EL CRISTAL Y SUS COLORES
La revalorización
Poco menos que invariablemente, por las preocupaciones cotidianas, por
el trajín que casi siempre nos somete a sus consecuencias de cansancio,
estrés, mal humor y desconcentración, son pocas las veces que hacemos
un repaso profundo y sincero de las circunstancias, hechos y situaciones
que nos rodean. Es decir, una revalorización de las cosas realmente
trascendentes, esas mismas que opacan totalmente al resto, ese compuesto
por, muchas veces, nimiedades que en determinado escenario suelen
agigantar su dimensión. Al menos en nuestra mente, es cierto, pero lo
suficiente como para generarnos malestar no sólo a nosotros mismos,
sino a quienes tenemos más cercanos.
Desde el Cristal, en alguna oportunidad habíamos dicho que mirar hacia
atrás era tan importante como hacerlo hacia adelante. El futuro es
vida, es porvenir, es el que vendrá, conviene por lo tanto tratar de
proyectarlo de la mejor manera, al menos en lo que está en nuestra
pequeña posibilidad resolverlo. Pero igual de valioso es el pasado, que
nos muestra la trayectoria recorrida, lo que hemos hecho bien y en lo
que hemos fallado, sin goma de borrar al alcance, pero siempre con la
chance del recurrir al perdón, a la disculpa -algo que suele costarnos
muchísimo- sin advertir que se trata de un acto de grandeza incomparable.
Deben a veces darse algunos episodios no queridos para recomponernos en
nuestro espíritu, para volver la mirada atrás, y hacer así una revalorización
indispensable, que debería ser muchísimo más frecuente. Es que
es la única manera de volver a ver con luz y brillo a algunas cosas que
el tiempo fue opacando.
No aguardemos entonces los tropiezos, ciertas veces provocados por
nosotros mismos, otras inesperados e imprevisibles, para renovar
nuestro espíritu, para recategorizar valores. Siempre es el momento
oportuno, ya que la vida suele estar de nuestra parte, sólo es cuestión
de aprovecharla lo mejor posible. Ofrece muchísimo y tomamos poco.
Se trata, apenas de algunas reflexiones cristaleras sueltas, a veces
sin la necesaria coherencia al no relacionarlas a un hecho preciso y
determinado, sobre el cual no es intención personalizar. Sólo recibimos
los pensamientos y así los compartimos, con la esperanza que alguien,
quizás hoy mismo, realice una revalorización de todo lo que lo rodea. Y
seguro, que trazada la línea del balance, esos pequeños inconvenientes
cotidianos que son inevitables, quedarán en el rubro del olvido. Es que
es tanto lo que tenemos y muchas veces no percibimos...
Cicerón del Bote
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31-01-2009

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