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Jueves 19 de Febrero de 2009


La Palabra

En busca de... Elsa Bragato, protagonista

Con mucho celo por el diario desafío

Signada por una infancia con grandes músicos que frecuentaban su casa, dedicó su formación a las letras para después ocupar un espacio laboral en los medios de comunicación. La participación activa en medios gráficos y orales le permitió conocer esos ámbitos desde el origen mismo de la información. Pertenece a una familia de prestigiosos músicos y en la actualidad dedica su tiempo a los afectos, cuyas historias la inspiran al escribir sus libros.

LP - Su vida con la música.
E.B.- Fue una bendición, antes que los juguetes conocí los sonidos y marcó mi vida para siempre. Fue vivir desde la música, desde el sonido puro. Y la música se transforma en una filosofía de vida. El hecho de que mi padre sea italiano fue un motivo de nostalgias compartidas, sus recuerdos del adiós desde el puerto de Trieste con los pañuelos blancos en alto. De tanto que me lo contó y lloró, sentí que fui parte de esa partida sin retorno.

LP - La niñez y el convivir con los ensayos en la propia casa participando de ellos.
E.B. - Eso fue maravilloso, aunque si pienso en todo lo que trabajó mi madre, me pregunto cómo hizo para servir tantos cafés "a la italiana" a tantos cuartetos que vinieron a casa a ensayar. Pensar que fueron los motivos de juego o distracción para mi hermana y para mí. Había que correr los muebles del comedor y poner las cuatro sillas con sus respectivos atriles. Y encerrarnos con mamá en la cocina, que tenía un patio chico, y no hacer ruido durante dos o tres horas. Mi padre me permitía estar presente sentada en un banquito, que él había hecho y conservo, para que le marcara quién "pifiaba", es decir, qué músico se equivocaba. Y los músicos se equivocaban a propósito para que yo se lo dijera a mi padre. Se reían mucho y así me hicieron aprender afinación.

LP - ¿Frecuentó los ámbitos más importantes del arte del pentagrama por la actividad paterna?
E.B. - Por supuesto que, gracias a mi padre, José Bragato, tuvimos acceso a todos los músicos más renombrados de entonces, tanto de la música popular como de la música clásica. Entre la música popular, recuerdo a los compositores paraguayos, desde Félix Pérez Cardozo pasando por Mauricio Cardozo Ocampo o bien Montbrun Ocampo, Andrés Chazarreta, Sergio Villar, Enrique Mario Francini, Héctor Stamponi, con quien pasábamos las Navidades, todos. Y, en el ambiente clásico, era común que nos consiguiera entradas para los "ensayos generales" del Teatro Colón, o que me llevara a un ensayo, y me mostrara el teatro por dentro. O bien, durante el verano, al famoso anfiteatro de Parque Centenario.
Como yo preguntaba muchas cosas, le pedía al solista de flauta, cuando no estaba mi tío Bruno cumpliendo esa función -hermano mayor de José-, que me contuviera. También íbamos a Radio El Mundo o radio del Estado, entonces, a verlo dirigir las orquestas estables. Nosotras, sus hijas, cargábamos los atriles con ocho años y, muchas veces, las partituras para los conciertos con el Cuarteto Pessina o algún otro "ensemble".

LP - El tiempo personal dedicado a estudiar letras.
E.B. - Me decidí a estudiar el Profesorado de Literatura, Gramática, Latín y Griego ante la negativa de mi padre para que ingresara al Teatro Colón en su coro. Había estudiado canto desde los 5 años con el maestro Rodolfo Kubik y piano desde los 7 hasta los 15 años -fundador de los coros polifónicos en el país- pero papá se opuso tenazmente "a ese ambiente". Entonces fui por Letras. Papá soñaba con que fuera bioquímica. Y realmente no lo sentía. Así que, en las Letras, encontré un buen refugio, soñando con volver a la música.

