El problema del mundo según Inodoro Pereyra
"Si no tienen valor
para censurar a los amigos
y elogiar a los enemigos,
no escribas". Polibio.
Por Ricardo Mascheroni (*)
Muchos se preguntarán o deberían preguntarse, por qué y como
consecuencia de qué maldición bíblica, las dos ciudades más grandes y
de mayor importancia de esta provincia, Santa Fe y Rosario, encabezan
las estadísticas de desocupación y pobreza.
Cómo es que La Capital del Estado provincial y la Capital de las
Mercociudades y los Agronegocios, históricamente favorecidas por su
potencial, por los presupuestos oficiales con miles de puestos de
trabajo, por los fondos de los conurbanos y hoy sojeros; asiento una,
de la administración pública y la otra, de las grandes empresas
exportadoras, no han podido solucionar dos temas sensibles a la
dignidad y calidad de vida de las personas, como son el derecho al
trabajo y el flagelo de la pobreza.
¿Cómo puede ser que con tanta acumulación de riqueza y recursos a su
alcance, estas calamidades se multipliquen sin solución de continuidad?
Pese a tantas preguntas, encontramos muy pocas soluciones.
Lo más triste, es que estos desastres son comunes a tantas otras
ciudades con similares características a las referidas.
Seguramente, cada persona, de acuerdo a su leal saber y entender, puede
tener su propia respuesta.
Algunos pensarán que siempre hubo pobres, y que estas ciudades no
pueden ser la excepción; los funcionarios enfáticamente dirán: -la
culpa es de los gobiernos anteriores que nunca hicieron nada para
solucionar el problema y nos dejaron esta pesada herencia. Muchos son
vagos y no quieren trabajar, aseverarán otros y así hasta abarcar todas
las hipótesis posibles. Sin dudas, tampoco estarán ausentes los
hipócritas enriquecidos hasta la obscenidad, quienes, se indignarán al
grito de "la pobreza es un escándalo".
Por desgracia, la sumatoria de esas razones lejos está de reflejar la
verdad y quizás muchos no quieran visualizar que, a mayor riqueza en
pocas manos, mayor pobreza general.
Esto último quizás explique esta suerte de paradoja, en que las dos
ciudades más ricas de la Provincia en términos económicos globales,
tengan el mayor porcentaje de pobres y desocupados y se muestren
impotentes para generar trabajo y brindar lo mínimo necesario para una
mejor calidad de vida de sus vecinos.
Esta opinión no es una excepción a la regla de la economía mundial, que
ha mostrado en los últimos años una polarización impresionante entre la
expansión de la riqueza y también de la pobreza.
La Argentina y nuestra región no han escapado a estas generales de la
ley.
Habría que tener presente que el 20% de la población mundial ubicada en
los países enriquecidos del mundo, consume casi el 85% de los alimentos
producidos por el Planeta, por lo que el 80% de la población restante
debe contentarse con el 15% de los alimentos. Lo gráfico: en una mesa
con 10 comensales, el mozo trae diez milanesas y dos de ellos comen 8
½; los ocho restantes deberán conformarse con 1 ½ milanesa. Cuál es la
resultante: el reinado del hambre.
Veamos algunas coincidencias "casuales" de las dos urbes: ambas a
través de la apropiación del espacio público, han permitido que los
paseos costaneros, portuarios, microcentros con edificios violatorios
de los reglamentos de edificación y barrios exclusivos, crecieran en
cantidad y suntuosidad, mientras tanto los cordones periféricos de
marginación y precariedad han aumentado exponencialmente.
Una y otra han prohijado e impulsado la diversión y el consumo
irracional; y así casinos, salas de juegos, megamercados y shopping
centers se constituyeron para los gestores públicos, en prioritarios
factores de desarrollo y progreso.
Esta concepción del desarrollo a cualquier costo, perversa y
cortoplacista, sin dudas alimenta el circuito vicioso de la
desocupación, la pobreza y la concentración de la riqueza.
Si le sumamos: transferencia de fondos de esos negocios a sus casas
matrices (muchas en el extranjero y que producen desertización
monetaria), deterioro y precarización de las condiciones laborales,
baja estructural de los salarios, desocupación, privilegios impositivos
al capital, surge la verdad de la pobreza actual en el mundo y también
en el país.
Un ex funcionario universitario me decía hace poco: "creo firmemente
que la cultura del esfuerzo, del trabajo individual y solidario y de
una activa intervención racional del Estado podrán ayudar a construir
Una Santa Fe productiva, solidaria, democrática, inclusiva, en la cual,
el juego y los casinos recientemente inaugurados sólo pueden resultar
una falsa opción. Respetamos las expectativas generadas pero esta
circunstancia no nos hace cambiar de opinión respecto de la amoralidad
del juego desde el punto de vista del esfuerzo del Hombre y la
responsabilidad que nos toca a todos. Quería expresarlo porque desde
que ocurrió, siento una gran impotencia al advertir la incoherencia que
significa educar y aplaudir el juego, sin hacer al menos, una reserva".
Creo como muchos que cuando más riqueza hay en pocas manos, más pobreza
hay en muchas manos. Y además estoy convencido de que así como la
riqueza se genera, también la pobreza se genera.
Una y otra, son las caras de una misma moneda, llamada injusticia.
Indudablemente que los emprendimientos referidos tienen mucho que ver
el aumento de la riqueza y la consiguiente generación deliberada de la
pobreza.
Que muchos hablan de la pobreza nos es ninguna novedad, pero nadie se
hace cargo de su paternidad.
Tan es así, que hace unos días un encumbrado dirigente ruralista,
decía: "Estamos convencidos de que desde el campo podemos contribuir a
que esto cambie, trayendo las divisas que son necesarias para
equilibrar la balanza comercial y después agilizar las importaciones.
Podemos aumentar los puestos de trabajo con una mayor producción. Y en
ese sentido, podemos combatir la pobreza y la indigencia dándole una
oportunidad a nuestros jóvenes, y recuperar los pueblos del interior
con una mayor actividad económica".
Estas palabras me generaron algunas dudas y pensé: ¿cómo es que estos
altruistas personajes, no tuvieron la oportunidad de gobernar el país
para que las cosas cambiaran para bien? ¿Tan ciegos hemos sido?
Pasada la confusión momentánea, de algunos manuales de historia rescaté
algunos apellidos patricios como: Uriburu, Martínez de Hoz, Roca (el
del pacto Roca-Runcimann), Alsogaray, Alemann, Krieger Vasena, Martinez
de Hoz (nuevamente), Cavallo (varias veces), y seguramente se podrán
aportar muchos más.
Estos señores, ¿no tuvieron ni tienen nada que ver con esa dirigencia
que hoy dice estar en condiciones de salvar al país? ¿No gobernaron
gran parte de la historia nacional desde 1930 hasta ahora? ¿Por qué,
entonces, no generaron los cambios que anuncian?
La respuesta es simple: esos sectores han sido y son los artífices de
la pobreza que asola al país, ya que para acumular riqueza, se necesita
sí o sí del derrame de la pobreza.
En una lección de política de alto vuelo, que centra el eje del debate
en su justo término, el genial e inolvidable Fontanarrosa, ha puesto en
boca de su personaje Inodoro Pereyra, lo siguiente: "Creo que el
problema del mundo, no es el injusto reparto de la riqueza, Mendieta;
Es el generoso reparto de la pobreza".
La afirmación de Inodoro Pereryra no es un chiste; la pobreza y la
injusticia tampoco.
(*) Docente e investigador universitario.
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10-10-2009

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