Dos compositores muy especiales en el tango
Juan Carlos Cobián fue un auténtico innovador en nuestro tango,
contribuyendo notablemente en su evolución desde las composiciones
primitivas hasta las "romanzas". Enrique Delfino ("Delfi") fue un
músico de gran encanto y gentileza, de reconocida humildad.
En la vasta discografía tanguera se destacan dos compositores cuyas
piezas llaman la atención por su calidad excepcional, calidad que el
público adepto al género reconoció de inmediato y así dio lugar a que
los mejores intérpretes las incluyeran en sus repertorios más
difundidos. Son ellos Juan Carlos Cobián y Enrique Delfino ("Delfi").
Cobián fue un auténtico innovador en nuestro tango, contribuyendo
notablemente en su evolución desde las composiciones primitivas hasta
las "romanzas" que le dieron al tango, al ser sistematizadas luego por
Francisco De Caro, la fisonomía que hoy todos gustamos de nuestra
música nacional.
También Enrique Delfino compartió esta responsabilidad, siendo su
conocido "Sans Souci" quizás la primer pieza que surgiera en 1917 con
ese estilo que a partir de allí predominaría en el universo tanguero.
Juan Carlos Cobián nació en la bonaerense Pigüé en mayo de 1896, de
padre español y madre argentina, mostrando desde muy niño una singular
vocación musical que influyó para que sus padres lo llevaran al
Conservatorio Williams de Bahía Blanca. En 1913 y ya recibido, se
radica en Buenos Aires ganándose la vida como pianista en diversos
bares y cines hasta que en 1916 integra un trío con otros dos famosos,
Eduardo Arolas y Tito Roccatagliatta, para acompañar en un cabaret a
Pepita Avellaneda, la primer cancionista femenina.
Durante un prolongado servicio militar encontró tiempo para componer,
entre varios otros, dos de sus tangos más conocidos: "A pan y agua",
con letra de Enrique Cadícamo, gran éxito de la orquesta "De los
Angeles" (D`Agostino - Vargas); y "El motivo", con letra de Pascual
Contursi, grabado por Carlos Gardel en 1920 con el título de "Pobre
paica".
El éxito y la fama no pudieron frenar los llamados de su corazón, y en
1923 abandonó el país siguiendo a una dama hacia los Estados Unidos,
donde no tuvo más remedio que tocar los ritmos de allá y ponerle música
a esos híbridos que bailaba Rodolfo Valentino. Allá compuso una de sus
mejores obras, "Nostalgias", que con letra de Cadícamo fue gran éxito
de Edmundo Rivero y de O. Fresedo con Héctor Pacheco.
Otros tangos que cimentaron la fama de Cobián, siempre con Cadícamo
como letrista, fueron "Shusheta", popularizado también por D`Agostino -
Vargas, "La casita de mis viejos" y "Niebla del Riachuelo", ambos
interpretados magistralmente por Roberto Goyeneche y Edmundo Rivero,
"Almita herida" y "El cantor de Buenos Aires" también éxitos singulares
del "Polaco" y un tango que originalmente se llamó "Los dopados", de
Weisbach y Doblas, que Cobián y Cadícamo re-estructuraron como "Los
mareados", del cual existe una versión para coleccionistas de Mercedes
Sosa con Roberto Goyeneche.
Cobián falleció a los 57 años en diciembre de 1953, alejado de la
actividad musical, como si ya nada le hubiese quedado por hacer o
conocer en este mundo.
MUSICO DE GRAN ENCANTO
El otro compositor de algunos de los tangos más románticos que gustamos
los amantes del género fue Enrique Delfino, o "Delfi", un músico de
gran encanto y gentileza, de reconocida humildad, nacido en Buenos
Aires en noviembre de 1895.
Fue según reconocidos investigadores el primer innovador del tango,
introduciendo el "refrán", del francés "refrain", que significa
estribillo. Sus composiciones sin dudas más famosas fueron "Sans
Souci", "Re, Fa, Si" y "Milonguita", en especial esta última que con
versos del uruguayo Samuel Linning adquirió de inmediato una fama
universal. La estrenó en 1920 María Esther Podestá con tanto éxito que
poco tiempo después, en el mismo año, la grabaron nada menos que Carlos
Gardel y Raquel Meller, entusiasmando a todo el mundo con el triste
final de aquella "piba mimada de la calle Pepirí".
Delfino acompañó a Osvaldo Fresedo a Estados Unidos, grabando varias
versiones para la casa Víctor y luego regresó a Buenos Aires para
actuar en lo que hoy conocemos como Maipo, en carácter de humorista del
teclado, una actuación que décadas después repitiera por varias
radioemisoras y que aún hoy guardo entre los recuerdos de mi niñez,
haciendo malabarismos con el teclado mientras nos alegraba con una
ocurrencia tras otra.
En 1924 viajó a Europa y se encontró con la agradable sorpresa de que
los españoles conocían su tango "La copa del olvido", popularizado poco
tiempo antes por la compañía de Muiño y Alippi.
En 1938 sufrió el duro golpe de perder la vista, pese a lo cual nunca
abandonó su actividad como pianista ni siquiera en los últimos años de
su vida. Al fallecer en enero de 1967 había dejado para nuestro deleite
tangos de la calidad incomparable de "Griseta", "Aquel tapado de
armiño", "Santa Milonguita", "Padre Nuestro", "Palermo", "Ventanita
florida" y "No le digas que la quiero", que integran los repertorios de
las mejores orquestas y los máximos intérpretes de nuestro tango. Uno
de ellos, el hoy poco conocido "No salgas de tu barrio", fue pieza
emblemática de Azucena Maizani durante toda la década del 30.
En cuanto a "Griseta" y "Milonguita", creo que son pocos los otros
tangos que fueron grabados por tantas orquestas y tantos intérpretes,
comenzando por Gardel en 1920 y 1924 respectivamente.
Juan Carlos Perucca
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29-12-2008

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