La completamente enamorada de Duras
Dora Milea, directora de La Música,
analiza el universo de Marguerite
Duras y reflexiona sobre las
características del trabajo del actor.
"A Marguerite Duras la conocí a través de la versión que el director
Silvio Lang hizo precisamente de La Música", expresa Dora Milea y así,
certeramente, decide instalarse en el corazón mismo de la poética de
una escritora indiscutiblemente francesa, aunque el azar haya dictado
que nació en Indochina. Y completa afirmando que ese encuentro inesperado resultó ser "el choque con un material que me sedujo mucho. Antes
solamente había visto Hiroshima mon amour, el film en el que trabajó
junto a Alain Resnais. Así que después de haberme topado con La Música,
empecé a meterme en ese mundo, y me enamoré de la obra de Duras".
¿La Música puede ser entendida como la tragedia de un reencuentro?
Creo que podría ser una tragedia pero que no llega a serlo, sino que
roza el melodrama. Para mí ese texto es, concretamente, no una historia
de amor sino una reflexión sobre el amor, porque la autora no narra,
sino que dice, afirma, reflexiona. Lo que Duras hace en verdad es
utilizar la historia de una pareja que se separa, de una relación de la
que no sabemos si empieza o si termina, para plantear su propio
pensamiento sobre el amor, el deseo, sobre la muerte literal y metafórica, es decir, sobre lo que se transforma. Que por otro lado son temas
que aparecen en toda su obra. Precisamente, a mí me pasó algo extraño
con este material: primero lo presentí y luego lo descubrí en profundidad. Me atrapó la música interior de los personajes, la música que
resulta de la mezcla de los silencios y los sonidos, porque me parece
que el verdadero texto de esta obra pasa más por los silencios que por
las palabras. Creo que si no existieran esos silencios, lo que verbalizan los personajes podría ser algo meramente cotidiano, lo cual no
significa que lo que se dice carece de profundidad, pero sí que los
silencios cobran una importancia muy grande. De otro modo, la obra
dejaría de ser una reflexión sobre el amor para pasar a ser una simple
historia de amor. Porque la historia entre los personajes es una
anécdota, una excusa que Duras utiliza para pensar en torno al amor.
Un actor se entrega
Así como los silencios ofician de base expresiva fundamental a partir
de la que se dispara la sustancia de las palabras que efectivamente son
dichas, La Música es una obra plagada de intersticios en los que la
autora introduce sus propias observaciones. Una tarea nada fácil le
resta, entonces, al director que intente trasponer esa lógica a la
escena. En este sentido, Dora Milea afirma que "el trabajo actoral fue
sencillo porque Patricia Palmer y Osmar Núñez son muy buenos actores, y
sobre todo excelentes personas. Existe una química especial entre ellos
que se ve en el escenario, y son artistas muy comprometidos, generosos.
Cuando yo les entregué el material, ellos también se enamoraron de La
Música. Así que nos dedicamos a tratar de averiguar y de comprender qué
cosas se dicen en esos silencios que tiene la obra. Al principio
trabajamos con improvisaciones, pero enseguida nos volcamos al texto. Y
era importante descubrir, en esa partitura, cómo decir lo que se
expresa con palabras, pero entendiendo primero qué función cumplen los
silencios. Por otro lado, creo que esta obra necesita dos buenos
actores, justamente para que puedan sostener el imaginario de los
silencios. No es complaciente la obra, no se puede ser complaciente con
el material de Duras. Y creo que para poder llegar al público, para que
esa reflexión sobre el amor pueda ser transmitida, el tránsito de esos
personajes necesita de una entrega total por parte de los actores. Es
una obra que no sucede meramente con el oficio o la profesionalidad del
actor, sino que demanda una profunda entrega de la propia humanidad del
actor. Y creo que Osmar y Patricia, al estar también enamorados de
Duras, logran que eso suceda".
La mirada que dirige
"Trabajar como asistente de dirección durante muchos años, tanto en el
circuito comercial como en el ámbito independiente y también oficial,
fue la mejor escuela que tuve para aprender a desenvolverme como
directora", confiesa Milea, ya en plena reflexión sobre las necesidades, los secretos y las búsquedas propias del oficio de dirección. Y
agrega que "la asistencia de dirección es un rol que yo respeto y
valoro mucho, aunque en el teatro esté bastante desdibujado, incluso
por los mismos directores. Haber visto a tantos actores transitando por
diversos procesos, bajo distintas miradas, y siendo dirigidos con
diferentes códigos y métodos, me sirvió muchísimo. A mí, como directora, lo que más me interesa son dos cosas: el actor, y la imagen sobre
el escenario. Pero son dos elementos que deben estar conjugados. Creo
que todos los detalles que tengan que ver con la imagen son importantes, pero fundamentalmente es importante el actor. Y lo que a mí me
estimula es dirigir a los actores, por lo tanto, me gusta llegar a una
imagen sólo si sucede con el trabajo del actor, a partir de lo que
genera su presencia".
Santiago Alassia
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20-07-2008

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