El invitado
Volitum ergo sum
por Mihaela Puica, estudiante (Bucarest, Rumania)
En la vida y en el círculo del tiempo todo se repite: todo
lo que se ha vivido los sabios lo teorizan para que los
sucesores aprendan de ello y progresen. De vez en cuando,
de este círculo brotan casualidades o déjà-vus o déjà-écoutés
o déjà-vécus (ya vividos), que es cuando el ser humano comprende
su condición ontológica.
Solían decir en la Antigua Roma que "nihil volitum quin praecognitum"
(no se quiere nada que no se haya conocido antes). O podríamos leerlo
al revés: el ser humano se apega a todo lo que haya antes conocido (ya
escuchado, ya vivido o como sea). Lo mismo me pasó a mí con el español
y la cultura hispánica. Desde pequeña estaba fascinada por este idioma,
al que aprendía sin el más mínimo esfuerzo y con el máximo de afición. Era
como si a éste lo haya conocido antes (¿quién sabe cuándo?) y en ese
determinado momento algo lo haya sacado a flote para que me apegue a él.
Soy de los que creen que para que una pasión llegue a materializarse
hay que creer en ella con todas las fuerzas interiores hasta convertirse
uno en un crédulo. Porque sólo así logrará uno a convencer al Universo
de que lo suyo va en serio y que no es sólo un estado pasajero del ser
humano. Por ello, tras convencerme a mí misma de mi afición a la cultura
hispánica pasé al más importante de mis proyectos: convertir al Universo
en mi aliado, proceso que sigue ahora también mientras escribo este artículo. Este se desarrolla en varias fases.
Empecé a apegarme a la cultura hispánica leyendo la gran literatura,
desde "La Regenta" de Clarín o el "Nazarín" de Galdós, hasta las
teorías de Ortega y Gasset o la crítica social de Cela. El brote
de mis lecturas, como todo brote muy fuerte, fue haciendo sus
cauces atravesando el océano, hasta Sud América. Allí encontré
la mística del cuento, porque, como decía Gabriel García Márquez
"La vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda y cómo
la recuerda para contarla". Me fascinó la narrativa argentina, que
rinde constantemente homenaje a la imaginación. Esa es todo un "áleph"
para mí. Creo que la efectividad de un cuento se mide en cuántos momentos
de reflexión le dan a uno. Fue así como el cuento "El amor a través de la
mirada" del autor Angel Balzarino se encargó de darme mucho que pensar
sobre la condición limitada de las personas y los sentidos que lo
presencian todo, pero son sólo testigos de nuestras acciones. De estas
reflexiones nació uno de mis poemas "La muerte a través de los sentidos",inspirado por un evento no tan grato de mi vida. Comprendí que el
sentimiento de impotencia ante un hecho viene justamente por negarnos
a seguir los sentidos.
También, mi periplo literario, al que tengo marcado justamente por
reflexiones, me ayudó a establecer conexiones entre lo leído. Porque
cada vez que leo un cuento trato de seguir los sentidos. Y después de
leer el cuento "El centro de la telaraña" del autor Fernando Sorrentino,
mis sentidos me impulsaban a sentir un miedo tan doloroso, muy clavado en
mi índole humana. Pero así como los eventos de la vida se sientan en ese
círculo del tiempo, también los sentimientos pululan alrededor de la
conciencia. Ese sentimiento ocasionado por la lectura del cuento de Sorrentino, parecía haberse anidado en el mismo lugar en el que había dejado el recuerdo de otro miedo surgido de la lectura del cuento "El Acecho" del mismo Angel Balzarino.
Así, mi conciencia fue cobrando capacidades camaleónicas, porque la alegría y el goce de una obra literaria me convertían cada vez más en una voz del autor. Parecía ya que todo el sentir de los personajes me invadía y tenía que ordenarlo de alguna manera. Por ello, he empezado a escribir poemas en los que trato de expresar mis creencias y ciertas dudas relacionadas con lo humano. Eso que llamo lo humano es para mí la vacilación entre una creencia y una idea. Hago la distinción entre estas dos, porque creo que idea es aquello que sustituye la falta de una creencia. No he tenido experiencia directa con todo de lo que he escrito, por eso usé mis ideas acerca de esas cosas. Esta sería la explicación del título de uno de mis poemas (Nostalgia de lo que no he vivido); otra sería mi índole extremadamente nostálgica.
