Las consecuencias históricas de los movimientos revolucionarios de 1893
Hace unos días, LA OPINION publicó el trabajo de la historiadora Blanca
Stoffel, donde se narraron los hechos sucedidos en julio y setiembre de
ese año, cuando la colonia agrícola de la zona se levantó en contra de
las "retenciones agropecuarias" que por ese entonces impulsaba el
Gobierno central. En este nuevo informe, Stoffel relata el clima que se
vivía en los meses posteriores a la revuelta, cuando en distintos
puntos de la Provincia se desató una sistemática persecución de los
elementos rebeldes.
Primera Parte
Terminadas las hostilidades es imposible describir la atmósfera que
vivía el país con el espectáculo de esos ejércitos civiles que se
habían levantado en armas en San Luis, Buenos Aires y Santa Fe,
enarbolando la bandera roja y blanca.
Aplastada la revolución en las provincias, por las fuerzas del orden,
las autoridades iniciaron una sistemática persecución de los elementos
rebeldes que habían formado parte de la revuelta.
El Diario La Capital de Rosario en su edición del 15 de octubre de 1893
ponía a disposición de los vecinos de la campaña las páginas del diario
para que denuncien cualquiera sea su filiación política, los hechos
criminales, abusos y atropellos de que fueran víctimas a fin de que el
interventor de la provincia adoptara las medidas necesarias.
Esto se debía fundamentalmente a que grupos de gente armada o caudillejos anhelaban tomar la justicia en sus propias manos, provocando
incidentes en algunas colonias, asaltando casas, desvalijando a sus
propietarios, amenazando a las familias, tomando en sus propias manos
una autoridad de la que carecían.
Si bien el apelar a la violencia era habitual en la resolución de los
conflictos políticos, es necesario aquí añadir un elemento más. Existía
alguna resistencia de las autoridades tanto provinciales como municipales hacia los colonos extranjeros y cierta protección o beneplácito de
los gobernantes hacia los bandidos rurales que eran populares entre la
población local. Una tolerancia cómplice hacia los criollos y paisanos
aunque abusaran de sus derechos.
Así no sólo los extranjeros debieron luchar contra los indios sino
contra los bandidos rurales. Existía una tensión representada por un
sector de la población rural nativa y los inmigrantes extranjeros. Cabe
preguntarnos por qué esta actitud hostil hacia los extranjeros.
Este mismo día entre las noticias destacadas, esta vez refiriéndose a
Sunchales, el Diario La Capital relataba un hecho singular: "Casabella
con 20 hombres asaltó la Oficina del Juez de Paz y violando su domicilio particular, llevándose armas, ropas y cuanto pudo. Se hace presente
el mayor Orfila Jefe Político de Rafaela quien reduce a prisión a
Casabella y lo envía a Santa Fe. En San Martín de las Escobas un tal
Fernando Jaime ha hecho vandálicas excursiones por San Martín, Sastre,
María Juana y Santa Clara, ha perseguido, allanado y secuestrado a
quien le parezca".
Continúa el Diario relatando: "Cuando estalló la revolución, el piquete
de soldados que aquí había, fugó dejando al pueblo desamparado,
entonces los vecinos, temerosos de que pudieran ser asaltados (...)
organizaron una banda urbana con el ánimo de atender a la defensa de
sus vidas e intereses, en manera alguna para tomar parte a favor de
este o aquel contendiente, formando en las filas del batallón todos los
que de buena voluntad quisieran prestarse a ello. Ahora bien, a todos
los que formaron este cuerpo de guardianes de la seguridad se los
aprisiona y se les lleva a la Jefatura Política donde son víctimas de
atropellos y amenazas, concluyendo por hacerle interrogatorios y
levantarle sumarios. Día a día son traídos a San Martín presos de otras
colonias que calificados de políticos sin serlo y previo al sumario por
ese tribunal son enviados a Coronda".
El 17 de octubre La Capital menciona a "Juan B. Lacroix y Pedro Larrechea que al mando de 500 hombres tala y asola las colonias de las Rosas
y Coronda, Crisóstomo Montenegro y Cepeda en Villa Constitución, Santos
Acuña Juez de Paz de San José de la Esquina, el aprisionador y atormentador del telegrafista Pedro Sosa.,a quien rebenqueó".
El Corresponsal de Villa Constitución en fecha 11 de octubre relata:
"Aquí ya no es vida lo que pasa, las familias emigran a las islas o a
la provincia de Buenos Aires. Los ciudadanos se apresan en media calle
sin pretexto alguno y los hombres y las mujeres son cobardemente
apaleados. Sin ir más lejos, anoche fuimos sorprendidos por los ayes
que daban las víctimas del machete policial, don Miguel Pilar y Sra.
ambos alemanes, a los que se estropeaba bárbaramente a los gritos de
mátenlos, simplemente por una desavenencia que momentos antes habían
tenido con otro vecino. Merced a la actitud enérgica de los vecinos que
ocurrimos a las voces de auxilio fueron dejados, pero hoy temprano el
Sr. Pilar fue reducido a prisión. Probablemente esta tarde se presentará el cónsul respectivo, la señora o bien algún amigo de las víctimas
que se encuentran (...) de los golpes".
