En busca de... Jorge Luis Crowe, protagonista
Renovador de las formas
Cursó la licenciatura en Artes Plásticas y su profesión es la de
artista visual, realizador de cine y teatro, a la vez que dedica
tiempo a la docencia. Inquieto transformador de objetos y perseverante
buceador de formas nuevas y comprometidas con lo trascendente y lo natural.
Aporta a la estética desde sus incursiones en las distintas ramas del arte
y se identifica con el volver a vivir de las cosas en otros estados. De la
importancia de su trabajo conversó con LA PALABRA.
LP - El arte en tu vida.
JC. - El arte en mi vida... vaya tema para empezar. No conozco otra manera de vivir, ni siquiera la considero. Sue Morrison, una gran maestra canadiense de clown, dijo en su conferencia en el Segundo Congreso de Clown: "una persona no elige ser clown, simplemente no tiene opción...". Creo que esto se aplica también a mi caso. No elijo el arte, es que no me queda otra. ¿Qué hago si no es esto? No quiero ni pensarlo. Alguna vez leí por ahí una definición del arte que me gustó mucho, no recuerdo su autor: "El arte debe cumplir con dos premisas: debe ser totalmente inútil y absolutamente imprescindible". Lo que hago, inútil es seguro. Imprescindible también, al menos para mis días.
LP - El teatro. Su importancia como disparador de propuestas.
J.C. - El teatro me salvó. Primero, allá por el '98 la conocí a Gabriela, actriz, payasa, quien fuera mi pareja por 9 años y actualmente una compañera de la vida. Ella fue mi puente hacia el teatro. Empecé a ver obras, a leer libros que ella me pasaba. Me volví un amante de la actividad. Pero siempre desde afuera, como espectador. En el 2000, Gabriela comenzó un proceso de creación colectiva dirigido por José Luis Valenzuela, un grande. Empecé diseñando los objetos y terminé participando de la dramaturgia, haciendo la técnica, diseñando los afiches. Entré "por un tubo". Luego, al venir a Buenos Aires, tuve la fortuna de ingresar al taller de teatro de objetos de Ana Alvarado. Pronto descubrí que había encontrado mi mundo. Estar en escena es estar en presente, es habitar el cuerpo, es compartir todo de uno con el espectador. Es algo que me llena de miedo cada vez, pero que amo. Dice Alejandro Jodorowsky en un poema: "cesa de sentirte un hijo abandonado, para despertar cumple aquello que te aterra...". En eso de despertar estoy, salir al escenario me aterra y me hace sentir vivo, muy vivo. También amo profundamente el clown, Tengo muchos amigos y amigas payasas, tomo talleres y tengo un blog de fotos de payasos (www.esferacarmesi.blogspot.com).
LP - Lugar que ocupa la música en tu proyecto.
J.C. - El lugar de la música, aunque preferiría decir lo sonoro, es cada vez mayor. Casi todos los últimos objetos que he construido incluyen el sonido. Creo que es la puerta siguiente. A mi me interesan todas las ramas del arte, no puedo evitarlo. El teatro es un espacio generoso que le da cabida a todos los demás géneros, es el hábitat natural donde probarlo todo: sonido, imagen, movimiento, gesto, emoción...
LP - La asistencia técnica con objetos raros.
J.C. - Me encanta hacer realización de objetos para otros proyectos, poner mis habilidades al servicio del imaginario y la poética de otros. Casi siempre me piden cosas insólitas: una gallina mecánica, un monolito que estalle en mil pedazos, un castillo construido con botellas descartables, etcétera. El proceso de diseño, desarrollo y construcción de los objetos me resulta muy estimulante. Lo mismo para mis pequeños montajes o para la obra que realizamos con el grupo La Fase, al que pertenezco. Son todos objetos raros, objetos payasos, ridículos, insensatos. Como de científico de pacotilla.
LP - La imaginación al poder: desarrollar la creatividad en cada uno.
J.C. - La imaginación al poder. Sí. Yo lo reformaría un poco: el poder de la concreción de la imaginación. La imaginación es un espacio de libertad, es el lugar del accidente, del azar, de la libre asociación. Pero siempre que tenga un correlato con el mundo físico. Si no se resuelven los procesos que llevan desde la imaginación hasta la obra terminada, puede ser una experiencia muy frustrante. Imaginar es una actividad intelectual. Todos o casi todos podemos desarrollarla, estimularla. Pero si no volvemos tangible el fruto de nuestra imaginación, si no creamos el objeto o la experiencia que nos encuentre con el público, entonces, creo yo al menos, es un acto estéril.
LP - Tu aporte a la expresión artística desde lo visual.