Con esto, he recorrido el círculo del tiempo, pedazo por pedazo.
El resto es déjà-vu!
Datos en primera persona
Para ser más precisa, soy rumana, nacida en Bucarest, estoy en el último año de colegio (17 años). O sea que el año que viene ingresaré a la universidad y me iré a vivir a España. La carrera que escogeré no será relacionada con el arte, ya que estudiaré matemáticas, pero quiero mantener una relación muy estrecha con este dominio de la literatura que me fascina.
Lo mío con el español sigue desde hace más de 10 años, cuando mis padres me llevaron al Instituto Cervantes de Bucarest a estudiarlo, ya que vieron que lo aprendía muy rápido y me gustaba mucho. Desde entonces, lo he "estudiado" por cuenta propia, leyendo la gran literatura hispánica, de todo tipo, mejor dicho, leyendo todo lo que me cayera en las manos.
De cómo conocí a Mihaela Puica y de los curiosos sucesos posteriores
Como durante años he colaborado con diversos artículos en la página de Internet del Centro Virtual Cervantes, veía, cada tanto, entusiastas intervenciones en el Foro del Español y en el Foro del Hispanista, firmadas por Mihaela Puica, una muchacha rumana.
No recuerdo las circunstancias en que "Mica" y yo nos pusimos en contacto vía e-mail, pero sí que intercambiamos algunos mensajes.
Hace poco, en colaboración con mi amigo Cristian Mitelman, escribí un cuento policial titulado "El centro de la telaraña", que firmamos con el seudónimo conjunto de Christian X. Ferdinandus y que fue publicado en la revista española Cuadernos del Minotauro.
Desde luego, le envié un anexo con el cuento a Mica, y entonces fue cuando, una vez más, comprobé que: a) la casualidad y la causalidad son la misma cosa, o b) más modestamente, el mundo es un pañuelo.
Porque Mica, entre otras puntualizaciones, me contestó lo siguiente:
"Al leer su cuento, me hizo pensar en otras de mis lecturas: 'El acecho', de Angel Balzarino (por su tema)".
A lo que yo, perplejo, alcancé a contestarle:
"¿Lo conocés a Balzarino...? Soy amigo de él desde el año 1976; aunque más bien por correspondencia, pues él vive en Rafaela (Santa Fe), y yo, en Buenos Aires."
Bueno, naturalmente le comuniqué a Angel estos detalles y le di la dirección de Mica.
Hasta aquí, yo (Fernando Sorrentino). Que ahora Angel cuente cómo sigue la historia.
Fernando Sorrentino - Buenos Aires, junio de 2008
Poemas de Mihaela Puica
Nostalgia de lo que no he vivido
En el desliz de millares de copos de nieve
Vislumbro el Caos primigenio;
Cada copo flotante se asemeja
A las moléculas del aire...
Una infinidad de partículas ligeras
Brotan de la Nada,
Se me enredan en los cabellos,
Me invaden los ojos.
Alzo la mirada...
Y sigo sus rumbos hacia la tierra:
Su caos me agobia, me aturde.
Los pierdo de vista a la mitad del camino.
Para ellos no hay porvenir,
Nada es previsible,
Se le escapan a cualquier ley natural...
A mi atención.
La orquesta dicta el ritmo,
Los copos de nieve nunca tropiezan,
Nunca se equivocan.
Aunque no tengan cierto paso,
En lo alto del cielo,
Ya nada importa:
Los copos deciden entre ellos sus leyes
Y a mi vista fluyen porque sí.
Todos son iguales,
Pero extraño al que se derritió en la palma de mi mano,
Al que vi en el horizonte y nunca me alcanzó,
A los que están por sentarse en mis pestañas
¡Sois hijos del tiempo
Que vienen y que van!
Absolutamente absoluto
Ayer tuve un sueño
Todo envuelto en niebla
Vi el orden absoluto.
Cogí la pluma absoluta
y escribí el cuento absoluto.
Escuché el canto absoluto
que plasmaba el mundo absoluto.
Esbocé el paisaje absoluto
y me senté en él.
¡Pobre de mi alma!
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