Las noticias sobre Ceres no son mejores. "Según se sabe el 9 del cte.,
en la casa del colono Sr. Davicino, uno de los mejores de la Colonia,
presentáronse dos soldados armados, con el pretexto de haber mando para
inspeccionar la casa; paróse uno de ellos en la puerta en posición de
hacer fuego, como si alguien hubiese puesto resistencia, y el otro
ordenando a todos retirarse empezó a visitar los muebles poniendo todo
en desorden y llevando lo que quería. Encontró un Wetterit y 2 revólveres que la familia tenía para defensa y se los llevó; después encontró
una cajita conteniendo el oro de la mujer, la rompió y llevó el oro que
contenía. Otros abusos más ya habían cometido en varias casas como en
la de Ré y Fatta almaceneros. En éste entraron como una banda de
asesinos, escalando el muro los soldados y juntándose en un minuto más
de 10 hombres armados. Llevaron aquí un Wetterit, un Winchester, un
revólver y toda la plata que encontraron y dejando así la casa indefensa. En la de Juan Bonino también llevaron toda la plata que encontraron".
El Diario se pregunta: "¿Cuándo cesarán estos desórdenes? A consecuencia de estos abusos los colonos no se animan tampoco a salir de su
casa, quedando la plaza en todo el día completamente desierta y muerto
el comercio ya tan floreciente. La mayor parte de los colonos y los
mejores ya han resuelto abandonar la colonia y los que aquí no tienen
compromisos o capitales empeñados ya se fueron para otros lugares".
"Uno de la plaza, italiano de nacionalidad, hace 7 días fue llevado
preso por sospechas infundadas y actualmente está detenido todavía e
incomunicado sin ser condenado o por lo menos ser trasladado a una
autoridad competente para juzgarlo. Esto es lo que sucede en Ceres".
El l8 de octubre, el periódico relata los sucesos ocurridos el 8 de ese
mes en Humberto I, cuando una guerrilla de malhechores compuesta de
varios hombres perfectamente montados y armados de respetables facones
llegan a la vecina colonia de Humberto I sembrando el terror entre los
habitantes de la Colonia.
Principiaron sus fechorías dirigiéndose a una chacra situada al Norte
de la estación del ferrocarril en la cual vive una familia italiana (de
apellido Keller) para buscar armas sin hallar ni un solo cortaplumas.
Todo el vecindario sabe bien que el Sr. Keller "no ha tomado participación alguna en política". Ni el transeúnte puede ir tranquilo por la
calle, pues las turbas que recorren las calles los insultan y amenazan
profiriendo gritos de ¡Viva la Patria!, ¡Mueran los gringos!. El Sr.
Keller fue detenido.
Hechos similares relata el diario sobre Coronda, Barrancas, San Carlos,
Constanza, San Genaro, San Lorenzo, Chabas, Tortugas, Centeno ...
En San Martín de las Escobas un lector le comenta al director de La
Capital: "No puede imaginarse Sr. Director el pánico que se ha apoderado de todos a la vista de las persecuciones y lo que es peor que no
sabemos cuándo esta terminará".
"El Presidente de la República el Dr. Sáenz Peña recibió a una delegación de damas de Rosario que viajaron a Buenos Aires para solicitar
gracia para los presos políticos. En su último discurso el Presidente
ratificó sus declaraciones a favor de la libertad y garantía de los
habitantes del país, pero a pesar de ello tenemos conocimiento de que
en las colonias de esta Provincia tales propósitos lejos de ser
secundados, son contrariados en absoluto llevando la alarma y el pánico
a los hogares de los colonos".
El 18 de octubre de 1893 se detallan los hechos que ocurren en Colonia
Matilde en estos términos: "No es esta Colonia más afortunada que las
demás en los graves acontecimientos que se desarrollan actualmente y
que toman cada día mayor cuerpo. Son días, se puede decir, de luto para
nuestra Colonia. He visto con gran pesar que un buen número de distinguidos vecinos y familias honradas se despiden de sus relaciones para
emigrar unos a la provincia de Córdoba, otros a Bolivia, otros a
Montevideo, en vista de la persecución por la que atraviesa la campaña
y la falta de garantías para sus vidas y hacienda.
En tiempos de la administración de Cafferata tuvimos aquí un execrable
Juez de Paz llamado Manuel Reyna, el que consiguió gracias a sus juegos
ser trasladado a la Colonia San Carlos donde también ha dejado impresos
dolorosos recuerdos. Se ha proclamado Jefe del Partido Leivista y se ha
puesto al frente de malhechores que se ocultan en el monte, en que
cometen toda clase de tropelías y depredaciones".
Por su parte los vecinos de Colonia Lehmann han enviado una nota al
Gobernador de la Provincia solicitándole la destitución del Juez de Paz
Juan M. Bouvier por una persona digna y competente pues ha abusado de
su empleo perjudicando al vecindario y amenazando, a causa del entusiasmo que vivió la población, por el triunfo de la U.C. Radical.
El 24 de octubre el diario comenta lo sucedido en Esperanza el 4 del
cte. Cuando llegó el Regimiento 9 de Caballería, se le dieron a algunos
particulares de Esperanza y de Santa Fe dos soldados a cada uno para
que procedieran al registro de las casas y apresaran a las personas
afiliadas al Partido Radical. Cada una de esas comisiones obró por su
cuenta y riesgo.
Una Comisión capitaneada por Alsina lo primero que hizo fue atropellar
la imprenta de "La Unión" secuestrando diarios que debían repartirse al
otro día y apresando a su director sin causa justificada. En seguida
pasaron a la casa de Franciso Muller para apresar a su propietario y el
Sr. Alsina dijo que estaba dispuesto a llevar "vivo o muerto al dueño
de casa".
(Continúa en la edición de mañana)
Blanca Stoffel
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29-08-2008

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