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Miércoles 15 de Julio de 2009


La Palabra

El invitado

La vanguardia del tango

por Elsa Bragato* - periodista (Buenos Aires)

Este movimiento surgió a fines de 1954. Y el hogar de mis padres tuvo la suerte de ser uno de sus centros. Mi padre, José Bragato, violoncellista solista del teatro Colón, y mi madre, Herminia Domínguez, su abnegada esposa, amante de la música y estudiante de piano ya adulta, inundaron el hogar con esta revolución musical. En nuestra casa, aquélla de Avenida Córdoba 2053, departamento 3 en Planta Baja, hoy un edificio muy moderno, se reunieron todos los músicos que ansiaban generar nuevos conjuntos tanto de música clásica como popular. Mi padre fue un fervoroso difusor de la música folklórica nacional, paraguaya, brasileña, así como del tango y sus nuevas modalidades. Todo parecía ser más o menos normal, si bien mi hermana (Adriana) y yo ya éramos consumadas "bohemias" siguiendo los caminos de mi padre y nos costaba ir al colegio, tan tempranito, al querido Normal NÝ 1, por dormirnos a las 4 o 5 de la madrugada.
Un buen día apareció en casa Astor Piazzolla. Conocía a mi padre del teatro Colón y como director joven de las orquestas estables de las radios. Y junto a otros músicos, decidió formar el llamado Octeto Buenos Aires. Fue un aluvión, un huracán, una tormenta que azotó a nuestra familia, al hogar de mis padres, tanta energía junta, tantas ofensas por encarar el "nuevo tango" y tantas mentiras también. Piazzolla era muy inquieto, fogoso, apasionado, hacedor de bromas pesadas, siempre riéndose, siempre pensando en el tango que estaba generando con la ayuda de virtuosos en sus instrumentos como Leopoldo Federico, José Vasallo, Elvino Vardaro, Atilio Stampone, el Nene Nicolini, Horacio Malvicino, Enrique Mario Francini, Hugo Baralis, y mi padre, José Bragato. Su único violoncellista en los conjuntos con los que recorrió el mundo, así como su único arreglador y también su copista por excelencia.
Nunca más nuestro hogar fue el mismo. Se vivió una locura musical de la que no éramos concientes. Recuerdo que, en el viejo Canal 7, cuando debutaron, se los trataba de "locos, váyanse al Colón!" y esto lo escuchaba, metida entre el público, esperando a mi padre a quien ayudaba a llevar las partituras y hasta los atriles con sólo 9 años. En el teatro Colón, donde mi padre formaba parte de la orquesta estable y luego fue solista, lo trataban de "tipiquero", una gran ofensa para un músico clásico. Era una suerte de "condena social" para un músico surgido de las filas de los conservatorios Iacopo Tomadini de Udine (su ciudad natal, capital del Friuli, Italia del Norte) y del Manuel de Falla en Buenos Aires.
La llamada Vanguardia tuvo ese nombre por un tango que escribió mi padre. Haciendo una broma musical con Astor Piazzolla, le dijo que iba a escribir un tango imitando su instrumentación, y así surgió "Vanguardista" que fue un himno del movimiento tanguero y le dio apodo para siempre.
Entre otras cosas, que merecen ser destacadas y aclaradas, es que la Vanguardia del Tango que generó Piazzolla junto con sus músicos nunca se propuso dejar de lado el tango-baile, como se creyó, se dijo y se publicó. Recuerdo muy bien que Piazzolla hablaba de "generar un conjunto de tango para aquel que quiera escuchar y no bailar, como hacés vos, José, con los cuartetos de música clásica". Esta frase la escuché muchas veces en mi hogar. Luego se afirmó lo contrario, que la Vanguardia del Tango quería "matar" al tango tradicional y destruir su danza, y esto sí que no fue cierto nunca.
Tanto Piazzolla como Bragato ganaban su sustento no sólo en orquestas como la del teatro Colón sino en las orquestas típicas de entonces, haciendo giras en la época de carnavales por las localidades vecinas a la ciudad de Buenos Aires. Se iban de sus hogares en las madrugadas de los viernes y sábados para ganar algo más tocando en los bailes de entonces, viajando en ómnibus durante toda la noche.
Armar el octeto como hizo Piazzolla fue una manera de hacer un tango que les gustaba, una armonía nueva, diferente. Nada más que eso: proponían la convivencia del tango para escuchar junto con el tango para bailar. Pero no se entendió.
La vanguardia significó varias cosas para nuestra familia: nunca más volvimos a ser los mismos. La condición de "vanguardistas" fue casi un estigma. Por un lado, nos hizo vivir de lleno un gran movimiento cultural, la enorme amistad de mi padre con Astor y su familia, y por otro lado también nos alejó de nuestro padre, así como la familia de Astor vivió lo mismo. Fue una experiencia de vida que marcó a fuego dos hogares.
Fue también un tiempo de ensayos en nuestra casa, de músicos que ocupaban la mesa del comedor copiando partituras, de mi padre corriendo al Colón y a los recitales con Astor. Fue un tiempo de bohemia musical inigualable, de vivencias profundas e imborrables. Ni Piazzolla ni mi padre ganaron dinero o "cachets" como los actuales. Piazzolla tuvo que achicar su amado octeto por un quinteto porque no lo contrataban: los empresarios no querían pagar más que a cinco músicos como mucho. Piazzolla y su quinteto existieron sólo por una razón empresarial que, en un comienzo, no satisfizo las ansias musicales del gran bandoneonista.
Mi recuerdo de Astor Piazzolla es el de un tío riente, feliz, enérgico, apurado, chistoso. Y conservo como regalos inapreciables su tango para mi casamiento con Carlos Pierre, llamado "Melodía en La Menor", que se tocó como concierto previo a mi ingreso al Patrocinio San José, su juego de café, sus tarjetas dedicadas, sus fotos autografiadas y algunas partituras que nos legó.
Lo mejor queda en mi corazón: la alegría de una música que compartimos, su generación, su maduración, y su final.
Ese tango frenético que vivimos a partir de 1954 jamás nos abandonó. Mi padre, a sus 93 años de edad, continúa realizando arreglos de toda la obra de Piazzolla para cuartetos de cuerda, un pedido que en los 80 le hiciera Astor.
Y estos arreglos para músicos clásicos son los que han difundido el nombre de Piazzolla en las grandes salas de conciertos de todo el mundo. "Chapeau" a la Vanguardia, sus hacedores y a dos grandes mujeres: Dedée y Herminia.

* La autora escribió "La vanguardia, de entrecasa", contando las experiencias de las familias Piazzolla y Bragato y la estrecha amistad que las unió.

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