En busca de... Angel Balzarino, escritor
Los textos que se bifurcan
Se trata de un prolífico e inspirado hombre de letras que ha
destinado su tiempo -que es decir su vida- a la obra cuentística
que lo proyectó desde hace muchos años a otros países y a otros
continentes toda vez que el trabajo fue reconocido por su valioso
aporte al idioma castellano. Esta vez, uno de sus cuentos y otro
de Fernando Sorrentino se cruzaron por los espacios literarios de
una estudiante rumana y favorecieron en ella la aparición de un
nuevo poema como síntesis. Y nuestro respetado escritor nos cuenta
la historia.
LP - Cuéntenos de su actividad como escritor en estos últimos tiempos.
A.B. - Además de las habituales tareas cotidianas, indispensables para la subsistencia, trato de cumplir con el mayor fervor y dedicación la actividad de escribir. Así, en estos momentos tengo unos quince cuentos ya terminados. Otros cinco o seis están pasando por el lento y bastante arduo trabajo de corrección. Asimismo procuro desarrollar una novela esbozada hace algún tiempo. El principal objetivo, en todos los casos, es lograr un trabajo lo más digno posible.
LP - ¿Cómo se sucedieron los hechos en cuanto a sus trabajos difundidos en otros países?
A.B. - Dado que los trabajos publicados en otros países suelen integrar antologías que se utilizan para el estudio del castellano en las universidades, con frecuencia me escriben estudiantes para requerir información o efectuar preguntas relacionadas con alguno de los cuentos que están analizando. Y ello sin duda es algo muy significativo y alentador.
LP - ¿Qué sensación le ha producido la noticia de que Mihaela Puica conocía algunos de sus trabajos?
A.B. - Creo haber experimentado la misma perplejidad que Fernando Sorrentino. Tal vez no tanto por ser una persona desconocida sino más bien por residir en un lugar tan remoto como Rumania, donde jamás llegué a imaginar que podría tener algún lector.
LP - Eso refleja con bastante claridad el modo como se está difundiendo su obra.
A.B. - Sin duda. Ello pude percibirlo durante los últimos años, sobre todo desde que mis cuentos comenzaron a difundirse a través de diversas revistas literarias que circulan por Internet y, al tener una exposición tan amplia, llegan a ser conocidos por mayor cantidad de gente. Además, esa posibilidad contribuye a que, de tanto en tanto, algunos de mis trabajos sean seleccionados para integrar antologías editadas en diversos países, como ha ocurrido en los Estados Unidos, Gran Bretaña, México, España, Panamá, entre otros.
LP - Otra consecuencia muy gratificante debe ser la aparición de algún inesperado lector, como Mihaela.
A.B. - Por supuesto. Aunque con bastante frecuencia, por correo electrónico, recibo la opinión de algunos lectores, el súbito conocimiento de Mica tiene un cariz muy especial. Tanto por saber, con innegable júbilo y beneplácito, que mis trabajos no sólo han logrado despertar su interés, y aun su agrado, como lectora, sino también contribuyeron a generarle ideas y sentimientos para plasmar uno de sus poemas, "La muerte a través de los sentidos", incluido en estas páginas, que tuvo su punto de partida en mi cuento "El amor a través de la mirada", en el que se plantean dos situaciones bastante antagónicas: por un lado, un hombre agobiado por los años y la bebida, que pretende revivir, subrepticiamente, una época pasada observando a dos jóvenes hacer el amor, y por otro lado, los jóvenes que se sienten desalentados e impotentes para llevar a cabo la ceremonia habitual cuando ya no perciben la mirada del viejo sobre ellos. Que este cuento haya incentivado un poema de Mica, es verdaderamente halagador y me
oblig a al más profundo reconocimiento.
LP - También resulta significativo que el intermediario para establecer este acercamiento haya sido Fernando Sorrentino, con quien usted mantiene una larga amistad.
A.B. - Efectivamente. Valoro y aprecio muchísimo poder gozar la amistad de Fernando. Dada la distancia que nos separa, como bien dice él, nuestra comunicación se nutre a través de la correspondencia, la lectura de nuestros trabajos, el intercambio de ideas, noticias, proyectos. Para mí ha sido siempre muy importante conocer su opinión sobre mis obras, pues me ha permitido -y me permite- detectar y corregir errores y, sobre todo, me ayuda para lograr, a través de cada nueva obra, un resultado mejor.
LP - Todo comenzó en 1976.
A.B. - Sí. Ese año, un destacado escritor santafesino y querido amigo, Gastón Gori, además de recomendarme la lectura del libro de cuentos "El mejor de los mundos posibles", de Fernando Sorrentino, me dio su dirección con el propósito de que le remitiera mi primer libro, y el único que tenía publicado por entonces, "El hombre que tenía miedo". Poco después Fernando me comunicó que el libro le había gustado mucho y me pidió autorización para incluir uno de los cuentos -"El ordenanza"- en una antología que estaba preparando: 40 cuentos breves argentinos - Siglo XX, que la editorial Plus Ultra publicó en 1977. Teniendo en cuenta que yo era prácticamente desconocido -residiendo en una ciudad del interior, habiendo editado un solo libro de apenas quinientos ejemplares, publicando de tanto en tanto algunos trabajos en diarios y revistas-, haber sido incluido en esa antología tuvo un profundo significado por varias circunstancias: la distinción de ser seleccionado para una obra tan importante, integrar un libro junto a escritores que tenían mayor trayectoria y reconocimiento y, de manera especial, comenzar una cálida, fructífera y afectuosa amistad con Fernando Sorrentino. Poco después eligió otro cuento -"Prueba de hombre"- para integrar Nosotros contamos cuentos, un libro publicado en 1987 y del cual Fernando no se consideró el antólogo, sino más bien el humilde coordinador de voluntades dispersas, según su explicación: "Las cosas sucedieron así. Yo quería formar un libro con cuentos de diez cuentistas estimados por mí: es innecesario decir que yo era uno de esos diez. Los otros nueves tenían en común mantener conmigo diversos grados de amistad o aprecio recíproco. Yo conocía a todos, pero no todos se conocían entre sí". De manera que a lo largo de los últimos treinta años muchos trabajos, sueños, proyectos, formaron parte de una relación que, a pesar de la distancia, siempre se ha mantenido sólida y plena de gratificaciones. Nunca dejaré de expresarle mi gratitud por haber estado siempre cerca, solícito y generoso, desde mis primeros y vacilantes intentos literarios, pasando por el apoyo y buena disposición para dar a conocer mis trabajos, hasta ahora en que me confiere la gratísima oportunidad de comunicarme con Mihaela Puica. Por eso, gobernado por un sentimiento de honor y orgullo, me place sobremanera estar con Mica y Fernando en estas páginas del suplemento La Palabra que, transformado en punto de unión entre Bucarest, Buenos Aires y Rafaela, nos permite dar testimonio de valores tan genuinos y preciados como la amistad y el afecto, la creación y la comunicación a través de la palabra.
La muerte a través de los sentidos
Tus ojos hablan miedo
Tus manos tocan esperanza
Tu oído forma certezas, pero...
Tu boca es el eterno abismo.
Mihaela Puica
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