EL CRISTAL Y SUS COLORES
La hora y los desacuerdos...
Queda claro que los argentinos estamos vivienda en disidencia
permanente, dicho de un modo bastante suave, pues en realidad esas
diferencias suelen transformarse en duras confrontaciones. Es una
metodología que viene desde arriba hacia abajo, y que aun cuando
produce más rechazos que adhesiones, no puede -al menos por ahora- ser
modificada.
Cómo será la cuestión que ni siquiera en el huso horario logramos
ponernos de acuerdo. El domingo que viene el Gobierno nacional dispuso
adelantar los relojes una hora, medida que dura hasta el mes de marzo,
so justificación del ahorro de energía, que en el mejor y optimista de
los casos puede llegar a un 2 por ciento del consumo. No es poco,
tampoco es mucho, según como se lo mire. Pero lo más sustancioso es que
pocos confían en esa cifra, ya que muchas provincias que han hecho sus
propias mediciones, sostienen que el ahorro -si es que en realidad
existe- es menor a ese 2 por ciento. Entonces ¿para qué hacer el cambio
de hora con todas las molestias y cambios de hábitos que significa en
la población?
Pero más allá de si es conveniente o no el cambio de hora, aclaremos
que el Cristal está en desacuerdo con la medida, pero muchísimo más en
esta vigencia de diferentes horarios en el país, según en qué provincia
uno se encuentre, esto último es lo que realmente importa, y
trasciende, convirtiéndose, casi, en todo un símbolo de la Argentina
disidente de esta época.
Es que si no podemos ponernos de acuerdo en algo tan simple como la
hora, ¿qué podemos esperar del resto en que hay diferencias económicas,
ideológicas, políticas, religiosas, sociales y culturales?
Por otra parte, en este tema del huso horario debe ser uno de los
poquitos en que se respeta el federalismo, es decir, la plena libertad
de las provincias en tomar sus decisiones. Claro, aquí, en algo tan
simple como la hora, no vale la pena invertir los recursos que el
Gobierno nacional usa como metodología de presión para otras
cuestiones, como para convencer a senadores -el caso de la correntina
es clarísimo- para definir leyes. Y ojo, no estamos en contra de ese
respeto y del uso de elección que tiene cada provincia, es más que
justo, pero debería ser en todo.
Lo que ocurre, es que teniendo un gobierno central dialoguista,
buscador de acuerdos y consensos, mediante ese uso debería lograrse
unidad en algunas cuestiones esenciales. Por ejemplo esto de la
uniformidad del huso horario, o bien una única ley de tránsito en todo
el territorio nacional. No como sucede ahora, en que lo que es penado
en una provincia no lo es en la otra, desorientando a los conductores,
de por sí desprevenidos. Algo más que influye en que seamos el país con
récord de muertes por accidentes carreteros, y que el gobierno, mejor
dicho los gobiernos, podrían resolver. Es cierto, además de muchas
otras cosas, como hacer autopistas por ejemplo.
Nos desviamos del tema de la hora, o tal vez no tanto. Es una
fehaciente muestra de lo que nos sucede a los argentinos, hacia la
división que nos han inducido y a la que nosotros también hemos
contribuido. Es que, muchos que conducen -y así lo dice la historia- lo
logran empleando la división de la sociedad, y cuando así no lo
consiguen, el autoritarismo y la fuerza. De una cosa a la otra, hay un
solo pasito.
Cicerón del Bote
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10-10-2009

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