En busca de... Délfor Amaranto Dicásolo, actor, productor, imitador, publicista, dibujante, redactor, guionista
Humorista en serio
Hombre de mil perfiles, genio inimitable, inventor de
programas radiales exitosos. Suceso nacional en los años
sesenta que trascendió las fronteras de nuestro país. Célebre
personalidad de la radiofonía argentina que -enfático y ameno
en la charla- le cuenta su historia a LA PALABRA.
LP - Nos gusta iniciar la charla conociendo cómo fueron los primeros años de vida, el lugar de nacimiento, la escuela...
D.D. - Nací en el 20. Mi infancia fue muy linda porque era una familia muy grande. Yo era el séptimo hijo varón y había seis mujeres también. La pasé muy bien, muy feliz, la familia muy linda. Mis padres eran napolitanos y habían llegado a Chivilcoy, ahí se instalaron y allá nacimos los 13 hijos. Vivimos contentos, en una clase media más vale baja, pero donde no sobraba nada pero nunca faltó. Mi viejo trabajaba de sol a sol, mi mamá no sé esos milagros de las mujeres de antes, lavaba, planchaba, y uno iba al colegio con el guardapolvo blanco. Impecable. Cuando yo tenía 17 años falleció mi papá, cuando cumplí los 18 falleció mi mamá. Chivilcoy ahora es una gran ciudad y dejó de ser el pueblo que fue. En aquella ocasión iba a terminar siendo empleado de una tienda o algo así si me quedaba, entonces estudiaba dibujo. Entonces ya me vine a Buenos Aires, luché, con cuarenta pesos en el bolsillo, hice el servicio militar en el '40 que me sirvió de mucho. En el '41 empecé a trabajar en radio, primero como imitador solista, se llamaba La matinée de Juan Manuel y duraba tres horas a la tarde. Fue allí cuando me bautizaron porque mientras pasaban la tanda de avisos me preguntan cómo me llamaba. Cuando le dije mi nombre completo como era largo y complicado dijeron en el micrófono: "Y ahora señoras y señores, como de costumbre presentamos a una nueva figura... Délfor, el fantasista de la voz..." Desde ese día quedó marcado para siempre, pero es mi nombre verdadero.
LP - ¿Cuál era su rutina artística en esos tiempos?
D.D. Yo hacía -y sigo haciendo- imitaciones. Es un don que te da la naturaleza. Especialmente de los artistas más famosos de aquella época. En ese ínterin, de ese trabajo que hacía que te alcanzaba justo para vivir, conozco a quien hacía dibujos en publicidades para una empresa de remates muy importante que publicaba páginas enteras en los diarios. Este tipo desapareció un día. Yo alquilaba una habitación en Avenida de Mayo. Un vecino me dice: "¿Por qué no lo hacés vos"? Y le dije no... -imaginate que éramos tan diferentes, hoy te sacan los ojos si pueden- y el hombre llamaba desesperado pidiendo los dibujos de este tipo. Un día tuve que sacrificar lo que tenía para comer porque tuve que comprar cartulina, lapiceras, tinta china, pinceles e hice los dibujos.
Cuando llama le digo mire vino ayer el señor y dejó un sobre que lo tengo acá. Me pidió que se lo alcance, se lo llevé y cuando lo abre y los mira, me hizo caer como un chorlito porque me pregunta si yo era dibujante mientras los miraba. Cuando le dije que sí me responde: "Ah, ya me parecía, ese atorrante qué va a hacer estos dibujos!!!". Y a toda costa me llevó a la caja para que cobrara. ¿Sabés lo que cobré? Ochocientos pesos cuando un alquiler de varios ambientes costaba -muy caro- 30 pesos... Y me hace anotar, me abre las puertas de todo. Al poco tiempo estaba en pareja con una chica, nació mi hija, alquilé un departamento, y dibujaba con un muy buen ingreso mensual.
LP - Allí comienza a tener más presencia la radio en su vida...
D.D. - Empiezo en el año '41 en Radio Argentina, cuando estaba de moda el bolero, haciendo un programa distinto, con discos pero diferente que se llamó "Tango y bolero", era un contrapunto entre Juancito Monti que hacía tango y yo, el bolero. Duró diez años pero lo abandoné porque ya no podía. Dejé todo lo demás de Radio Argentina por La Revista Dislocada que me absorbió totalmente...
LP - ¿Cuándo empieza con La Revista Dislocada?
D.D. - La Dislocada empieza en Radio Argentina precisamente en el '52 pero fueron nada más que dos meses. Yo vi el asunto porque vino un representante que me quería programar en las salas cinematográficas. Le dije que hacía poco tiempo para que la gente vaya. Me propone una prueba en un cine de Flores y se llenó. Entonces le dije que iba a ser mi representante pero que había que empezar en una radio con cadena. Conseguí como auspiciante a Calzoncillos Ca-Si. Cuando voy con el aviso a la radio me dicen que no se puede decir "calzoncillos" por radio... ¡igual que ahora! Y ahí me valió saber dibujo porque estudié con la Cárcova, un italiano célebre, riguroso, obsesionado con la anatomía y la perfección. Me voy a dormir y no podía, pensando qué hacer con ese cliente que no me aceptaban... y encontré -inventé porque no existía- la palabra "anatómico". Y fui con cierta picardía porque esos calzoncillos eran también para mujer. Era la época de Divito y como tenían un elástico de quince centímetros las mujeres los usaban para afinar la cintura. Para convencer al cliente le propuse leerle a sus espaldas el aviso. Le leí el aviso de la mujer: "Exalta su figura... modela su físico..." y le gustó.
