En busca de... Diego Clemente, músico
Ir siempre por más
Con una trayectoria para destacar y numerosos emprendimientos
en diferentes formaciones musicales, comparte con La Palabra
su experiencia con el arte. Se manifiesta agradecido por lo
que pudo disfrutar hasta hoy, a la vez que se entusiasma con
cada proyecto que llega a sus manos o puede generar un nuevo
trabajo.
LP - ¿Te sentís realizado a esta edad?
D.C. - En absoluto, lo único que siento a esta edad es dolor de espalda, ya que tengo tres hernias, por haber cargado tantos bafles en mi vida.
LP - ¿Y con respecto a la música?
D.C. - Menos, me considero solo un quenista que hace canciones, todavía sueño con nuevos lugares para tocar, músicos con los que compartir proyectos y además como tengo la posibilidad de realizar algunas producciones, ocupo mi cabeza con otros proyectos. También me encantaría estudiar bandoneón y clarinete. Espero terminar tocando clarinete en una banda de plaza, como había cuando era chico.
LP - ¿Cuándo y cómo empieza tu vida con el arte?
D.C. - Desde que tengo memoria, en mi casa todo lo relacionado al arte era primordial para mis viejos... bueno, si no fuera por mi viejo, Argentina seguiría teniendo su Biblioteca Nacional en la calle México, en un edificio construido para otra cosa. Mi viejo, todos los fines de semana nos daba charlas a nosotros y nuestros amigos, sobre arte egipcio, griego, precolombino, etcétera. El lo denominaba "Los domingos alegres" y terminaba pasando una película de Chaplin con un proyector, un telón y poniendo música de fondo. Inolvidable para mí y para nuestros amigos. Mi viejo, salteño y escritor, escuchaba tango y discos de percusión, que utilizaba para sus conferencias. Mi vieja, como buena descendiente de alemanes, escuchaba folclore y música clásica. Nunca había apoyado que yo hiciera folclore y un día llegó un piano a casa, ella se sentó, comenzó a tocar Chopin, y tocaba bárbaro!, ahí comprendí porque era contrera en que hiciera folclore. Hoy en día, la única crítica de mi música que respeto, es la de ella.
LP - ¿A quién le agradecés por todo lo que aprendiste?
D.C. - Son demasiados para nombrarlos, pero principalmente a todos los músicos con los que toqué desde niño, ya que siempre me ayudaron a experimentar y a jugar con la música.
LP - ¿Quién te resultó más provechoso a la hora de los consejos y de los saberes?
D.C. - También son muchos, pero principalmente, mi viejo, mi hermano, Jorge Cramer y Guillermo Vezzaro.
LP - ¿Cómo generaste y llegaste a la primera propuesta musical?
D.C. - Se generó sola, jugando con mi amigo Diego Jasca, cuando teníamos 13 años, armamos un dúo, luego trío, llamado "Los Daygos" con el que nos íbamos a tocar a cualquier lado, sin importar el lugar o el estado de sitio que había en Argentina en ese momento. Ambos les decíamos a nuestros padres que nos íbamos a la casa del otro y terminábamos tocando en cualquier lado y a veces en el programa de radio "La peña del camionero" que se transmitía a las 4 de la mañana. El era y es un increíble intérprete de charango y a los dos nos gustaba tocar la guitarra y como buenos niños competíamos y nos peleábamos todo el tiempo para ver quién sacaba mejor los temas, hasta que un día comencé a tocar la quena, y no discutimos más!
LP - ¿Quién te tentó para lograr un disco compacto cuando casi nadie había llegado a eso todavía?
D.C. - El responsable absoluto de que grabase el CD Noviembre, fue Jorge Cramer quien aparte, siento hasta el día de hoy la enorme responsabilidad de corresponder su afecto y confianza con lo mejor que puedo dar en cada grabación.
Recuerdo en esa época, que el "Portugués" Jorge Da Silva, me decía que lo que hacíamos era para más adelante, que los sellos no lo iban a comprender, eso fue lo que decidió definitivamente el nombre del grupo.
LP - ¿Qué es NAN?