J.C. - Soy visual, soy eminentemente visual. Hice la carrera de artes visuales en mi Mendoza natal, antes del teatro, antes de la tecnología. Pinté -pinto-, dibujé, hice grabado. Es mi espacio natural. Soy miope además, por lo que tiendo a relacionarme visualmente con lo pequeño y cercano, con los micromundos: insectos, gotas, hojas, flores, partículas en suspensión. Me gusta descubrir en lo minúsculo, un reflejo de lo infinito. Si puedo, lo intento al menos.
LP - La importancia de las formas desde lo estético: ¿vale todo/todo vale?
J.C. - Para mí vale todo lo que la obra necesite. Ahí está el asunto. Escuchar, sentir a la obra, preguntarle qué necesita y volverse un vehículo, un instrumento que permite su existencia. No es algo que experimente muy seguido. Suelo "violentar" a la obra, someterla a mis obsesiones, a mis caprichos. Entonces las formas se vuelven repetitivas, entonces la obra se contamina de la personalidad -que no es lo mismo que la esencia- de uno. Me ejercito mucho en este sentido, con resultados muy disímiles. Creo haber logrado, aquí y allá, pequeños destellos, instantes efímeros donde simplemente me puse al servicio de la creación. Estas pequeñas y escasas gemas me alientan a seguir indagando en esa dirección, y a volver a mi mente una herramienta y no un tirano.
LP - Tu labor docente. ¿Dónde, cuándo, por qué?
J.C. - Mi madre es docente, empezó a dar clases a los ¡16 años!. Se está jubilando actualmente como directora del colegio donde estudió y dio clases toda su vida. Mi padre es docente, ejerció como maestro algunos años de su juventud. Yo empecé mi actividad docente con Gabriela Simón -de quien ya hablé con anterioridad- creando un taller de estimulación artística para niños desde el año y medio a los cinco años, allá por el 2001 en Mendoza. Luego, cuando nos fuimos a vivir a Piedrabuena, en Santa Cruz, trabajé como profesor de Plástica en una escuelita con orientación artística, con niños de 5 a 15 años. Tenía mi propio laboratorio artístico, los materiales los compraba la escuela, contaba con una libertad absoluta para programar las actividades. También trabajé con los niños del Centro Integrador de la escuelita, ambas experiencias profundamente enriquecedoras. Durante todo el 2005 trabajé junto a Gabriela en un proyecto para Cultura de la Provincia de Santa Cruz. Constaba de una exposición de más de 80 juguetes y objetos sonoros -construidos por nosotros- inspirados en la fauna de la Patagonia Austral. Viajábamos a cada pueblo con nuestro auto -a veces, sorteando hasta 200 kilómetros de ripio, o nieve, o hielo en la calzada-, montábamos la muestra, recibíamos visitas de los colegios y el público en general, y coordinábamos talleres de construcción de juguetes para niños y adultos. Una verdadera aventura. Todavía me emociona recordar las instancias de ese increíble periplo. En la página www.farfallona.blogspot.com puede verse un registro de esa maravillosa experiencia. Actualmente, en Buenos Aires, estoy retomando mi actividad docente, también con los juguetes, esta vez reciclando cosas rotas y tecnología obsoleta, incluyendo nociones básicas de electrónica.
LP - Los maestros que destacás en tu camino de aprendizaje.
J.C. - La vida me ha acercado maestros maravillosos, algunos tuve la experiencia de conocerlos personalmente, otros me enseñaron a través de su arte y sus libros. Debo citar a:
- José Luis Valenzuela, mi primer maestro de teatro,
- Ana Alvarado, mi madre teatral, una de las personas más generosas que conozco,
- La "Chiqui" González, ministra de cultura de Santa Fe. Una mujer impecable, íntegra, que transforma sus charlas y sus discursos en hechos artísticos, dejando a la audiencia totalmente conmovida,
- Philippe Genty, uno de los grandes creadores del teatro contemporáneo a nivel mundial, con quien me tuve la oportunidad -a partir de una beca- de estudiar durante un mes. Es el ejemplo viviente de lo que Osho llamaba "Zorba el Buda": una persona disciplinada, profundamente espiritual, casi monástica al mismo tiempo que un sibarita, un amante de los placeres de la vida.
- Alejandro Jodorowsky: de ese gran maestro chileno aprendo a partir de sus libros y su arte: cine, teatro, comic, literatura, no dejó género sin transitar. Comulgo totalmente con su manera de mirar el mundo, es sin dudas el artista que más fuerte me ha marcado a lo largo de mi vida.
- Yogi Bhajan, gran maestro que abrió el conocimiento -hasta entonces secreto- de Kundalini Yoga para todo Occidente.
