El invitado
Algo en relación a los cítricos
por Alicia Susana Bruno - estudiante de psicología (Buenos Aires)
¿Qué agradables son las naranjas, no? ¿Tan frescas, dulces,
jugosas, a quién no le gusta su color? En jugo, mermelada,
jalea, licor, ensalada, confitada, en gajitos y de tantas
otras maneras de consumo como ocurrencias tenemos...
¡Nos aportan fibras, vitaminas, antioxidantes, minerales,
fructosa, energía!
De pronto recordé otra alusión a las naranjas...¡la de
relacionarla a nuestra pareja!
En el imaginario social circula esta representación, la
de la pareja-naranja.
Pero no cualquier naranja, sino la "media naranja".
Ser la media naranja de alguien me lleva a suponer que el otro es incompleto sin mí, que soy incompleta respecto de él y que si no hallo mi otra mitad...¡casi no existo!
Afirmo que soy una naranja completa, con fallas, imperfecciones, errores, desaciertos, virtudes, valores, deseos, proyectos, metas, sueños...
Soy una naranja Una, no a medias.
Sería hermoso encontrarme con Otra naranja Uno.
Que ambos seamos Uno y Una sin la menor intención de completarnos o suplementarnos, sí de acercarnos a compartir lo que cada Uno tiene de sí al otro.
Sí, la de seguir creciendo juntos, porque una naranja tiene tiempos de maduración propios.
Pero que nuestro propio crecimiento no dependa de la otra supuesta mitad, porque eso implicaría que el otro tiene que sí o sí hacerse cargo del mismo, lo cual supone que si nos equivocamos en algo "el otro tiene la culpa"...
Qué horrorosa palabra: ¡culpa!
¿Y si en vez de hablar de culpas dentro de la pareja nos proponemos decir "responsabilidades", no sería más productivo a los fines de la misma?
Un Uno o Una que se asume como tal, tiene que hacerse cargo de sus propias "metidas de pata" (al fin y al cabo todos las tenemos, si bien las naranjas no tienen patas...)
Me gusta pensar que somos naranjas completas que seguimos madurando.
Nos acercamos a otra naranja completa para compartir, crecer una al lado de la otra pero desde la autonomía y la libertad.
Desde el respeto por Su propia Unidad. Permitiéndole seguir creciendo. Teniendo en cuenta sus tiempos, sus gustos, sus deseos, apoyando al otro, sin invadir sus espacios privados (por más que seamos pareja).
La media naranja sí o sí para ser Una, tiene que pegotearse con la otra mitad, porque de lo contrario... sigue desesperadamente, angustiosamente, desconsoladamente inacabada.
Si no me siento primeramente bien conmigo misma, siendo Una; difícilmente pueda alcanzar este estado con otra mitad. Porque le cargaría a él un peso que no merece llevar.
Así es que antes aprendo a mejorar en soledad. Es que después de todo no es malo estar sola un tiempo: me instruyo sobre mí misma y me amigo conmigo misma. ¡Caramba que no es poca cosa!
Cuando esperamos que nuestra supuesta media naranja nos salve la vida completándonos... vamos por rumbo equivocado... Podemos sucumbir en separaciones o divorcios porque "pusimos todo, demasiado en el otro" y no tuvimos cuenta que es tan humano como nosotros. Además lo castigamos con el "la culpa de todo es tuya" sin hacernos cargo de nuestras responsabilidades. Facilismo y reduccionismo... al servicio de la detención del crecimiento.
Ya no quiero parecer solemne... pero... me pregunto:
-¿Dónde estará esa otra naranja Uno para esta naranja Una?
El tiempo me responderá.
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