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Jueves 8 de Octubre de 2009


Cartas de lectores

Educación: "apagar el fuego"

Sr. Director:

Las frases de la Directora de una escuela de Rafaela son más que elocuentes, y pintan de cuerpo entero la realidad que se vive en los establecimientos educativos. Realidad que algunos intentan negar, ocultar, minimizar, relativizar pero que a esta altura de las circunstancias las evidencias están más que claras. "Los maestros tienen que dar clase encerrados con llave", "está toda la escuela rota", "necesitamos ayuda, ya", "damos clases custodiados por la Policía".
Creer que las circunstancias que describió esta docente a través de los medios de comunicación, sólo se dan en un establecimiento de la ciudad, o que estas se circunscriben a cierto barrio en cuestión, sería contribuir a tapar una problemática que tiene larga data. Hoy, las situaciones de violencia verbal y física, en mayor o menor grado a las que se exponen niños y educadores, parecen ser más frecuentes que nunca. Sólo resta encontrarse con un colega en cualquier ámbito y recoger alguna "anécdota" que grafique lo que ocurre diariamente en las aulas.
Lo que cabe preguntarnos es cómo llegamos hasta esta situación, porque erróneo sería pensar que esto se dio de manera instantánea y que un día nos levantamos con los problemas de violencia de todo tipo que hoy acontecen en los establecimientos; todo responde a un proceso. Un proceso cargado de omisiones de parte de quienes nos gobiernan, que siguen mirando para otro lado. Por mucho tiempo la orden desde las autoridades educativas ha sido clara: "hay que apagar el fuego". Esta frase hace referencia a tratar de solucionar los problemas que surjan dentro de las aulas de cualquier manera, sin dejar que estos trasciendan más allá de las cuatro paredes. No importa qué consecuencias físicas o psicológicas traiga esto para el docente, o si este se ve o no perjudicado; lo importante es cuidar la imagen de la Institución a cualquier precio. Bajo este delineamiento los educadores se han visto sometidos a situaciones degradantes que coartan sus derechos, sin que nadie los proteja o les brinde el apoyo real para enfrentar la compleja realidad que hoy padecen. Por años nadie brindó una solución concreta, la única que parece que encontraron fue la de "callar al mensajero". Hacerle creer al educador que es su deber soportar todo tipo de degradación de parte de sus alumnos o de los padres de estos. O peor, hacerlo responsable de que dichas situaciones ocurran. Bajo el lema "hay que buscar estrategias", "hay que comprometerse con la realidad", "hay que solucionar los problemas en el aula", muchas autoridades se han desligado de su responsabilidad de hacerse cargo del sistema educativo.
Mientras tanto los especialistas, ¿qué hacen? Organizan talleres de expresión para que los directivos se junten a mirar las estrellas y se encuentren con su "yo". O aconsejan pintar la escuela, para aplacar la violencia. Ponen su ojo crítico en el docente, porque si algo no funciona en el aula seguramente la culpa es el poco empeño que este le pone a su trabajo. Jamás se les ocurrirá pensar que la decadencia educativa-institucional puede darse por la realidad social que hoy se vive, por la falta de cargos que hace que las aulas estén saturadas de alumnos, por la carencia de equipos de trabajo que acompañen la labor educativa, por el salario indigno que hace que los educadores trabajen doble turno o por el constante asedio de padres que intentan judicializar cualquier problema, entre otras cosas. Jamás buscarán las causas en aquello que comprometa al poder político de turno.
¿Alguien se pregunta por qué hay escuelas que no consiguen docentes?
¿Por qué tuvieron que salir a cubrir esos cargos alumnos del terciario que no están recibidos? ¿Qué sucede que hay tantos educadores con problemas psicológicos? ¿A qué se debe que muchos se encuentren medicados? ¿Cuál es la verdadera causa de las licencias médicas que se acumulan a diario? ¿A alguien le importa?
Ya no se puede tapar el sol con la mano. Ya no se puede correr con un baldecito de agua a apagar el fuego. Porque ahora se trata de un incendio. Las situaciones de violencia se multiplican a diario en nuestras escuelas y es necesaria una solución de fondo. Es indispensable ponernos a discutir en serio sobre estos problemas. Que las autoridades educativas caminen la realidad de las aulas y que los docentes participen en las decisiones y lineamientos educativos. Porque en definitiva, un político estará en su cargo cuatro u ocho años, pero un docente lo hará toda su vida. Es importante que los que poseen el poder para tomar decisiones se sienten a escuchar a quienes transitan la realidad escolar, y no que pasen apurados porque tienen que sacarse la foto en otro lugar. Daría la sensación de que les interesa más su imagen política y sumar números, antes de las próximas elecciones, que "perder el tiempo" en resolver los problemas cotidianos. Los docentes necesitan un respaldo estatal que los proteja, que les garantice su integridad física y psicológica a la hora de educar.
Hoy las palabras de auxilio de la Directora que mencioné al principio de mi carta se multiplican por cientos de docentes, sí señores dirigentes, no son tres o cuatro son cientos que siguen esperando una solución real. Que quieren ser escuchados, no por sus compañeros en un pasillo de la escuela, sino por quienes tienen la obligación de dar una respuesta. No cualquier respuesta, sino la necesaria para que las cosas cambien. No alcanza con charlas o cursos donde se den soluciones de laboratorio, sino soluciones reales. No sirven largas plenarias diagnosticando una realidad que ya todos conocen. Basta de remiendos, terminemos de atar con alambre. Hoy si no son los mismos educadores quienes se animen a ser la voz que se levante para reclamar por sus derechos, nadie lo hará. Todo seguirá igual hasta que otro hecho de violencia vuelva a mediatizarse y los medios de comunicación lo reflejen. Entonces saldrán los mismos de siempre a tratar de "apagar nuevamente el incendio" diciendo que aquí no pasó nada. Nuestra dignidad debemos defenderla a capa y espada, no podemos seguir callándonos como si nada pasara.

Prof. Julio C. Armando
DNI 28.133.033

juliocesararmando@hotmail.es

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