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Martes 16 de Diciembre de 2008


La Palabra

El invitado

Presentación del libro "Atalaya del trébol azul" de Fortunato Nari

por Virginia Tessio - docente de Letras

La obra de Fortunato Esteban Nari (poeta, narrador y dramaturgo), nacido en la localidad de Monte Oscuridad y radicado desde hace largos años en Rafaela, integra la producción literaria de los escritores de la "Pampa Gringa".
Sus libros de poemas publicados son "Ventana de Vacaciones" (1955); "Polen y Ceniza" (l980, 2006); "El Ángel y la Tormenta" (1998); "Serafín Sin Fin" (1999) y "Contemplador de Crepúsculos" (2001).
Además publicó cinco textos teatrales "Rey en el exilio", que obtuvo el primer premio de la Dirección General de Cultura de la Provincia de Santa Fe, en 1964 y fue estrenada en Rafaela por el elenco del grupo de teatro "Ricardo Rojas" bajo la dirección de Ariel Abdala. "El habitante" (1973), fue distinguida por el Instituto Internacional del Teatro de la UNESCO; "La tierra está" (1975), fue seleccionada por la Secretaría de Cultura de la Nación, y ganó el premio Labardén en 1957; luego fue estrenada en el teatro María Guerrero de Madrid. Su texto inédito "Azarías" obtuvo en 1957 el Primer Premio en el Certamen de la Dirección Nacional de Radiodifusión. "Rey en el exilio", "La juntadora de huesos" (inédita), y "Tía verde" (inédita), fueron difundidas por Radio Nacional; y la última de ellas ganó en 1967 el Premio del Teatro Municipal General San Martín de Buenos Aires. Otra de sus obras "La consumación del topo" fue Premio del Fondo Editorial Municipal de Rafaela, en 1984. Luego publicó "Aves Mágicas" (1988) y "El canto de Medea".
Nari ha obtenido además distinciones de la Editorial Kraft, la Caja Nacional de Ahorro Postal, el Instituto Nacional del Teatro, la Asociación Santafesina de Escritores y fue designado Caballero de la Orden del Tornillo (creada por Benito Quinquela Martín).
Quienes tenemos algún contacto personal con el autor accedimos a la lectura de otros textos poéticos, teatrales y narrativos, entre ellos una novela, que aguardan su publicación.
Hoy nos convoca un texto teatral "Atalaya del trébol azul", como toda la obra literaria de Nari, profundamente poético. Y debemos mencionar que en la literatura de Nari se evoca un encuentro mítico con la poesía, eje de la existencia del poeta, destino indeclinable, hecho y razón anterior a la propia experiencia vital. El poeta tiene una misión profética, que lo precede y anuncia. La poesía, transfigurada en escritura, es en muchas ocasiones representada por "el canto" o "la voz", que en función metapoética inscribe esta trasposición en lo mítico. Pavese, en su libro "El oficio de poeta", escribía: "El momento mítico es por definición pre-histórico, liminar: apenas se lo entrevé o se lo desflora", y "...la poesía es forma fantástica de la realidad".

Veamos el poema "Por delante de mí":
"Precedido, llegué.
Llegué porque me estabas esperando.
Pero antes de que yo llegara
algo como una voz se había adelantado.
(...)
Y, enteramente mío, ya era tuyo,
ya te había alcanzado
Lo que por mí antes de mí llegó,
Era mi canto..."
Serafín sin fin, p.31.


Esa forma fantástica de experimentar lo real se actualiza también en "Atalaya". En cuanto a la anécdota diremos brevemente que en una chacra, ubicada en "El Alto", montículo de tierra más elevado del terreno de la zona, aparentemente porque allí cayó alguna vez un aerolito, aunque también se dice que "El Alto" surgió por acumulación de basura, habita una familia, guiada por un patriarca obsesionado con un segundo diluvio; por eso en una especie de galpón contiguo a la casa, todo se prepara para cobijarse del próximo desastre, una gran tormenta, signo de la ira de Dios. Este abuelo apocalíptico cree que su estirpe es la elegida, sin embargo es el jefe de una raza envilecida, de violentos y brutos. Pero de repente irrumpe Ariadna, nieta del patriarca, joven y enamorada de Abel, un pobre muchacho del Bajo, despreciado por los Settimo, así se apellida la familia del Alto. Hay entonces una historia de amor, bella y apasionada, hay confusión, deseos de venganza, actos de violencia; una tormenta que se frustra, un mal augurio que no se cumple, y un hombre "nuevo", predestinado a vivir y a continuar la raza, que se impone a un hombre "viejo", corrompido por su propia condición finita y pecadora.
Pero "Atalaya", como todos sus textos, está plagado de símbolos, nada es casual aquí. Por eso Ariadna es como aquella del relato griego, la que le permite al héroe salvarse, la portadora del hilo o del hijo, dicen los personajes; y Abel dice: "Mi María Ariadna querida, la que en las puertas del gran laberinto de la vida me espera...". Y el muchacho, Abel, es como aquél de la Biblia, un labriego, labriego que canta, como nuestro poeta Fortunato, no cree que Dios haya castigado al hombre con el Diluvio, ni que pueda repetirse, es un conciliador, un humanista, es el hombre nuevo.
También debemos mencionar el nombre de la obra, "Atalaya" en este caso se refiere al sitio más elevado del llano, desde donde todo puede verse, pero ¿quién puede ver?, ¿los personajes?, ¿nosotros lectores y espectadores?, en realidad podemos "vernos" en tanto humanidad, hechos de luz y de sombra, un poco ángeles diría Nari, en medio de la Tormenta. En cuanto al Trébol azul de cuatro hojas, Ariadna es quien lo trae, lo ha encontrado y lo menciona como algo extraordinario. Más adelante en la historia, en un diálogo entre los dos jóvenes enamorados, Abel dice a su amada: "Y en el silencio de la noche, vos y yo vendremos después a escondidas, a cubrir este viejo guijarro con una sábana de tréboles azules. Y la disfrutaremos bajo el encanto de los cielos, engendrando y concibiendo las nuevas multitudes que repoblarán el viejo planeta de las maravillas". Recuerdo que Mirtha Coutaz de Mascotti refería en un estudio que el azul en la obra de Nari era la solidaridad, la comunión, en congruencia con este concepto, creo que aquí también significa la esperanza, Abel y Ariadna parecen no estar corrompidos y ser los verdaderos elegidos por la divinidad, por eso el Abuelo, en el final dice a Abel: "Es tuya. Y que Dios los bendiga...".
La obra está inmersa en una absoluta atemporalidad, con sencillez y complejidad, transcurre sobre un escenario imaginario, porque por ahora no hay puesta en escena, sino pura literatura.
Nuestro campo, la referencia a lugares que se reiteran en sus obras como Gronson y Montimusco; la sencilla vida agraria está profundamente presente en esta obra, como en todos los textos de Nari, y es desde aquí, desde un saber que viene de las vivencias de la infancia, que el autor instaura una marca de estilo que lo distingue para hablar de cuestiones que trascienden lo particular, lo local, lo regional, y universalizan sus textos.


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