LP - Y sigue la Dislocada en radio...
D.D. - Mirá... el éxito de la Dislocada fue tan grande que en 1961, 1962, primero fue Radio Belgrano que pide conectarnos, entonces le digo que es exclusivo y aceptan hacerlo sin avisos de ellos. A los tres o cuatro días me llaman de Radio El Mundo y me ofrecen lo mismo. Veníamos saliendo siempre por la cadena de Splendid desde allí por las tres cadenas. Era como la cadena nacional que sólo tenía el presidente de la Nación. Fue inédito eso...
LP - ¿Cómo era el formato de La Revista Dislocada?
D.D. - Estaba armada con personajes. Lo mío fue la creación de los personajes. Todo iba con guión. Todo escrito. Hasta los avisos estaban incluidos en el texto. Los avisos los armaba yo e iban dentro del programa. Lo que hicimos con la publicidad fue tremendo. El programa fue una cosa de locos. Hubo una empresa que no daba abasto con la producción por el aumento de las ventas de su producto.
LP - Vamos a repasar los personajes...
D.D. - Y... fueron muchos... De los primeros hubo uno que se llamaba Victorio, un italiano, lo hacía Almirón. Su frase era: "Mire que mi hermano me lo contó eh???...". Después Osvaldo Canónico, un actor tremendo que murió muy joven. Hacía un personaje con Calígula... eran las llamadas telefónicas... La frase de Julio De Grazia cuando contaba películas era "tatán... tatán...".
LP - ¿Otros programas?
D.D. - En Radio Argentina tenía La Tropilla de Huachi Pampa, hasta que se van Antonio Tormo y Buenaventura Luna. Iba de lunes a viernes al mediodía. Y pasó a llamarse "Un alto en la huella" cuando ellos no estaban. Lo conducía Miguel Franco. Fue hasta el '54 cuando empecé a trabajar todas las noches en los teatros y no podía más. Le dejé el programa a Miguel Franco. Llegamos a tener ocho horas diarias en Radio Argentina: la matinée de tres horas, los sábados íbamos de ocho a once cuando empezaban los bailables.
LP - ¿Quiénes pasaron por La Dislocada que después fueron muy famosos?
D.D. - Empecemos desde el comienzo: Osvaldo Canónico, Carlos Balá, Noemí Lasserre, Rosalía Blanco, Anita Almada, Guido Gorgatti, Hilda Viñas, Chela Ruíz, Julio De Grazia, Nelly Beltrán, Jorge Porcel, ¡¡¡y Raúl Rossi!!!, para mí el mejor actor argentino.
LP - Las frases que se hicieron célebres desde el programa y se empezaron a usar en el habla popular...
D.D. - Y bueno... la que me costó el exilio fue "Deben ser los gorilas..." y que no tuvo nada que ver con lo que después dijeron. Antes había un héroe, ahora hay miles, antes era Tarzán. Entonces hacíamos las aventuras de Tarzán, con las caravanas que se hacían en la selva, en parodia. El tema recurrente del científico de la expedición era el cementerio de los elefantes, por los marfiles... siempre eso... entonces un día se me ocurrió... en vez de la mona Chita, puse a los gorilas... Se escuchaba un ruido, yo preguntaba "¿qué fue eso?" y Almirón -que fue elegido entre todo el elenco especialmente para decirlo, porque hasta yo probé la voz- y fue un acierto en él decía: "Deben ser los gorilas...". Estaba tres veces en el libreto y la segunda vez hubo sonrisas, en la tercera, más risas... le digo a Almirón "te voy a tirar una silla y agregamos lo mismo dale...". Termina el diálogo de dos de los personajes, tiro la silla y lo vuelve a decir. Así se instaló en la gente esa frase. Hicimos la canción. Y fijate que me prohíben veinte años después... Fue la gente la que asoció la palabra y estaban escritas las paredes... no fuimos nosotros. Cuando consulté en la casa de gobierno me negaron estar en listas negras, pero la realidad era que no podía trabajar. Estuve cinco años sin salir a la calle, y con la amnistía del Mundial 78 me voy a Perú donde estaba mi hija. Fui por veinte días y me quedé diez años. Después fui a México. Volví hace cinco años.
LP - ¿Qué hizo en su regreso a la Argentina?
D.D. - Los primeros tiempos me entretuve viendo espectáculos, viendo qué hacer, después empecé a pensar seriamente en algunos proyectos. Viajé mucho... escribí... Se me ocurrió sacar la revista y eso me lleva tiempo, tengo que dibujar, escribir, ir a la imprenta...
LP - Si tuviera la posibilidad de regresar a los medios, ¿tiene algún proyecto preparado?
D.D. - Tengo diez ideas para hacer, con títulos y todo, pero nuevas, nuevas.
LP - ¿Qué nos falta a los argentinos para ser un poco más felices y vivir mejor?
D.D. - Volver a las costumbres de una vez. No estoy en contra de los norteamericanos pero lo de ellos es borracheras, drogas. Yo llegué a los 89 en un ambiente donde la droga está por todos lados.
LP - Un mensaje para los que lo escucharon alguna vez por radio.
D.D. - Ya que el recuerdo que ellos tienen de mí es tan lindo, tratar de responderles de alguna manera. Solamente ansío que me den la oportunidad de una radio que sea importante. Estoy en eso y a lo mejor sirva de ejemplo para retomar aquel viejo camino. Para los que no me conocieron que les pregunten a sus padres o a sus abuelos...
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