cosas viejas que
ellos mismos trasladan. Entonces, hay una construcción cultural nueva.
Y eso ha sido América, esa mezcla de tensión contradicción entre los
que vienen a instalarse, que creen que las cosas van a ser nuevas y,
ellos mismos, van generando una cultura. Terminan transformándose ellos
mismos, al igual que transforman a los otros. Y esa es una idea fuerte
de Jorge Díaz en la obra: "cuando nosotros nos encontramos, vamos
generando nuevas matrices de cultura, donde subsiste lo de uno y de
otro". Y todo esto contado desde el humor. La obra está construida con
una fuerte decisión de contarla con humor. Y nosotros en el grupo hemos
intentado explotar eso.
Otra idea que me llevó a hacer esta obra, es que juega el teatro dentro
del teatro, porque cuando uno de los personajes se queda en España, que
es Rosa, es ella la que cuenta la crónica de su compañero Diego en
América; y se va desdoblando como para ir llevando ese relato. Eso es
lo interesante porque queda una duda: realmente vinieron a América o es
la fantasía de ellos, que se enteró que existía un lugar llamado Indias
y ella fantaseó esa historia.
-¿Cómo se fue trabajando en el proceso para crear la puesta en escena?
Además, por la época en que se sitúa la obra se ponen en juego cuestiones como: lo ritual, el sometimiento, lo místico. Y a mí se me viene a
la mente un despliegue grandioso como el de "Las Troyanas" ¿Me podrías
adelantar algo?
-El jaguar azul la vengo leyendo desde hace 4 años y cuatro años
intentamos hacerla, y fueron cambiando las personas hasta que llegó
este equipo definitivo. La tenemos como muy caminada. Los actores que
la van a hacer ahora son menos con respecto a los que fueron pasando.
Primero hicimos un trabajo de mesa: lectura y discusiones sobre el
desafío de ver cómo hacíamos esto del teatro dentro del teatro. Los
personajes los jugamos, y los actores los construyeron desde la libertad. Yo como director marco mucho a los actores, soy de guiarlos. Yo
tengo la idea general de la obra, lo que son los personajes, la música
posible, las luces posibles, la ropa posible. De todas maneras, cuando
me encuentro con el escenógrafo, los músicos, primero los escucho
mucho, les digo: ¡Háganme propuestas, háganme propuestas! Y si bien
después les digo lo mío y hago reajustes, acá en el Jaguar hay mucho de
sus propuestas. Hay mucho de los que ellos creían que debía ser: en la
escenografía, en las luces, en los actores. Es una construcción coral,
es lo que cada uno en su rubro propuso, creyó, soñó, la actriz que hace
Rosa así creyó que debió ser Rosa. Hay mucho trabajo expresivo,
corporal, mucha gestualidad. Inclusive, nosotros en muchos momentos
hacemos referencia a la realidad; y los actores son los que han elegido
cuáles son las referencias. Salen del escenario para invadir la sala,
entonces, la cuestión se hace interactiva; hay mucha interpelación al
público. Y El Jaguar tiene muchos núcleos temáticos importantes para
pensar. Pero en realidad, la gente que vea la obra se va a ir con una
sonrisa. Y lo que la hace fresca, la hace actual, -yo que soy profesor
de historia me permito decir esto- es que la historia sólo tiene
sentido si vamos del presente hacia el pasado; justamente, para
iluminar el presente. Y El Jaguar es una comedia con mucho humor que en
realidad contándonos algo, aparentemente muy lejano, nos pone en el
presente.
-¿Me darías una apreciación tuya del Festival de este año?
-Si es que hubo algunas cosas para mejorar no se han notado, yo creo
que lo hay que hacer de este Festival y de los que han pasado es
ponderar realmente este fenómeno artístico. Hay estudios recientes que
dicen que el teatro en el siglo XXI, en cuanto a su convocatoria del
público, medido cuantitativamente, resulta minoritario, y eso no se
puede discutir. Pero si es así, Rafaela pareciera la negación de eso.
El Festival moviliza una gran cantidad de población de la ciudad,
interesada en el hecho del encuentro con el otro eso es compromiso
social, construcción de ciudadanía, compromiso con el otro.
Otra cuestión del Festival, es importante que le hayan dado entrada a
tres obras locales, está bueno eso. Y después, es un fresco que permite
durante cinco días que los que no ven mucho teatro, o los que sí, se
acerquen y vean propuestas estéticas diferentes. Porque el Festival es
muy amplio, en géneros, en posicionamientos frente al teatro. Está el
teatro de `los que dicen que eso es el teatro', y está el teatro que
contrarresta esa afirmación. En el caso de Alas por ejemplo, está la
porfía de hacer el teatro que a nosotros nos gusta, más allá de cuál
sea el tipo de teatro que en este momento está pesando. Porque en
realidad, yo creo que ahí está el hecho de la libertad: yo vengo ahora,
a hablar de lo que yo quiero y no de lo que ustedes me van a imponer. Y
en el teatro hay muchos grupos que reivindican su derecho a la palabra,
y entonces está bueno, porque permite que se vea todo, y que el público
pueda ver ese gran paisaje que es el teatro.
Todo teatro es válido: el dramático, el humorista, el llamado de
vanguardia. El teatro `urbano-pampeano' que es totalmente diferente al
del interior de las provincias, como el del noreste por ejemplo, ellos
hacen otro teatro porque necesitan otro, necesitan hablar de otras
cosas. Nosotros estamos muy condicionados por un circuito: Buenos
Aires, Rosario, Córdoba, pero ese no es todo el teatro del país. Y eso
es lo bueno de esto, porque los Festivales permiten decir: todo el
teatro es posible, no hay teatro viejo, no hay teatro nuevo. Porque, en
última instancia el teatro es derecho a mi palabra, y todas las
palabras son válidas".
Damiana Calcaterra
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20-07-2008

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