D.C. - NAN es una palabra de los indios Yamanas que habitaban en Tierra del Fuego, que significa "No ahora, sino en algún tiempo futuro". No creo en las individualidades, creo en los grupos, en un objetivo compartido, por lo que siempre quise armar un grupo. Es en esencia un grupo de música instrumental, basado en fusionar las rítmicas del folclore latinoamericano, con diversas combinaciones tímbricas, por lo que utilizamos una gran cantidad de instrumentos, como la quena, la mandolina, el sikus, el violín, el acordeón, guitarrón, charango, piano, etcétera, etcétera.
LP - ¿Cómo sobrevivió todo este tiempo?
D.C. - Siempre se trata de plantear algún objetivo importante por año, por ejemplo, fuimos al festival de Jazz de Montreal, al Queen Elizabeth Hall de Londres, giras por Europa, actualmente por Estados Unidos y la preparación del material a grabar. Acá tratamos de tocar, pero se hace muy difícil, cada vez más difícil.
Además, continúo con el proyecto, porque me hace feliz poder compartirlo con la actual formación: Patricio Murphy, Marcelo Pilotto, Jonatan Szer e Irene Cadario, y todavía quiero seguir experimentando y divirtiéndome con la música.
LP - ¿Qué te interesa más en el arte para que se preserve y esté presente en cada propuesta tuya o ajena?
D.C. - La honestidad, en la obra y en el músico.
LP - ¿Cómo vivís tus aportes a otros músicos y tus trabajos con otras formaciones?
D.C. - No diferencio los proyectos, si participo, me integro como si fuera mío y trato de aportar lo mismo que con NAN. Al no ser composiciones mías, me esfuerzo para poder interpretar lo que quiere el compositor. Con Lito Vitale, tocaba exclusivamente los instrumentos de viento, y lo que más me importaba era interpretar las melodías como Lito las había imaginado, con Silvina Garré, o con Zamba Quipildor, la concentración pasa en saber acompañar una voz. Me apasiona, interpretar de antemano algún matiz o pausa que el cantante hace para expresar un tema, que el cantante se sienta acompañado y no que sienta lo mismo que si cantara con una pista.
LP - ¿Qué pensás concretar en un futuro cercano?
D.C. - Un nuevo disco de NAN que se va a llamar "Patagonia" y poder producir y editar una colección de música argentina, con distintos intérpretes que no pueden acceder a los sellos discográficos.
LP - Tus amigos del alma en el ensayo y en el escenario.
D.C. - Todos los músicos con los que comparto un ensayo o el escenario son mis amigos, de lo contrario no toco. Cuando no siento ese afecto, abandono el proyecto inmediatamente, no hago música con quien no aprecio.
LP - Tus referentes más importantes.
D.C. - Mi único referente en la vida es mi viejo, en la música son tantos que no alcanzaría a recordar a todos, pero seguramente el que más me interesa es el músico que no conozco, que me hará emocionar y al llegar a mi casa me den ganas de ponerme a jugar con la guitarra.
LP - Una anécdota jugosa del ambiente.
D.C. - Trato de mantenerme alejado del "ambiente" de la música, y las personales, son justamente tan personales que para el resto de la gente no son graciosas.
LP - Algo más que desees agregar.
D.C. - El oficio de músico es lo más maravilloso que le puede pasar a una persona y a la vez es una tremenda responsabilidad, hay que ser honesto con el sueño del proyecto musical que uno tiene y perseverar para que éste se vuelva realidad.
Hoy en día cualquier persona, opina, hace, compone e interpreta música, y la mayoría de las veces sin el más mínimo conocimiento o la mas mínima sensibilidad para hacerla, por lo que se le hace muy difícil el camino a los nuevos músicos, ya que el horizonte es muy confuso. Tardé 13 años en disfrutar una formación como la de NAN ahora. Irene Cadario, una excelente violinista; Marcelo Pilotto, que es uno de los pianistas más talentosos que he conocido, con ese toque del folclore que ya no abunda; Patricio Murphy, que además de ser un amigo de tantos años, toca la guitarra, la mandolina, el bajo, y cualquier instrumento de cuerda que se le ponga adelante y, si ese instrumento tiene el timbre justo para un tema, él se mata estudiándolo sólo para ese tema, un ejemplo de músico; Jonatan que es el más joven del grupo, virtuoso percusionista, que tiene una alegría de hacer y experimentar con la música que contagia, fue el motor que necesité hace 4 años para no irme y para continuar con el proyecto del grupo.
Valió la pena esperar todos estos años.
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