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Sábado 15 de Noviembre de 2008


Locales

Los Maras

Por Silvia Peralta (*)

Los estados de California, New York, Maryland y el distrito de Columbia han sido los destinos que más han atraído a los salvadoreños, tan afectos a emigrar. De esto da cuenta el hecho que uno de cada cuatro está radicado fuera de las fronteras de su país y que de ellos un 94% se halla en los Estados Unidos. Con la gente de El Salvador se instaló el término "mara". Hoy al mismo se lo utiliza para identificar a la célula delictiva dedicada a actividades criminales como el robo, la venta de droga y armas, el asesinato por encargo, el secuestro extorsivo, etc.
La historia del vocablo "mara" es llamativa, hasta interesante. Se originó en el año 1970 cuando la televisión nacional salvadoreña proyectó una película norteamericana estelarizada por Chartlon Heston y que fuera conocida en español como "Cuando ruge la marabunta" o simplemente "Marabunta". Su argumento giraba alrededor de un rico terrateniente que expande sus tierras en Sudamérica y debe enfrentarse a una terrible plaga de hormigas carnívoras de Brasil conocidas como "hormigas ejército".
Quién sabe por qué este film se transformó en un "boom" en El Salvador.
Tanto que "marabunta" sustituyó a la jerga anterior "majada" queriendo significar lo que nosotros llamamos "barra o barrita de chicos". Luego el vocablo se acortó a "mara". Hasta ese entonces carecía de máximas connotaciones negativas. Pero algo iba a acontecer.
Desde 1980 -debido a una salvaje guerra civil- miles de salvadoreños decidieron emigrar a Norteamérica (especialmente a Los Angeles). Aunque había algunos militantes del FMNL (Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional) la gran mayoría eran jóvenes cuyas familias habían sido víctimas de las encarnizadas confrontaciones internas (guerras de guerrillas) las cuales se prolongarían hasta 1992. Aquella sociedad centroamericana -sin movilidad ascendente- se había vuelto contra si misma, convirtiéndose en una trampa malsana. Por eso -con expectativas de progreso- los chicos se fugaban a Estados Unidos. Y lo hacían no obstante la política exterior americana aparentemente simpatizaba con el bando contrario al de sus padres y había apoyado a los contras nicaragüenses. ¿Pero qué sabían ellos de política? Sólo sentían que no tenían dónde más escapar.
Pero volvamos a la historia de la palabra "mara". La cuestión fue que en Estados Unidos se la tomó para identificar genéricamente a los grupos de inmigrantes de El Salvador. Y fue precisamente en Los Angeles en que, a mediados de los 80, se fundaba la famosa y temida pandilla conocida como "Mara Salvatrucha". Su etimología provenía de "salva" por salvadoreños y "trucha" que en su jerga significa "avivado" (aunque también los "salvatruchos" eran los pequeños escuadrones guerrilleros que -por tener componentes avispados o "truchos"- lograban asestar golpes mortales al enemigo y salirse con la suya). En su mayoría los primeros líderes de las distintas células de la "Mara Salvatrucha" habían sido guerrilleros del FMNL.
Aceleradamente los grupos de amigos o "maras" se volvieron violentos y asociados con la delincuencia. Tanto actuaban en delitos barriales independientes -asaltos, violaciones, etc- como para el crimen organizado ya sea en la distribución de droga, secuestros, contrabando fronterizo o asesinatos. Además, con implicancias políticas -y para disputar a fuerzas opositoras territorios o mercado- solían encargárseles movilizaciones tipo operaciones comando. Un ejemplo al respecto fue en 1991, cuando (muy posiblemente financiado por la ultraderecha) ocurrió el levantamiento de South Central de Los Angeles en reacción al abuso policial contra el afro-americano Rodney King. Así las maras generaron una excusa para embestir contra manifestantes de color.