LP - Un trabajo para toda la vida: el periodismo gráfico en destacado lugar.
E.B. - Empecé como secretaria del Consejo Federal de Inversiones y al año me trasladaron a un equipo paratécnico, así se llamaba, que hacía un diario interno o bien traducciones del inglés o italiano en mi caso de textos técnicos. Y de allí, un señor a quien le compraba los libros a crédito, me invitó a sumarme a la redacción de Crónica porque necesitan periodistas en espectáculo. La idea me aterró, me había movido escribiendo cuentos y haciendo un diario interno. Pero un diario de verdad... Crónica fue una escuela para muchos periodistas. Conocí a Américo Barrios y a su dueño, Héctor Ricardo García, que inmediatamente me dieron un lugar destacado, algo que agradeceré siempre, y que me enseñaron periodismo gráfico, un arte maravilloso.

LP - ¿Cómo se reencontró con su camino intelectual cuando se casó y formó su familia?
E.B. - Todo se lo debo a la música. Hasta mi casamiento y el camino intelectual. Mi padre tocaba en la orquesta estable de Canal 13, y decidió llevarme a conocer el canal, recién inaugurado, porque quería verlo, saber qué era un canal donde mi papá estaba. El asistente musical de la orquesta era Carlos Pierre, escritor rafaelino, hermano de un gran saxofonista, Hugo Pierre. Carlos siempre tuvo un gran conocimiento de la música clásica, de la filosofía y de las artes visuales como el cine, y nos enamoramos a primera vista. Empezamos a intercambiar poemas, escritos, y lo lindo es que mi padre estaba tan feliz con Carlos que me traía sus cartas en la funda del violoncello. Y yo, a mi vez, le enviaba otras. Nunca estuvimos alejados de la música en forma total. Nuestra hija, Laura Andrea Pierre, estudió piano, por ejemplo, como lo había hecho yo, y es desde hace 20 años la secretaria de su abuelo -mi papá- en la oficina Cultural de SADAIC.

LP - Llegar a ser protagonista en la actualidad, con el instrumento que tu padre jerarquizó.
E.B. -Es algo muy difícil para mí. Ha sido una lucha frontal con un apellido tan prestigioso para la música clásica y toda la música argentina porque también mis tíos han jerarquizado la profesión musical. Bruno, el hermano mayor, fue solista del Teatro Colón, y Enrique, el menor, solista de fagot tanto de la Filarmónica como de la Sinfónica. Hace seis años, empecé a estudiar violoncello. Mi padre optó por regalarme uno de los suyos, tiene dos, ante mis reclamos. El me dio dos meses de clases que fueron 8 "masterclasses", algo que jamás olvidaré. He logrado tocar en calidad de amateur. Es un gran sacrificio; está todo dado para que en marzo debute con un grupo de amigos que arman shows de tango todos los años en el Teatro Colonial. ¡Si llego, debuto! Si no, será a mitad de año. Ellos son Ricardo Lister y Alberto Peyrano, heredero de los Peyrano y el pueblo del mismo nombre en Santa Fe, dos personas maravillosas, dos hermanos que nos dio la vida a Carlos y a mí.

LP - El cine y el teatro desde una visión crítica personal para los oyentes y lectores.
E.B. - Si debo hablar del cine nacional, lamentablemente no tengo una buena opinión. Faltan argumentos, guiones, diálogos. No tenemos una escuela de dialoguistas, se filman secuencias anodinas, con un sentido estético y bajadas de líneas muy estilo setentista. Comparando nuestro cine con el internacional, no tengo mucha opción, salvo honrosas excepciones como pueden ser Pablo Trapero, Daniel Burman, Campanella, Sorín, y algunas películas muy puntuales como "El hijo de la novia", "Historias mínimas", "Leonera", y algunas más. Hay demasiado "intelectualoidismo". Respecto del teatro, es diferente. Sólo en la ciudad de Buenos Aires, hay cerca de 400 obras entre viernes y domingos, y en todo el país se realizan diferentes festivales internacionales de teatro de enorme jerarquía. Tenemos excelentes escritores como Viale, Cossa, Gorostiza. Hay una obra que me estremece siempre, "El acompañamiento", estrenada en la época del Proceso. Nuestro teatro es realmente glorioso en todos sus niveles, actorales, autores y técnicos.

