Respondiendo a Miguel Morra
Sr. Director
Como autora de la frase que menciona en la carta publicada el día
24/09/2009, me permito responder a sus inquietudes, procurando transmitir mi sentir y pensar al respecto.
Cuando expreso: "Me pregunto y pregunto a la ciudadanía: ¿por qué
permitimos que la situación se distorsionara de la manera que se
hizo?", la palabra distorsión está empleada en el sentido de politización, o ¿acaso duda Ud. que el conflicto sobrepasa los límites que
tiene el reclamo de un sector económico? A esto me refiero cuando hablo
de distorsión.
Si usted recuerda, esta frase forma parte de una carta que titulé
"dialoguemos sobre la realidad del campo", y si tiene oportunidad, le
sugiero releerla y verá que las palabras que expresan el mensaje que
deseaba transmitir con esa carta son otras: diálogo, realidad (verdad)
y respeto (por la ciudadanía).
Deseo aprovechar la oportunidad que usted me ha brindado, para ampliar
mi pensamiento, sacándolo del contexto del conflicto en cuestión. Mi
preocupación es la falta de verdad en nuestra vida de ciudadanos
integrantes de una comunidad que aspira a la convivencia armoniosa y al
crecimiento de todos sus integrantes. Y si bien la verdad es una tarea
y su posesión total es imposible, no por ello debemos dejar de buscarla
en todos los órdenes de nuestra vida cotidiana.
El sistema democrático nos exige a los ciudadanos decidir, optar,
elegir en forma permanente, y debemos hacerlo a conciencia, y para ello
es necesario aproximarnos lo máximo posible a la verdad. Hablo de
conciencia social, la que debemos construir entre todos, como se
construye la conciencia individual a lo largo de la vida del ser
humano.
Si nos despreocupamos de esta conciencia colectiva, la democracia corre
el riesgo de convertirse en una dictadura de la opinión pública.
La opinión pública, que se considera la opinión de todos, en realidad
no es la opinión de nadie, o lo que es peor, es la opinión de quien la
construye. De allí la necesidad de buscar la verdad, de cultivar y
desarrollar aquellos aspectos individuales que contribuyen al progreso
de una sociedad, para crear así una forma de armonía social que
posibilite vivir en democracia.
Vivir en democracia es convivir con el adversario, y convivir es lo
opuesto a destruir, es respetar, escuchar, compartir, realizando el
máximo esfuerzo por comprender al otro, ya que el día que nos quedemos
sin adversario, nos quedamos sin democracia.
Le agradezco nuevamente Sr. Morra la posibilidad de este diálogo, que
espero no se interrumpa ya que puede ayudarnos a encontrar un camino
para resolver los conflictos que compartimos como sociedad, pero
fundamentalmente deseo expresar mi reconocimiento a este prestigioso
Diario que en forma totalmente imparcial, nos permite expresarnos a
todos, lo que lo convierte en un grande de verdad.
Susana B. F. Sánchez
DNI 10.636.304
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03-10-2009

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