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Lunes 29 de Diciembre de 2008


Sociales

Dos compositores muy especiales en el tango

Juan Carlos Cobián fue un auténtico innovador en nuestro tango, contribuyendo notablemente en su evolución desde las composiciones primitivas hasta las "romanzas". Enrique Delfino ("Delfi") fue un músico de gran encanto y gentileza, de reconocida humildad.

En la vasta discografía tanguera se destacan dos compositores cuyas piezas llaman la atención por su calidad excepcional, calidad que el público adepto al género reconoció de inmediato y así dio lugar a que los mejores intérpretes las incluyeran en sus repertorios más difundidos. Son ellos Juan Carlos Cobián y Enrique Delfino ("Delfi").
Cobián fue un auténtico innovador en nuestro tango, contribuyendo notablemente en su evolución desde las composiciones primitivas hasta las "romanzas" que le dieron al tango, al ser sistematizadas luego por Francisco De Caro, la fisonomía que hoy todos gustamos de nuestra música nacional.
También Enrique Delfino compartió esta responsabilidad, siendo su conocido "Sans Souci" quizás la primer pieza que surgiera en 1917 con ese estilo que a partir de allí predominaría en el universo tanguero.
Juan Carlos Cobián nació en la bonaerense Pigüé en mayo de 1896, de padre español y madre argentina, mostrando desde muy niño una singular vocación musical que influyó para que sus padres lo llevaran al Conservatorio Williams de Bahía Blanca. En 1913 y ya recibido, se radica en Buenos Aires ganándose la vida como pianista en diversos bares y cines hasta que en 1916 integra un trío con otros dos famosos, Eduardo Arolas y Tito Roccatagliatta, para acompañar en un cabaret a Pepita Avellaneda, la primer cancionista femenina.
Durante un prolongado servicio militar encontró tiempo para componer, entre varios otros, dos de sus tangos más conocidos: "A pan y agua", con letra de Enrique Cadícamo, gran éxito de la orquesta "De los Angeles" (D`Agostino - Vargas); y "El motivo", con letra de Pascual Contursi, grabado por Carlos Gardel en 1920 con el título de "Pobre paica".
El éxito y la fama no pudieron frenar los llamados de su corazón, y en 1923 abandonó el país siguiendo a una dama hacia los Estados Unidos, donde no tuvo más remedio que tocar los ritmos de allá y ponerle música a esos híbridos que bailaba Rodolfo Valentino. Allá compuso una de sus mejores obras, "Nostalgias", que con letra de Cadícamo fue gran éxito de Edmundo Rivero y de O. Fresedo con Héctor Pacheco.
Otros tangos que cimentaron la fama de Cobián, siempre con Cadícamo como letrista, fueron "Shusheta", popularizado también por D`Agostino - Vargas, "La casita de mis viejos" y "Niebla del Riachuelo", ambos interpretados magistralmente por Roberto Goyeneche y Edmundo Rivero, "Almita herida" y "El cantor de Buenos Aires" también éxitos singulares del "Polaco" y un tango que originalmente se llamó "Los dopados", de Weisbach y Doblas, que Cobián y Cadícamo re-estructuraron como "Los mareados", del cual existe una versión para coleccionistas de Mercedes Sosa con Roberto Goyeneche.
Cobián falleció a los 57 años en diciembre de 1953, alejado de la actividad musical, como si ya nada le hubiese quedado por hacer o conocer en este mundo.

MUSICO DE GRAN ENCANTO

El otro compositor de algunos de los tangos más románticos que gustamos los amantes del género fue Enrique Delfino, o "Delfi", un músico de gran encanto y gentileza, de reconocida humildad, nacido en Buenos Aires en noviembre de 1895.
Fue según reconocidos investigadores el primer innovador del tango, introduciendo el "refrán", del francés "refrain", que significa estribillo. Sus composiciones sin dudas más famosas fueron "Sans Souci", "Re, Fa, Si" y "Milonguita", en especial esta última que con versos del uruguayo Samuel Linning adquirió de inmediato una fama universal. La estrenó en 1920 María Esther Podestá con tanto éxito que poco tiempo después, en el mismo año, la grabaron nada menos que Carlos Gardel y Raquel Meller, entusiasmando a todo el mundo con el triste final de aquella "piba mimada de la calle Pepirí".
Delfino acompañó a Osvaldo Fresedo a Estados Unidos, grabando varias versiones para la casa Víctor y luego regresó a Buenos Aires para actuar en lo que hoy conocemos como Maipo, en carácter de humorista del teclado, una actuación que décadas después repitiera por varias radioemisoras y que aún hoy guardo entre los recuerdos de mi niñez, haciendo malabarismos con el teclado mientras nos alegraba con una ocurrencia tras otra.
En 1924 viajó a Europa y se encontró con la agradable sorpresa de que los españoles conocían su tango "La copa del olvido", popularizado poco tiempo antes por la compañía de Muiño y Alippi.
En 1938 sufrió el duro golpe de perder la vista, pese a lo cual nunca abandonó su actividad como pianista ni siquiera en los últimos años de su vida. Al fallecer en enero de 1967 había dejado para nuestro deleite tangos de la calidad incomparable de "Griseta", "Aquel tapado de armiño", "Santa Milonguita", "Padre Nuestro", "Palermo", "Ventanita florida" y "No le digas que la quiero", que integran los repertorios de las mejores orquestas y los máximos intérpretes de nuestro tango. Uno de ellos, el hoy poco conocido "No salgas de tu barrio", fue pieza emblemática de Azucena Maizani durante toda la década del 30.
En cuanto a "Griseta" y "Milonguita", creo que son pocos los otros tangos que fueron grabados por tantas orquestas y tantos intérpretes, comenzando por Gardel en 1920 y 1924 respectivamente.

Juan Carlos Perucca

29-12-2008

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