- Tampoco de Néstor Almagro, mi primer maestro de la vida, médico naturista que me enseño a utilizar la herramienta más simple y poderosa que tenemos: la respiración. También a mi amiga, a mi hermana del Camino, a mi maestra de clown Marina Barbera. Y finalmente y al principio de todo, a Gabriela Simón, mi alma hermana en esto de andar por la vida y el arte.
LP - El compromiso de trabajo junto a Clowns no perecederos y Payamédicos.
J.C. - Conozco a Cristina Marti desde hace un tiempo, conozco muchos payasos y payasas. Mi labor en el clown es periférica, desde la fotografía, desde la realización artística, como alumno de talleres, pero es de un compromiso absoluto. El clown es la manifestación artística más intensa, renovadora, revolucionaria y saludable que conozco hoy. El clown es bello, es inocente, también peligroso, provocador, el clown es "verdadero". Algo que no se puede decir de muchas cosas en este mundo de formas en el que vivimos.
LP - Anécdotas felices de tu vasta experiencia artística.
J.C. - Vasta, lo que se dice vasta no sé si es. Son algo así como diez años. Pero anécdotas tengo muchas. Recuerdo ahora mismo dos que están en mi página web. Allá por el 2000, en Mendoza, llevaba un cuadro al Salón Regional Vendimia de Pintura y Dibujo, el más importante de la provincia. Lo había atado al techo del auto. Apenas llego al Museo donde era la recepción, un pájaro me cagó el cuadro. Tenía vidrio por lo que sólo tuve que limpiar. Gabriela, que me había acompañado me dice: te lo acaba de bendecir, va a sacar el primer premio. Efectivamente así fue. El año pasado, estaba pintando unos pájaros en una tela en un taller que alquilaba en un garage de Chacarita. Tenía que dejar el color de la tela como fondo, por lo que tenía que estar muy atento a no manchar fuera de los contornos de las formas pintadas. Súper concentrado, confiado en mis habilidades técnicas, estaba sumido en la ejecución de la obra, cuando en una maniobra "inexplicable", un pájaro negro, entró volando por la puerta del garage, de ahí ingresó por una minúscula ventana a mi taller y sobrevolando la tela, la cagó -abundantemente- con la puntería de un bombardero para luego posarse sobre la lámpara -flexo- como si fuera una rama. Me quedé pasmado. No pude más que reírme, y luego entender que no se pueden controlar los aspectos de la realidad, que es un flujo permanentemente cambiante y que en consecuencia, es mejor permanecer flexible y preparado. Por lo visto, los pájaros y sus necesidades vienen a enseñarme cosas.
LP - ¿Tus objetos te permiten luchar y hacerle frente a la realidad? ¿Te sirven para la resistencia?
J.C. - Uy! Acá, con todo respeto, entro en conflicto con la pregunta. Valoro a aquellos que ven a su camino como uno de lucha y resistencia. Pero no es el mío. Yo más bien busco rendirme a la Realidad, fluir con los acontecimientos. Busco, no digo que lo logre necesariamente, más bien lo intento abnegadamente. La lucha y la resistencia me agotan y frustran. Tampoco se trata de dejarse llevar a la deriva. Pero, desde mi sentir, si uno se encuentra en sintonía con la verdad de su alma, si uno se está haciendo cargo de llevar adelante su vocación, aquello que lo hace único y necesario en este mundo, entonces la Realidad toda va a colaborar. Y no habrá esfuerzos innecesarios, no habrá lucha, no habrá resistencia. Como dice Nimo: "por lo menos, así lo veo yo."
LP - Vos y la filosofía.
J.C. - El arte de pensar y reflexionar sobre la existencia es algo que me apasiona. Intento buscar una síntesis entre el ejercicio de la razón de mis genes europeos, la visión cosmogónica de los pueblos que habitaron y habitan esta tierra que me vio nacer y la ancestral sabiduría oriental, especialmente la proveniente de la India. A partir de mi pasión por el Yoga -que practico cotidianamente, los 7 días de la semana-, aprendí que no hay entendimiento sin vivencia, sin experiencia. La mente comprende, pero hasta que el cuerpo no comprende, entonces el conocimiento no se arraiga. Creo que para saberlo hay que vivirlo.
LP - Algo más que desees agregar.
J.C. - Uy, no! Creo haberme excedido, me encanta compartir lo que vivo, siento y pienso. Agradezco profundamente la oportunidad que me das de hacerlo. Si alguien siente curiosidad por conocer mi trabajo puede hacerlo ingresando a www.jorgecrowe.com.ar
Espero tener la oportunidad de visitar Rafaela con mis talleres o mis obras en alguna ocasión.
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