Educación: "apagar el fuego"
Sr. Director:
Las frases de la Directora de una escuela de Rafaela son más que
elocuentes, y pintan de cuerpo entero la realidad que se vive en los
establecimientos educativos. Realidad que algunos intentan negar,
ocultar, minimizar, relativizar pero que a esta altura de las
circunstancias las evidencias están más que claras. "Los maestros
tienen que dar clase encerrados con llave", "está toda la escuela
rota", "necesitamos ayuda, ya", "damos clases custodiados por la
Policía".
Creer que las circunstancias que describió esta docente a través de los
medios de comunicación, sólo se dan en un establecimiento de la ciudad,
o que estas se circunscriben a cierto barrio en cuestión, sería
contribuir a tapar una problemática que tiene larga data. Hoy, las
situaciones de violencia verbal y física, en mayor o menor grado a las
que se exponen niños y educadores, parecen ser más frecuentes que
nunca. Sólo resta encontrarse con un colega en cualquier ámbito y
recoger alguna "anécdota" que grafique lo que ocurre diariamente en las
aulas.
Lo que cabe preguntarnos es cómo llegamos hasta esta situación, porque
erróneo sería pensar que esto se dio de manera instantánea y que un día
nos levantamos con los problemas de violencia de todo tipo que hoy
acontecen en los establecimientos; todo responde a un proceso. Un
proceso cargado de omisiones de parte de quienes nos gobiernan, que
siguen mirando para otro lado. Por mucho tiempo la orden desde las
autoridades educativas ha sido clara: "hay que apagar el fuego". Esta
frase hace referencia a tratar de solucionar los problemas que surjan
dentro de las aulas de cualquier manera, sin dejar que estos
trasciendan más allá de las cuatro paredes. No importa qué
consecuencias físicas o psicológicas traiga esto para el docente, o si
este se ve o no perjudicado; lo importante es cuidar la imagen de la
Institución a cualquier precio. Bajo este delineamiento los educadores
se han visto sometidos a situaciones degradantes que coartan sus
derechos, sin que nadie los proteja o les brinde el apoyo real para
enfrentar la compleja realidad que hoy padecen. Por años nadie brindó
una solución concreta, la única que parece que encontraron fue la de
"callar al mensajero". Hacerle creer al educador que es su deber
soportar todo tipo de degradación de parte de sus alumnos o de los
padres de estos. O peor, hacerlo responsable de que dichas situaciones
ocurran. Bajo el lema "hay que buscar estrategias", "hay que comprometerse con la realidad", "hay que solucionar los problemas en el aula",
muchas autoridades se han desligado de su responsabilidad de hacerse
cargo del sistema educativo.
Mientras tanto los especialistas, ¿qué hacen? Organizan talleres de
expresión para que los directivos se junten a mirar las estrellas y se
encuentren con su "yo". O aconsejan pintar la escuela, para aplacar la
violencia. Ponen su ojo crítico en el docente, porque si algo no
funciona en el aula seguramente la culpa es el poco empeño que este le
pone a su trabajo. Jamás se les ocurrirá pensar que la decadencia
educativa-institucional puede darse por la realidad social que hoy se
vive, por la falta de cargos que hace que las aulas estén saturadas de
alumnos, por la carencia de equipos de trabajo que acompañen la labor
educativa, por el salario indigno que hace que los educadores trabajen
doble turno o por el constante asedio de padres que intentan
judicializar cualquier problema, entre otras cosas. Jamás buscarán las
causas en aquello que comprometa al poder político de turno.
¿Alguien se pregunta por qué hay escuelas que no consiguen docentes?
¿Por qué tuvieron que salir a cubrir esos cargos alumnos del terciario
que no están recibidos? ¿Qué sucede que hay tantos educadores con
problemas psicológicos? ¿A qué se debe que muchos se encuentren
medicados? ¿Cuál es la verdadera causa de las licencias médicas que se
acumulan a diario? ¿A alguien le importa?
Ya no se puede tapar el sol con la mano. Ya no se puede correr con un
baldecito de agua a apagar el fuego. Porque ahora se trata de un
incendio. Las situaciones de violencia se multiplican a diario en
nuestras escuelas y es necesaria una solución de fondo. Es
indispensable ponernos a discutir en serio sobre estos problemas. Que
las autoridades educativas caminen la realidad de las aulas y que los
docentes participen en las decisiones y lineamientos educativos. Porque
en definitiva, un político estará en su cargo cuatro u ocho años, pero
un docente lo hará toda su vida. Es importante que los que poseen el
poder para tomar decisiones se sienten a escuchar a quienes transitan
la realidad escolar, y no que pasen apurados porque tienen que sacarse
la foto en otro lugar. Daría la sensación de que les interesa más su
imagen política y sumar números, antes de las próximas elecciones, que
"perder el tiempo" en resolver los problemas cotidianos. Los docentes
necesitan un respaldo estatal que los proteja, que les garantice su
integridad física y psicológica a la hora de educar.
Hoy las palabras de auxilio de la Directora que mencioné al principio
de mi carta se multiplican por cientos de docentes, sí señores
dirigentes, no son tres o cuatro son cientos que siguen esperando una
solución real. Que quieren ser escuchados, no por sus compañeros en un
pasillo de la escuela, sino por quienes tienen la obligación de dar una
respuesta. No cualquier respuesta, sino la necesaria para que las cosas
cambien. No alcanza con charlas o cursos donde se den soluciones de
laboratorio, sino soluciones reales. No sirven largas plenarias
diagnosticando una realidad que ya todos conocen. Basta de remiendos,
terminemos de atar con alambre. Hoy si no son los mismos educadores
quienes se animen a ser la voz que se levante para reclamar por sus
derechos, nadie lo hará. Todo seguirá igual hasta que otro hecho de
violencia vuelva a mediatizarse y los medios de comunicación lo
reflejen. Entonces saldrán los mismos de siempre a tratar de "apagar
nuevamente el incendio" diciendo que aquí no pasó nada. Nuestra
dignidad debemos defenderla a capa y espada, no podemos seguir
callándonos como si nada pasara.
Prof. Julio C. Armando
DNI 28.133.033
juliocesararmando@hotmail.es
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