Aerolíneas, la nueva discordia
Pasa el campo -una forma de decir, al menos hasta ahora- y ya llega
Aerolíneas. Asombrosa capacidad para generar problemas.
En una entrevista reciente Ricardo Cirielli, secretario general de la
Asociación de Personal Técnico Aeronáutico (APTA), quien además fue
funcionario del área durante el gobierno de Néstor Kirchner, siendo
desplazado al asumir la presidenta Cristina Fernández, fueron revelados
aspectos directamente relacionados con la situación que vive Aerolíneas
Argentinas. La empresa que el Gobierno quiere reestatizar a un costo
superior a los 1.000 millones de dólares, aun cuando su patrimonio es
unas diez veces menor, ya que sólo le quedan 6 aviones propios de la
flota de 67 que tenía cuando era estatal.
Dijo Cirielli, que el actual secretario de Transporte, Ricardo Jaime,
debería estar en prisión, ya que "en nombre del Estado firmó los
balances de Aerolíneas desde 2002 a 2006", los que fueron un verdadero
fraude.
Pero lo aún más interesante que reveló Cirielli, más allá de cuestiones
que puedan estar teñidas por diferencias políticas, es que en Madrid se
encuentra un Jumbo 747-400 propiedad de Aerolíneas, el cual sufrió la
rotura de un caño. "Se lo podría traer a Ezeiza sin pasajeros, con tres
motores. Arreglarlo acá costaría 200.000 dólares en repuestos, y la
mano de obra ya está paga. En vez de eso, Aerolíneas le encargó la
reparación a Lufthansa (empresa aérea alemana), que cobra 3,9 millones
de dólares".
Con esta clase de decisiones, que más que eso tiene toda la
característica de un acto de corrupción, no debe llamar la atención que
Aerolíneas se encuentre refundida. Recordemos además, que al pasar a
manos españolas, se vendieron todos los edificios que la empresa tenía
en las principales capitales europeas, la mayoría de los aviones -que
después eran alquilados-, como así también un simulador de vuelo que
era de los mejores del mundo y se destinaba a la preparación de los
pilotos.
La empresa fue vaciada por completo, carece de patrimonio y tiene
abultadísimas deudas, entonces ¿qué intenta hacer el Gobierno? Volverla
al Estado, ponerla otra vez competitiva -lo que significará una
erogación enorme- y después volverla a manos privadas. Queda claro que
no se escarmienta, ya que las empresas aéreas hoy, por los carísimos
valores del combustible, no son rentables. Que se hable claro, sea
creada una nueva línea aérea y la sostenga el Estado. Si ese es el
objetivo, que se plantee de tal manera.
Este intento reestatizador, deberá pasar el filtro del Congreso. Todo
lo que se está revelando sobre los manejos con esta empresa, y más aún
del dinero que estamos hablando -mucho más de lo que podían significar
las retenciones móviles, que le costaron al país un parate de cuatro
meses-, deja vislumbrar que es posible que allí se produzca un nuevo
revés para la Presidenta. Siempre y cuando en los legisladores continúe
existiendo un espíritu crítico, lo cual dudamos que sea así en esta
ocasión, más todavía recordando que en el revés anterior Néstor
Kirchner -en un arrebato incomprensible, si es que existió como lo dice
casi todo el mundo- quiso que su esposa renunciara.
Cuando aún no se apagaron las brasas del campo, se encienden estas de
Aerolíneas. En realidad, no es sencillo comprender esta verdadera
maquinaria de buscarse problemas en que se ha convertido el Gobierno de
Cristina.
¿Por qué no se dedicarán con ese mismo entusiasmo a resolver la
inflación que nos viene comiendo los talones? Pero claro, ¿cómo
enfrentar un problema al que ni siquiera se admite que existe?
A veces es prudente mirar atrás y observar las huellas que se van
dejando, tanto como para comenzar a corregirlas.
Roberto J. Actis
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03-08-2008

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