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Rafaela y su gente
Vicente Dómina
Por Javier Alfonso (Redacción LA OPINION). - Nuestro entrevistado de
hoy se llama Vicente Dómina y es muy conocido por muchos ya que es el
propietario de la Librería "El Saber", ubicada en calle Sarmiento que
acaba de cumplir 50 años y que fue la fuente de búsqueda intelectual,
información y lectura de varias generaciones de rafaelinos.
UN TIEMPO ATRAS
Comenzó diciendo Vicente que nació en Rafaela hace 74 años -más
precisamente el 30 de septiembre de 1935-, hijo de Pedro Dómina y
Adelaida Frengüelli, tuvo un solo hermano -Ricardo- quien vivía en la
provincia de Mendoza y falleció en junio de 2009. "Mi casa paterna es
la misma casa donde está la librería actualmente. Yo vivía en la planta
alta que hoy ya no me pertenece", indicó. Y adentrándose en los recuerdos precisó que "he visto la Rafaela de cuando las calles de piso firme
eran sólo de empedrado, ese empedrado que hoy está discutido, pero que
en realidad es como un hijo que no se cuidó ni se mantuvo y que
entonces molesta. El radio empedrado era muy pequeño y entonces a las
pocas cuadras ya estábamos en calles de tierra.
"Esa Rafaela tenía calles de dos manos donde de vez en cuando pasaba
algún vehículo y entonces se jugaba a la pelota sin peligros. El
comercio bajaba las persianas el sábado al mediodía y no las abría
hasta llegado el lunes. La infancia fue normal, gratificante, con
buenos amigos, con una buena escuela -fui a la Alberdi- donde tuve una
maestra excepcional que se llamaba Susana Barr.
"Comencé luego el ciclo del Magisterio en la Escuela Normal donde me
recibí de Maestro a los 17 años. Al año siguiente fui a dar clases al
campo, a una escuela rural pequeña ubicada entre Angélica y San Vicente
en cercanías de la ruta 34 -en aquel tiempo de tierra- donde la
cantidad de alumnos rondaba entre 18 y 22. Eso fue entre 1953 y 54, yo
era personal único y tenía todos los grados", recordó. "Cuando llovía -
en aquel entonces existía la fábrica de manteca «Las Colonias»- tenían
un camión que pasaba por las cremerías y el camionero me acercaba a la
escuela aun cuando había mucho barro", memora Vicente.
"Hoy esto se plantea como un hecho curioso, si se lo ve con la visión
devaluada que tiene la sociedad del maestro; y de la exaltación que hay
en la conducta del niño y del adolescente. Es notable que yo siendo
prácticamente un «mocoso» pero siendo maestro, recibía por parte de
todos un tratamiento de «señor» con el mismo respeto que se le tenía al
comisario o al médico del pueblo. Había mucho respeto y ese trato hasta
«le quedaba grande» a uno", añora con humildad.
Continuando con su historia, Vicente dijo que "antes de imaginar la
librería necesariamente tengo que hacer una alusión a la política. En
los años 53 y 54 se nos presionaba a los docentes para que nos
afiliáramos al oficialismo que era el peronismo. Como yo no compartía
esa postura ideológica intenté conseguir trabajo para irme de la
Escuela, y esto me resultaba problemático porque no me faltaba mucho
tiempo para hacer el servicio militar. Finalmente logré anticiparlo un
año por ser estudiante de Derecho -empecé a estudiar «libre» Abogacía-
y por tener las condiciones de tiro rendidas. Me toca justo el año 1955
en el Regimiento XII de Santa Fe, cuando hubo una «guerra civil» con la
caída de Perón. Por esas ironías del destino mi Regimiento defendía a
Perón que era un gobierno constitucional legítimamente constituido",
recordó.
IMAGINANDO "EL SABER"
Retomando la historia de la librería don Vicente dijo que "El Saber
nace por una casualidad. Yo tenía unos 23 años, trabajaba en el Centro
de Empleados de Comercio y en casa de un amigo conocí a un viajante de
libros que visitaba escuelas y profesionales, de nombre Miguel González
que venía de Las Rosas y comenzó a recorrer esta región. Lo conocí y
tuvimos mucha afinidad. Por ese entonces mi padre que era sastre se
jubiló y la sastrería ocupaba una parte de lo que hoy es la librería.
"Así fue que con González proyectamos abrir la librería, donde él tuvo
un papel esencial ya que fue la llave que nos abrió las puertas de las
editoriales. Así nació El Saber un 1 de diciembre de 1959, con la
intención -más que de fundar un comercio exitoso- de crear un espacio
de encuentro de la gente con inquietudes donde se pudiese dialogar y
pensar libremente sobre temas importantes, y que a la vez fuese un
lugar de lectura gratuita -y que lo es hasta el día de hoy-. Por ese
entonces no había una librería exclusivamente de libros y la sociedad
rafaelina la necesitaba.
"La librería me dio grandes amigos -prosigue Dómina-. Por ella conocí a
Fortunato Nari, Angel Balzarino, Elda Massoni, -a Lermo Balbi ya lo
conocía de la Escuela Normal-, Mario Vecchioli. Estuvimos muy
conectados con el Centro Ciudad de Rafaela, inclusive llegué a integrar
la comisión directiva cuando todavía vivía B. Juan Lasserre, justamente
en la época en que se construía el teatro. Pude conocer también
escritores famosos como Beatriz Guido, Eduardo Gudiño Kieffer, Aarón
Cupit, Iris Rivera, Adela Basch; un crítico de arte como Rafael
Squirru, que disertó en Rafaela cuando El Saber cumplió 20 años",
recordó.
EL "HOY"
Volviendo a la actualidad y a su vida más íntima don Vicente comentó
que de joven se casó con Hedelbeys Flosi -con la cual comparte 50 años
de casados- y que fruto de su matrimonio tuvo dos hijos. Su hija Sonia
continúa la actividad en la librería, mientras que su hijo Germán es
médico pediatra en Santa Fe.
Remitiéndonos otra vez a la librería, don Vicente también quiso
destacar la relación con Cristina Peretti con quien se gestó "La Hora
del Cuento" en El Saber, que se realiza los días sábados a las 17:30
horas donde gratuitamente asisten entre 20 y 30 chicos que van a
escuchar los relatos de Cristina y a participar de los juegos que
propone.
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