Una de las células que por su transnacionalidad se hicieron más peligrosamente conocidas fueron las identificadas con los números 13 y 18 ("MS-13" y "MS-18"). Sólo en Washington metropolitano tienen más de cinco mil miembros. Y cuentan con otros cuantos miles en Centroamérica.
Por supuesto que actualmente el "M.S" no está constituido sólo por salvadoreños. Al respecto los primeros en ser incluidos fueron otros hispano/latinos (hondureños, guatemaltecos, mexicanos). Es lógico.
Acerca mucho -para la formación y mantenimiento de subculturas- el compartir lengua materna y experiencias. Hoy además de hispanos (que conforman casi la mitad de las maras) hay un 34% de afro-americanos, 10% de blancos no latinos y 6% de asiáticos.
En el presente el pandillaje en Norteamérica ha alcanzado cifras espeluznantes que oscilan entre ochocientos mil y un millón de jóvenes distribuidos en treinta mil pandillas. De ahí que el Departamento de Justicia ha asumido que esta es la más seria amenaza a su seguridad interna después del terrorismo. ¿Y cómo actúan cuando logran arrestarlos? Si tienen documentos y son mayores de edad enfrentan procesos judiciales. Pero como hay muchos menores e indocumentados, simplemente los deportan a sus países de origen. Allí vuelven a reincorporarse a su "mercado" original. O lo que es peor. Organizan otras células en alguno de los tantos países latinoamericanos que ostentan el caldo de cultivo por excelencia: la desocupación y la pobreza producto del creciente estatismo. ¿Y nosotros? ¿podemos imaginar qué podría pasar si llegasen algunos líderes de la Mara Salvatrucha a seducir a las abundantes barras bravas locales?
Pero no imaginemos. Simplemente veamos lo que se hace en El Salvador con sus maras. Cada año y desde el 2003 se prueba un nuevo "Plan Mano Dura". Como las penas ascienden, desde el 2004 se los llama planes "Súper Mano Dura". ¿El resultado? Todos sin éxito. Pues por el lado de las golpizas hasta la muerte, las cárceles o las penalizaciones extremas no va la solución. No es casualidad que hasta ahora la organización más exitosa haya sido la arquidiócesis salvadoreña al ofrecer cursos de formación en oficios para alejar a los muchachos de las maras y sacarlos de la marginalidad. Por supuesto que a los primeros que tratan de captar es a los líderes de las células, para que sirvan de ejemplaridad. Hasta ahora no lo han logrado. Pero en realidad el problema de esa sociedad no son los líderes de las maras. Es la falta de ejemplaridad en la gran mayoría de sus seudo-líderes institucionales.
De todos modos no es para nada fácil encontrar verdaderos líderes, que son los capaces de inspirar haciendo emerger lo mejor, lo más honorable y digno en los componentes de su grupo social. América tuvo que soportar ocho años de autocracia hasta encontrarse con un líder democrático como apuntaba ser Obama. Al respecto -y ya desde las internas- su lema lo perfilaba inspirador. Su "we can" (podemos) era puro fuego presente. Y resultó ser muchísimo más poderoso que el "we will" (haremos) de Clinton el cuál postergaba el accionar para más adelante.
Así y todo en ningún lado se revierten procesos ni se asciende de un plumazo. Le costará a USA. Y si pensásemos en nuestro país (donde hay patológicas estructuras de poder que -alimentándose de comandos barras bravas- disputan los territorios de la gente de bien paralizando así cualquier indicio de movilidad ascendente) más lento y costoso será.
Quizás necesitemos armarnos de la paciencia máxima y pensar que todo es un proceso. Y tomar a la honestidad como la virtud básica que conduzca hacia etapas que sean crecientemente funcionales, depuradamente democráticas y con liderazgos cada vez más inspiradores. Quizás (y para no caer por apresuramientos o inconciencia en las redes que sabemos corruptas) cada uno -tal como lo hicieron los electores de Obama- necesite repetirse con convicción y vehemencia simplemente ¡podemos!

(*) Profesora Universitaria de Inglés. Catedrática de Estudios Sociales Anglosajones del Instituto Superior del Profesorado de Rafaela.

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