LP - La radio como prolongación del trabajo en comunicación: el programa actual en la 1010.
E.B. - La radio es una maravilla. Allí hemos podido conjugar nuestras profesiones con Carlos, él es el productor de nuestro programa "Bragatíssimo", por AM 1010 Onda Latina, los domingos de 12 a 13 y además se recibió en la Asociación de Cronistas de Cine como crítico, por lo que también hace críticas de cine. Yo lo conduzco y hago mi crítica semanal sobre la televisión y el cine. Podemos hacer lo que amamos, que es transmitir nuestra pasión por lo mejor del arte musical, literario, las películas y el teatro, a nuestros oyentes, siempre desde la mayor honestidad intelectual. Además es una forma de seguir unidos a esta altura de la vida, abuelos y jubilados, con nuestras profesiones que fueron tan hermosas y exigentes a la vez.

LP - ¿Cuándo decidió escribir el libro sobre Los Bragato en la Música?
E.B. - Hace poco. Antes escribí "La vanguardia, de entrecasa", pensando en mi madre y su dedicación al hogar, a sus almuerzos y cafés a Piazzolla que siempre requirió a mi padre como su arreglador o casi consejero musical en aspectos sinfónicos. Solía venir mucho a casa, y hasta pasó tres meses ensayando allí cuando regresó de Estados Unidos con su familia, fines de los 50. Luego vino la historia de la familia. Como no quedan Bragato aquí más que mi padre, armé una familia virtual con los Bragato que hay en el mundo a través de Internet. Viajé a conocerlos y así logramos unir muchos detalles del apellido y elementos en común entre los 2500 que somos en todo el mundo. Trabajé durante cuatro años buscando información en diferentes lugares a partir de los datos que me dio una prima lejana pero cercana en el corazón, Nancy Bragato, que vive en San Carlos, California. El tío lejano Angelo Bragato -(hermano del papá de Nancy- me regaló una carpeta con toda su búsqueda y yo seguí con la mía hasta que decidí armar un pequeño libro rindiéndole homenaje a mi abuelo Enrico Bragato, que fue flautista en Italia y acá, a mis tíos y mi padre. Hace 20 años les hice un reportaje a cada uno. Los guardé y finalmente vieron la luz en marzo del año pasado. Los Bragato fueron muy importantes en la música argentina. Mi padre ha sido un difusor de la música latinoamericana en el mundo y lo sigue siendo a través de sus arreglos, y de hacerles la parte de piano a muchos folkloristas muy reconocidos. Y cada uno de los tres hermanos ocupó el lugar más consagrado para un músico: ser solista de nivel internacional.

LP - El tiempo de la madurez y disfrutar de la tranquilidad en familia.
E.B. - Es un buen tiempo el de la madurez. Carlos y yo estamos más unidos que antes, cuando corríamos por nuestros horarios, de día y de madrugada. Es como un reencuentro intelectual y afectivo profundo que nos merecíamos. Nuestra hija nos ha dado dos nietos maravillosos, Natalia y Leonardo, y un gran yerno como Mariano Grandi, por lo que disfrutamos trabajando y siendo abuelos cuando nos requieren. La soledad cotidiana es una soledad fructífera, de trabajo intelectual, de búsqueda de información, de melodías. Es una etapa de felicidad que comparto con Carlos, aunque cada uno esté escribiendo o ensayando en mi caso con el cello en cuartos separados. Es muy bello este momento de nuestra vida.

LP - Lo que quedó pendiente pero con deseos de que se cumpla.
E.B. - Me queda mejorar en el cello y demostrar que la música se lleva en la sangre sobre un escenario, con algún tanguito, nada más, porque una vez que la música "picó" el alma, es como un veneno dulce del que jamás nos podemos recuperar. Es una forma de vida, de sentir a partir de los sonidos. Es raro y bello a la vez. Escribir algún libro más, esta vez de reportajes, y seguir colaborando con Carlos y sus libros. Lo demás está en manos de Dios.
Y quienes quieran comunicarse con nosotros pueden hacerlo en: www.carlospierre.com.ar y www.elsabragato.blogspot.com .


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