Me río de la muerte
Extravagante "comedia
policial" con dirección de
Rodrigo Cuesta. Una puesta
curiosa salpicada de cine.
Sobre el escenario un cubo. Sus cuatro lados transformados en cuatro
frentes distintos que funcionan como entrada o salida. El espacio
interno es un departamento, el 7 "A". Somos testigos de un asesinato,
pero vemos la imagen como a través de un vidrio esmerilado, difusamente. Una mujer sentada con una linterna en la mano y acompasando su
cuerpo al ritmo de una música lóbrega que nos remite sin paréntesis a
cualquier escena fílmica de suspenso. Desde el fondo se introduce la
figura de un hombre de movimientos lánguidos, tanteados. Luego de una
discusión arroja a la mujer al piso y la golpea hasta quitarle la vida.
Este hecho inaugural entretejerá una cadena de peripecias desopilantes,
restos del estallido inicial. A partir de ese momento aparecerán cuatro
personajes histriónicos y absurdos que poco a poco irán deshilando esta
historia cada vez más confusa, enturbiada por el frenesí actancial de
los mismos que buscan la resolución del enigma. Tomás, un cafishio
tercermundista con acento paraguayo, hombre básicamente inútil para
disipar cualquier problema; la mujer de Tomás, una enfermera histérica
que se desmaya constantemente; Toro (graciosísimo Maximiliano Gallo),
cuñado de Tomás, prófugo travesti con un seno solo; y una "girl scout",
niña exploradora sedienta de venganza, rubia tarantinesca de textura.
Este cuarteto hilarante generará un encadenamiento de hechos que con
insólita gracia nos conducirán al centro del laberinto. Sabemos que
durante la semana anterior en ese edificio asesinaron a 7 mujeres, una
por cada piso. Tenemos entonces cuatro potenciales homicidas. Como en
todo policial que se precie, en diferentes momentos sospecharemos de
alguno de ellos. Descubriremos que el asesino es la persona menos
supuesta.
Rodrigo Cuesta, el director, afirma que su pasión además del teatro es
el cine. Y se nota, la obra es una compilación de recursos cinematográficos adaptados al teatro. Encontramos técnicas de narración temporales: reducciones, alargamientos, elipsis, flashbacks, imágenes simultáneas. A veces, antes que escenas, vemos planos, con los personajes en
stop. Y, por supuesto, modos de contar propios del montaje fílmico: aceleramientos, cámaras lentas, inversiones, detenciones. Todo con una
sincronización perfecta y apabullante entre iluminación, movimiento del
escenario (el cubo giratorio), gesticulación de los actores y sonido.
La puesta abunda en guiños y citas de películas del género policial y
de acción.
Aplaudimos tanta generosidad de imágenes que desearíamos volver a
experimentar. Sin lugar a dudas una obra diferente.
Jonatan Santillán
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20-07-2008

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